4ª de Valdemorillo (Madrid). ¡Que salude el mayoral¡

Plaza de toros de Valdemorillo. Domingo, 7 de Febrero de 2010. Cuarta de feria. Tres cuartos de plaza. Seis “novillejos” y un sobrero impresentable de Antonio San Román, un completo muestrario de todos los defectos que puede tener un toro, de la invalidez a la guasa, de la mansedumbre  al descastamiento. Un horror. Curro Díaz (de guinda y oro: Silencio y una oreja. Luis Bolívar (de corinto y oro): Saludos desde el tercio y silencio. Miguel Tendero (de buganvilla y oro): Silencio y saludos desde el tercio.

 

¡Hay que ver lo malas que salen las ganaderías surgidas del ladrillo! Y es que para ser un buen ganadero no basta con tener dinero. Hay que atesorar grandes conocimientos y mucha humildad, virtudes no habituales en las gentes del pelotazo. Un aspecto positivo de la crisis va a ser que va a llevarse por delante muchas ganaderías mediocres formadas con desechos. Buena limpia va a haber en el campo y solo sobrevivirán los buenos ganaderos. Lo que, repito, será bueno para la fiesta. Pero a pesar del mal juego de los toros, los matadores, en general, cumplieron con su cometido y en algunos momentos hasta estuvieron lucidos.

 

Curro Díaz lanceó con sabor a su primero, hizo un intento de quite con dos chicuelinas muy pintureras y sufrió un aparatoso revolcón al iniciar el trasteo de muleta. El toro tenía mucha guasa y mucho sentido por el pitón derecho. Díaz no se amilanó y robó al toro buenos naturales, pues solo podía ponerse por el pitón izquierdo. Por el derecho el toro era un asesino. También tuvieron usía las trincherillas del final, tan del gusto de Curro Díaz. Vimos al de Linares muy dispuesto y entregado. A ver si por fin este es su año. Mató mal al toro, pero es que con ese criminal pitón derecho, a ver quien era el guapo que se iba derecho tras el estoque. El cuarto era una sardina que embestía de mala gana y sin clase. Díaz le robó naturales de gran belleza. Los pases de pecho también tuvieron calidad. Después de una estocada corta, se llevó una oreja. Este es un diestro de una clase extraordinaria que siempre deja algo bello, incluso en las peores tardes.

 

Bolívar sacó buenos pases a un toro manso y con querencia a tablas. Hubo muletazos largos y templados, pero con la intermitencia que provocaba el empuje del toro hacia los adentros.  El quinto fue un chivo que estuvo siempre huyendo de la pelea. El picador Luis Miguel Leiro le dejó un puyazo en su sitio, detalle que conviene consignar porque es muy poco habitual. Bolívar no se dio coba con el manso huido: lo mató rápidamente. No quiso atacar ni exponer. Es un torero abúlico y hace mal, porque aun no es una figura que pueda permitirse tales lujos.

 

Tendero vio como devolvían a su primero con un par de banderillas, pues era un auténtico flan. Pero el sobrero era peor, una cucaracha indecorosa, tan inválida como el titular. El público, enfadado y con razón, ignoró la templada labor de Tendero. El sexto, que fue el menos anovillado, también fue el menos malo. Aun con un cierto calamocheo, seguía la muleta. Tendero construyó una bonita faena de series bien ligadas, donde brilló sobre todo el temple, una de sus principales cualidades. Yo no sé cual es la pedagogía que se imparte en Albacete, pero forma unos toreros de gran técnica y prodigioso temple. Albacete es una cantera inagotable de buenos toreros. Lástima que Tendero emborronara con la espada un legítimo triunfo.

 

Cuando arrastraban al sexto, un castizo que estaba a mi lado exclamó: “¡Qué salude el mayoral¡”. Efectivamente, lo mejor será tomarlo con ironía y buen humor.

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