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El Juli y Enrique Ponce los mejores en el festival de Club Taurino de Bilbao

EFE y Toromadia

El Juli se llevó el festival y el Club Taurino recuperó la historia

Volvía a Bilbao el tradicional y emblemático festival del Club Taurino de la capital vizcaína después de diez años sin celebrarse. Un espectáculo, que este año ha cumplido su 64 edición, de gran arraigo en la ciudad, y en el que siempre han tomado parte las principales figuras de cada época desde que se fundara allá por el año 1933 para ayudar económicamente a la Real Casa de Misericordia.

Y haciendo honor al tronío que siempre tuvo, en el coso de Vista Alegre se concitaron este viernes una nutrida representación de toreros de primer nivel como Enrique Ponce, Morante de la Puebla, El Juli y el peruano Roca Rey, con prólogo y epílogo del veterano Pepe Luis Vázquez y el novillero Antonio Catalán “Toñete”, respectivamente.

La media entrada larga que hubo en los tendidos (unos 7.000 espectadores) fue ya todo en éxito teniendo en cuenta la tibia respuesta de público en las Corridas Generales de los últimos años, y todo al reclamo de las figuras y, también, para volver a dar esplendor de un festival tan señero a nivel nacional.

Luego, en lo artístico, la tarde tuvo dos nombres que sobresalieron por encima de los demás: El Juli y “Flamenco”, un extraordinario utrero de Garcigrande premiado con los honores póstumos de la vuelta al ruedo.

El Juli, por chicuelinas

Ambos conformaron un tándem perfecto, uno, el novillo, por la bravura y la excelsa calidad que evidenció por los dos pitones, y otro, el torero, por lo bien que lo entendió para instrumentar una obra grande, de mucha intensidad, ritmo y emoción, de toreo largo, templado y por abajo, muy rotundo de principio a fin.

Resultado de imagen de El Juli, dos orejas en el festival de Bilbao

Espadazo al primer envite y dos orejas sin discusión para el Juli, que paseó después de que “Flamenco” recorriera el perímetro del coso bilbaíno entre aplausos del respetable.

También caló hondo la bella faena de Ponce al buen ejemplar de Domingo Hernández que hizo segundo, al que cortó una oreja que pudieron ser dos si mata al primer envite.

Enrique mostró el extraordinario momento que atraviesa nada más abrirse de capa. Muy bien a la verónica y cierre con medias de cartel de toros. También brilló en el quite posterior al encuentro del toro con el caballo. Cuajado, por tanto, su oponente ya en el primer tercio.

Con la muleta fue todo un recital. Ponce se dejó llevar por la inspiración y explicó una vez más que el torero brota del alma, que es puro sentimiento. Lo fue en sus manos en una faena plena de ligazón y temple, cuajada con la derecha y al natural y salpicada de genialidades como excelentes cambios de mano, pases de pecho afarolados ligados al remate… Un compendio de la mejor tauromaquia poncista, la más artista y mejor del momento como queda demostrado en recientes triunfos.

También gustaron los detalles exquisitos de Morante con el sobrero de Garcigrande lidiado en tercer lugar, y que sustituyó a un inválido de Zalduendo al que el propio espada sevillano tuvo que estoquear una vez devuelto ante la imposibilidad de devolverlo a los corrales.

Morante paseó un trofeo, como también lo hizo el peruano Roca Rey del quinto, de Domingo Hernández, merced a una faena que aunó frescura y valor a partes iguales.

Pepe Luis Vázquez, por su parte, no se dio coba con el deslucido “zalduendo” que abrió tarde, y con el que fue silenciado, y el novillero Toñete cumplió con voluntad y buena actitud ante un manejable “zalduendo” al que acabó pinchando en la suerte suprema.

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