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Última de San Isidro en Madrid. La miurada menos miurada que nadie pudo imaginar

Mal y desigualmente presentada, carente de las características que la dieron fama y diezmada con dos sobreros que debieron ser tres o cuatro por lo derrengados que se mostraron la mayoría de los titulares, el festejo resultó tan aburrido como decepcionante. Eduardo Dávila Miura que reapareció para homenajear a la ganadería de su familia en el 175 aniversario que este año cumplió en Madrid, no pudo matar ninguno de los de su lote miureño por lo que le cupo afrontar un toro de Buenavista apenas lucido por el lado derecho y otro, bravo y muy noble, de El Ventorrillo. Ambos, por cierto, con bastante más trapío que los de la mítica divisa y sin poder dar la talla que pretendió baldíamente. Rafaelillo cumplió como buenamente pudo con los suyos a costa de resultar herido por el cuarto de la tarde. Y sin opciones Rubén Pinar.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Domingo 11 de junio de 2017. Trigésimo segunda y última de feria. Tarde de calor sofocante con casi lleno.

Cuatro toros de Miura, desigualmente presentados y por bajo del trapío que caracteriza la morfología de estas reses. Dieron mal juego por blandos y sosos cuando no extrañamente pastueños y a menos o parados. Un sobrero de Buenavista en sustitución del segundo, muy bien presentado, noblón aunque deslucido por su poca fuerza. Y otro sobrero, asimismo bien presentado, bravo y noble que reemplazó al devuelto quinto.

Rafaelillo (mahón y oro): Estocada corta y dos descabellos, silencio. Media estocada caída y trasera, ovación con saludos. Pasó a la enfermería donde le apreciaron y curaron de un puntazo en el muslo y de otro en la axila.

Eduardo Dávila Miura (esmeralda y oro): Pinchazo hondo y estocada trasera desprendida de rápidos efectos, silencio. Pinchazo y casi entera trasera, división al saludar.

Rubén Pinar (añil y oro): Pinchazo en los bajos, otro hondo y estocada, silencio. Estocada y cuatro descabellos, silencio.

Tanto en la brega como en banderillas, destacó Miguel Martin.

El público obligó a Eduardo Dávila Miura para que saludara una vez terminado el paseíllo, compartiendo la ovación con sus compañeros de terna.  Fue por el gesto de reaparecer nada menos que en Las Ventas para homenajear a la ganadería de su familia en su 175 aniversario en Madrid. Ya lo había hecho por parecidas razones en Sevilla y en Pamplona. Lo que ni Eduardo ni nadie pudieron imaginar fue que no pudo matar ninguno de los toros de su lote y aún menos que la corrida miureña resultara un completo fiasco. En la muy lamentable decepción, tampoco Eduardo pudo sacarse la espina que, según había declarado en los medios, tenía clavada por no haber podido triunfar nunca en Las Ventas. Por lo que hizo o no logró hacer con los dos sobreros, especialmente con el estupendo de El Ventorrillo, la espina continuará clavada. Eduardo no salió tan preparado como evidenció hace años en Sevilla. Su comparecencia en la primera plaza del mundo le vino muy grande y, la verdad sea dicha, aunque quiso mucho con el mejor de los sobreros, no dio el paso adelante ni se puso donde debió ponerse para torear como exigió el de El Ventorrillo al que, por cierto, intentaron demolerlo en varas a provechando su bravura. Ya había mostrado su falta de sitio al saludar con el capote a sus dos oponentes. Por ello, Eduardo no debió salir a saludar tras matar al quinto. El atrevimiento lo pagó caro con bastantes más pitos que palmas.

El mejor y el peor librado por la cogida que sufrió en la faena al cuarto toro fue Rafaelillo. Tantas veces ducho en estas lides frente a los toros de la mítica divisa, se tropezó con dos animales que poco o nada tuvieron que ver con los que había triunfado casi siempre. El primer toro resultó sosísimo en su tardona manejabilidad. Y el cuarto, otro extrañamente pastueño además de manso en el caballo, terminó cogiéndole accidentalmente. Momento que Rafaelillo aprovechó para teatralizar actitudes heroicas que convencieron a gran parte de la parroquia hasta que el animal se echó antes de que entrara a matar. La jodimos, pues, señá Dolores…

Sin ninguna suerte ni el menor resquicio medió y cerró la tarde el manchego Rubén Pinar con los dos “miuras” de su lote que, por evidentemente inválidos, también debieron ser devueltos a los corrales.

La gente salió echando pestes del tan lamentable espectáculo que cerró la parte torista de esta interminable feria a la que aún le faltan muy atrayentes postres en el fin de la semana que hoy comienza: La Corrida de la Beneficencia que presidirá el Rey Don Felipe VI – ya era hora Majestad – y la llamada de La Cultura en la que Ginés Marín ocupará  el puesto que había quedado libre. Muy merecido lo tenía quien acaba de ser señalado como el triunfador de la feria isidril de 2017.                  

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

6 Resultados

  1. Juan jose dice:

    Que VERGÜENZA de Miura, ni presencia ni fuerza ni casta, una autentica basura. Ah, bueno, que toreaba su sobrino, tan preparado lo querían traer que todos hicieron el ridículo. Dávila Miura, ¿este es el que da clases de toreo? pero si no sabe torear. Y lo de Rafaelillo patético. Se puso valiente con un toro moribundo. Venga ya, a engañar a los pueblos.

  2. joselito dice:

    Pues efectivamente, la corrida que mandó Miura fue tal petardo que incluso la presentación dejó muchísimo que desear y algunos toros nunca debieron salir en una plaza como Madrid. Faltos de raza y sobre todo de fuerzas aunque a algunos de ellos les dieron “cera” en el caballo y además con la puya mal colocada, que hace más “pupa”. Pero fíjense que incluso siendo descastada y floja, no fueron el “torito obediente” de todos los días, poniendo en aprietos a los banderilleros e incluso mandando a Rafaelillo a la enfermería (con un percance leve, afortunadamente). Esto es y ha sido Miura y tampoco me parecería justo que ahora crucificásemos a una ganadería que le ha dado gloria al Toreo durante 175 años y ha emocionado a nuestros antepasados desde hace varias generaciones, que nos ha emocionado a nosotros siendo niños. Que fue un petardo, pues sí, la verdad. Pero en la genética de Miura, está el manso encastado, la alimaña y a veces, también el toro que mete bien la cara pero ay como te descuides… Y ese te sube al cielo. Lo que era innimaginable, hasta hace unos años, es el toro de Miura sin fuerzas y con la lengua fuera. Que curioso que desde que esta ganadería saca casi todos los toros cárdenos, cada vez le salen más toreables pero tienen menos fuerza ¿Acaso han eliminado algo de lo “anterior” que daba un toro menos toreable pero con un motor y un genio del demonio? Y es que me llama la atención que en Miura ya no hay variedad de capas. ¿Donde están aquellos coloraos, castaños, negros, burracos, sardos… que sacaba Miura en cada corrida? ¿Porqué ahora todos son cárdenos? ¿Qué le han hecho a esta ganadería?

  3. joselito dice:

    Pues no había caído pero Juan José, probablemente haya dado la clave. ¿A ver si la corridita en cuestión estaba preparada a modo para que se luciera el sobrino?

  4. juan jose dice:

    No te quepa duda Joselito, justita de todo para que no le complique la vida al niño, pero salio el tiro por la culata,

  5. Oscar dice:

    Sería preocupante que los toros de ayer sean el nuevo estándar de Miura… Pero no lo creo, más bien pienso que se buscó una corrida fácil y manejable (dentro del encaste).Siendo el promedio de peso de Miura 600 kilos, y común ver toros de hasta 700 kilos, sorprende que ayer todos estuvieran en un rango de peso por debajo del promedio. Algunos salieron gordos y fuera de tipo, otros justitos de fuerza y dóciles ( como el primero de Rafaelillo). Extraordinario por los dos pitones el toro de El Ventorrillo que en segundo chance le toca a Dávila Miura. Para solo torear una vez al año, estuvo más que digno y solvente pues el toro era un Tío. Creo que varias noveles figuras del escalafón hubieran pasado susto con aquel.

  6. Vidal Smith Garcia dice:

    Alguna vez comenté aquí mismo que fui testigo de una tertulia de varios profesionales y aficionados con José Antonio Campuzano y Gabriel de la Casa en la que, hablando de Miura, JAC dijo más o menos esto: “una mañana me llama Eduadro Miura y me dice que vaya a Zahariche SOLO, que me iba a echar unas vacas, le digo que en cuanto consiga a alguien que me ayude iría enseguida para allá pero insistió con firmeza que vaya solo. Nunca he disfrutado tanto como lo hice aquel día de la nobleza increible de aquellas vacas”… Conclusión, saben muy bien lo que tienen, cuando, cómo y a QUIEN se lo echan. Las gestas en semejante escenario, deben al menos parecerlo.

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