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Enrique Ponce, el toreo ético

Desde hace tiempo hay un enfrentamiento entre dos modos de entender el toreo: El de Enrique Ponce, dicho repetidas veces por él, y el de José Tomás, dicho –mejor, escrito, por sus hagiógrafos (él habla poco)-. Estos dos modos o conceptos son estos:

El de Ponce (expresado públicamente por él el 10 de Julio en una conferencia en la Universidad Católica de Valencia):

“Lo más difícil de torear es, como he dicho, torear y que no te coja. Que eso es lo más difícil. ¡Que te coja es lo más fácil! Porque cualquiera que se ponga delante de un toro lo normal es que lo coja. Entonces…¡Oye, a mí me ha cogido! Pero yo no trato de que me coja. Yo trato de torear, yo trato de hacer el toreo, yo trato de sentirlo, de gustarme, de que el toro pase por delante de mí y que vaya hasta donde yo lo quiero llevar. Y hasta donde vaya. Y repetir. Y que pase cuarenta veces. Eso es lo que yo interpreto que es el toreo”.

“Hay veces, oye, que hay que apostar más y que de repente con un toro en el que tú dices: ¡no sé si va a pasar! que también me ha pasado a mí eso. Es decir: Bueno, yo se la voy a poner aquí, a ver qué pasa. A ver si pasa o no pasa. A lo mejor no pasa. Pero quiero decir: ¡Que si yo veo que el toro me va a coger, que yo me quito!. ¡Que yo no me quedo para que me coja!”.

El concepto del toreo de José Tomás, radicalmente contrapuesto al de Enrique Ponce, dicen sus hagiógrafos que el riesgo de la cogida está plenamente asumido. Sin embargo, lo que se busca no es provocar el percance sino explorar el límite hasta el que se puede obligar al toro. Un objetivo muy complicado y difícil (nada fácil) y donde el albur de la cornada está siempre presente.

El asunto surge cuando al concepto de toreo de Tomás se le conceptúa como Toreo Ético (por tanto el de Ponce no lo es; se pretende que sea un engaño). El presente artículo trata de aclarar ese concepto.

Empecemos:

José Tomás tiene algo de monje del toreo. Se diría que su estar en los ruedos asume el peso de todos los toreros que le precedieron. Se sabe portador de una estética heredada y por él renovada. Y siente que ser torero es un compromiso ético asumido en el ruedo frente al toro -hay que torearle con honor- y no contradecirlo en la vida. (Arévalo, J.C. La Tauromaquia de José Tomás, pág. 138. Editorial Campo Bravo S.L.).

En ningún párrafo de su artículo, La Clave Torera de José Tomás, explica qué entiende por ética. Eso sí, sin definir lo que es ética, insulta a los demás toreros en la 135:

Tan inusitado compromiso artístico convierte cada corrida en la única corrida, no en una corrida más entre las centenares de ellas que se celebran cada temporada, sino en la corrida definitiva. Y como así son, más allá de sus mayores o menores logros artísticos, todas las toreadas por José Tomás, la gente agota las entradas con mucha anticipación, los cosos se llenan a reventar y el público ocupa sus asientos poseído por una incandescente emoción. Es el triunfo del arte irrepetible, del prestigio trágico, de la corrida iluminada sobre la corrida banal, sobre el consumismo previsible.

Otro de sus más sacrificados hagiógrafos, Santi Ortiz, es peor aún porque de él si conocemos que entiende por Ética, aunque como veremos no llega a definirla.

Dice:

Su valor histórico comienza restaurando: rescatando del extrañamiento una serie de valores que tenía postergados la realidad del toreo vigente a su llegada: restaura la pureza denunciando con ella la prostitución que sufre el toreo por exceso de técnica: rescata el pase natural del ostracismo en el que lo confina la época más derechista de la historia; reivindica el respeto al rito ante la trivialización que sufre el espectáculo e impone la ética de la autenticidad ante la dictadura falaz de la apariencia. (Ortiz, Santi (2008). El retorno de La Estatua, pág. 26. Editorial Campo Bravo S.L.).

Continúa el desprecio emprendido por Arévalo a los demás toreros: los otros no son puros, ni auténticos, ni éticos –como siempre no define ninguno de los conceptos o criterios que emplea: pureza, autenticidad y ética-, lo que si hace con descaro es llamarlos prostituidos.

Y no para… No. En el retorno de La Estatua sigue repartiendo estopa:

Su ética choca demasiado estrepitosamente contra lo que hace décadas nos vienen ofertando como deseable para que, en el mejor de los casos, su manera de obrar no cause confusión. (pág. 34).

En la página 43 los llama ventajistas:

Ante todos se impone, tenaz e incorruptible, la ética de su código: hay que tratar a todos como si fueran buenos, tal que sus embestidas fueran dulces y claras. Es esa la quimera que preside sus sueños, y en darle realidad presta brazo y coraje, que no es cosa de heroicos caballeros andantes abandonar camino para buscar ventajas en atajos y trochas.

Así podríamos seguir por todas las páginas del libro donde se impone –o trata de imponer- la teoría del toreo de José Tomas como el toreo ético sin encontrar una sola definición de lo que es ética.

Pero, este año 2017, Santi Ortiz publica, El toreo frente al mundo,  donde dedica 4 Capítulos a la Ética (El toreo y su ética) y 33 páginas –desde la 58 a la 91- para seguir sin definir lo que es Ética, aunque da pistas.

El Capítulo I lo dedica a como deben ser las relaciones del hombre con los animales. En la página 59 dice:

En cualquier caso, el asunto es complejo, pues, si ya de suyo son confusas las reglas que deben orientar las relaciones humana mucho más han de serlo las que regulan nuestro trato con los animales. No obstante, dilucidar esta cuestión resulta de capital importancia para establecer cuáles son nuestras obligaciones éticas con el resto del mundo animal.

Tras 7 páginas parece ser que la Ética en que se basa esa relación  es la obligación de tratarlo de acuerdo a su condición de bravo (según él una nueva especie de la selección, la cultural).

El Capítulo II (páginas 66 a 72) lo dedica a analizar como debe ser el trato del hombre –el torero- al toro en la arena. En la página 67 dice:

El toro es un animal que va a morir combatiendo y al que, por ello, se le presta el respeto debido a lo largo y ancho de su vida –en el campo y en la plaza- y en su muerte. Para tener el derecho de torearlo y matarlo, el torero ha de asumir el riesgo de que, en el transcurso de la lidia, el toro pueda cogerlo, herirlo o matarlo también. Toda la ética de la lidia va encaminada a favorecer ese respeto.

O sea, en el toreo, Ética es tener el respeto debido al toro que, según él, es que el torero asuma el riesgo de que el toro lo pueda matar.

Claro, y esa ética, esa sensación de peligro solo la ofrece José Tomas, el que reivindica el respeto al rito ante la trivialización que sufre el espectáculo e impone la ética de la autenticidad ante la dictadura falaz de la apariencia. O en palabras de Arévalo: Se sabe portador de una estética heredada y por él renovada. Y siente que ser torero es un compromiso ético asumido en el ruedo frente al toro -hay que torearle con honor- y no contradecirlo en la vida.

Y hasta aquí aún no sabemos cual es el concepto de Ética de estos destacados hagiógrafos de José Tomas –la lista se haría interminable- pero ninguno de ellos explica ninguno de los términos con los que atacan a los otros toreros para engrandecer a José Tomás.

Lo que sí está claro es que el concepto de Ética manejado por Arévalo y Ortiz, suponiendo para aclararnos que manejen alguno,  es puramente metafísico que ninguno define que es la ética, que son los valores y así con toda la retahíla de palabras que ahora gozan de gran prestigio (pureza, profundidad, verdad…). Cuándo hablan de Ética no se sabe de qué hablan; ¿A qué valores éticos se refieren?

La Ética de la que hablan está claro que se relaciona con el bien y la conciencia, que son las fuerzas que obligan a ser ético. Se dice: “Obrar éticamente es obrar buscando el bien”; pero el bien de unos puede ser el mal para otros) y “La Ética es obrar según la conciencia de cada cual”, pero ambos son conceptos puramente psicológicos, dependen de lo que digan Arévalo, Ortiz o cualquiera de nosotros; así, la conciencia de los ciudadanos alemanes les llevó a votar a Hitler y la conciencia de Hitler le llevó a matar judíos. Las conciencias subjetivas, ni aún para alabar a José Tomás, son un criterio de verdad).

Yo, para demostrar mi Teoría de qué es la Ética en el Toreo, voy a partir de un concepto, un criterio objetivo de Ética, la del Materialismo Filosófico del profesor Dº Gustavo Bueno (Sobre los toros: https://www.youtube.com/watch?v=-2FMR8ij71w; El sentido de la vida, seis lecturas de filosofía moral: http://fgbueno.es/gbm/gb96sv.htm).

Esta teoría no se basa en la norma, en el origen o fuerza de obligar meramente subjetivo o psicológico (el bien o la conciencia) sino que se basa en el objeto de esa norma que se corresponde con la etimología de Ética y Moral: La Ética se refiere al individuo y la Moral al grupo al que pertenece el individuo (mor, mores, grupo).

Así, DEFINIMOS, con mayúscula porque aquí hay una definición, Ética como el conjunto de normas que tiene por objeto salvaguardar, fortalecer y preservar la vida de los individuos corpóreos y Moral el conjunto de normas que tiene por objeto salvaguardar, fortalecer y preservar la vida del grupo al que pertenece el individuo como tal grupo.

Un ejemplo claro y actual: acoger a los exilados sirios que huyen de la guerra será ético porque se trata de salvaguardar, fortalecer y preservar la vida corpórea de cada individuo, pero si su número pone en peligro la nación que los acoge entonces lo moral será no acogerlos. En general las normas éticas y Morales coinciden pero muchas veces están en conflicto.

Lo que está claro con esta definición es que la ética y la moral van referidas, desde luego, al campo antropológico, al de las personas y no meramente al etológico, aunque éste esté muy involucrado con aquél. Pero mientras que el término ética queda circunscrito a la conducta de los sujetos humanos individuales (y a los valores y contravalores que envuelven a esa conducta), el término moral (así como los valores y contravalores morales) se reserva para los grupos humanos, y no ya considerados en abstracto, sino en la medida en la cual estos grupos están enfrentados con otros.

Vamos al meollo de la Teoría sobre la Ética en el Toreo  para ello vamos a tomar como referencia a tratar brevemente de las corridas de toros desde la diferencia entre acción y producción de Aristóteles (o desde el agere y facere de los escolásticos) y ello porque otro de los argumentos de la polémica, utilizado tanto por taurinos como por antitaurinos, es el de si las corridas de toros son o no son una expresión artística.

Las ciencias especulativas versan sobre lo especulable; las ciencias prácticas, sobre lo operable. Las dos especies de lo operable determinan dos modos de conocimiento práctico. Lo operable, en efecto, puede ser factible o agible. “Factible” es lo que se puede hacer, en tanto que técnicamente calificable. La actividad del arquitecto, por ejemplo, puede calificarse técnicamente de buena o mala. “Agible”, en cambio, es la actividad que puede ser calificada de una manera moral. Aunque el arquitecto cumpla bien su oficio, su intención puede ser mala. En un sentido estricto, se conviene en llamar arte al conocimiento de lo operable en tanto que factible; denominándose, en cambio, prudencia al conocimiento de lo agible en cuanto tal.

Termino; ya hay un nexo de unión entre preservar la vida corpórea o Ética y el arte que se da en la corrida de toros: lo agible y lo factible (la técnica).

Tomo prestado el razonamiento de José María Lahoz en su artículo Las corridas de toros y los derechos de los animales (http://www.nodulo.org/ec/2010/n100p16.htm): Tanto lo agible como lo factible son instituciones reguladas por normas operatorias (se siguen normas técnicas para construir un puente o para componer un soneto o para tratar a un paciente; o normas éticas para tomar una decisión y actuar ante un dilema), es decir, lo agible y lo factible confluyen en algunos casos (la Medicina es la profesión técnica o factible pues, utiliza técnicas para diagnosticar y curar; pero hace uso de la prudencia, entendida como deliberación y decisión, de la acción a realizar y protege la vida humana y por esto es ética o agible). Pues bien, éste es el caso de las corridas de toros: en ellas el torero realiza una faena siguiendo unas normas y técnicas (por eso es arte y también son normas estéticas: una buena o mala faena se juzga por su belleza) pero, además, el torero está arriesgando su vida y ha de tomar decisiones guiado por la prudencia (por normas éticas, morales y legales), ha de saber cómo actuar frente al toro para no ser cogido y sacar de estas acciones una faena bella. Para mí la única de las artes estéticas en la que esto ocurre. El toreo es un arte o factible (en la que hay una parte fingida o representada –como en las otras artes– para obtener un producto estético: aquí una bella faena) pero en una situación de decisión real o agible (el torero se la está jugando de verdad, es un actor sin papel aprendido, que tiene que elegir las acciones correctas para terminar bien su interacción con el toro: coger la distancia al toro, llevar la muleta con temple, dirigir bien la muñeca, citar al toro en el momento y lugar, &c. son acciones guiadas por la prudencia ética y por normas estéticas). Al torero se le llama maestro porque la lidia es conocimiento, así, los toreros saben cómo se comportan los toros de cada tipo de encaste y les ejecutan la lidia ajustada –no es la misma la lidia que pide un «victorino» que un «torrestrella» y, además, tienen en cuenta las características individuales de cada animal, las circunstancias climáticas, &c.). Por tanto, en el toreo hay arte y ética, tragedia representada y real; no se me ocurre ningún otro arte estético en el que el artista haya de tomar decisiones éticas, a no ser que se considere que elegir una nota, un color o una palabra es un acto de prudencia.

Y en este caso, Ponce es la representación más clara desde el punto de vista ético: ¡Que si yo veo que el toro me va a coger, que yo me quito!. ¡Que yo no me quedo para que me coja!”

J.J. de Torres

J.J. de Torres

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Marco dice:

    Soldado que huye vive para otra batalla

  2. Gabriel dice:

    Largo artículo para defender la obra de un torero. Las obras se defienden o se condenan solas, y por tanto, sobran letras. Ponce torea como torea, tiene un concepto que no todos aprueban y como él, ha habido toreros a lo largo de la historia, es decir, toreros que no todo aficionado traga por la sencilla razón del “deber ser” del toreo en el que cree. Ponce es un genio, sin más, como José Tomas y cada uno asume en el ruedo el “deber ser” en el que cree. Ambos en eso dicen su verdad. Dicho lo anterior, “aliviarse” en la faena, el “ventajísmo” y otras mañas que pululan en los ruedos no se tapan con párrafos y párrafos, hablen estos de Tomás o de Ponce. Ahí está el video, ahí está la obra, que hable ella.

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