Bayona (Francia). Corrida Goyesca. Ponce pincha un faenón y a hombros López Simón

El gran maestro volvía a Bayona, la que fue su plaza, tras varios años de ausencia. Tanto Enrique como los que también regresamos a la que fue uno de nuestros escenarios favoritos en el País Galo, comprobamos que aquella afición ha cambiado a peor. Las varias temporadas seguidas en las que faltaron las grandes figuras, no han atraído a los espectadores selectos que llenaron la plaza tantas tardes. De ahí la algarabía reinante en la concesión de orejas. Nada menos que cuatro cortó López Simón. No debieron darle la segunda del excelente quinto toro de Garcigrande aunque la tarde del diestro de Barajas fue la mejor vez que le hemos visto. Su cambio de apoderamiento ha sido el afortunado milagro que ha convertido a este torero en la importante novedad que brilló en sus comienzos. Otro regalo se llevó ayer en Bayona Curro Díaz que tuvo en sus manos el peor toro del envío con el que se mostró impotente y uno de los buenos con el que anduvo más animoso aunque por bajo de su excelente condición. Por la parte principal del festejo, Enrique Ponce se llevó el lote medio. Un primer toro brutito y descastado al que fue desengañando poco a poco y del que pudo cortar una oreja de no haber fallado con la espada. Lo mejor con notable diferencia en esta corrida, llegó con la grandiosa faena de Enrique Ponce al buen cuarto, perdiendo los dos trofeos otra vez con la espada. No obstante, Ponce dio una clamorosa vuelta al ruedo seguida de una imponente e interminable ovación que recogió desde los medios.

Plaza de toros de Bayona. Martes 15 de agosto de 2017. Tradicional corrida del día de la Virgen. Casi lleno.

Seis toros de Garcigrande y de Domingo Hernández. Muy bien presentados y de juego desigual con predominio de los nobles. Descastado y apenas manejable el primero. Probón y peligroso el segundo. Excelente el tercero. Bueno el cuarto. Muy noble por el lado derecho el quinto. Y bueno el sexto.

Enrique Ponce (marfil con pasamanería de azabache y perlas doradas): Pinchazo y estocada caída, petición insuficiente y gran ovación. Cuatro pinchazos, el primero en una banderilla, y media estocada, vuelta clamorosa.

Curro Díaz (blanco y pasamanería negra: Pinchazo sin soltar en el chaleco, otro pinchazo, otro sin soltar y estocada chalequera, pitos. Estocada baja, oreja.

López Simón (ciclamen y azabache): Estoconazo desprendido, dos orejas. Casi entera caída, dos orejas. salió a hombros.

A Caballo destacaron Manuel Quinta, José Palomares y Tito Sandoval. En la brega y en palos, Mariano de la Viña, Jocho, Oscar Castellanos, Jesús Arruga y Morenito de Arles.

Cuatro de la seis faenas fueron amenizados por banda orquestada y un magnífico coro con selectas  piezas sinfónicas.   

No es fácil acoplar el toreo a la música sinfónica acompañada de un coro operístico cual ocurrió ayer en la Corrida Goyesca de Bayona. Y no lo es porque no todos los toreros son capaces de acomodar sus maneras y sus andares, convirtiéndolos en una suerte de ballet de altos vuelos artísticos. Por el momento, el único capaz de lograrlo con asombrosa sublimidad es Enrique Ponce. Esas músicas, esas artes, no rechinan con el melodioso toreo del gran maestro valenciano porque podríamos decir que, con Ponce, la música deja de ser callada, cual afirmó Bergamín escribiendo sobre El Paula. Y no callada porque el toreo de Ponce también es sinfónico. De ahí que sea capaz de conjuntarse llegando a unir ambas artes como jamás había ocurrido en la historia del toreo. Sí, ya sé que hay quienes se niegan a aceptarlo y que incluso lo critican con no poca maledicencia. Al arte poncista de estos años de su eterna carrera se ha unido por su propio capricho  a esta portentosa versión que conjunta dos de las más bellas artes al ser el toreo un arte más entre las artes que contiene casi todas.  Teoría que viene explicando el propio matador en sus también asombrosas conferencias y discursos porque es el caso que Ponce también sabe habar como los ángeles.

Bayona lo descubrió ayer y, para ser testigos de ello, abandonamos la Semana Grande de San Sebastián acertando de pleno porque en Illumbe, salvo el gran toro que le correspondió a Perera del que cortó una oreja, la corrida de la misma ganadería de Garcigrande lidiada en Bayona fue por todo superior. Los manes del destino jugaron a favor del propósito del valenciano que anda que se sale de cualquier serie salvo con la espada porque últimamente no anda Enrique fino con los aceros.

Los profesionales del toreo aprecian y valoran obsesivamente las orejas. Ello se debe a que las crónicas casi nunca se acercan a la realidad. Lo que han escrito algunos sobre la tarde de Enrique en San Sebastián es asqueroso. Pero en el caso de Ponce, estas matemáticas contables son lo de menos porque poder seguir viéndole cual está ahora mismo a los casi treinta años de su alternativa es casi, o sin casi, un milagro de Dios que ha fijado su mirada en este hombre que añade a su privilegiado trabajo una privilegiada bondad como ser humano.

Si torear en su expresión más sublime es mecerse siempre a lento compás, si torear desde esta selectísima versión es llevar a los toros embrujándolos, si torear es como una danza digna de ser interpretada en el Teatro de la Ópera Garnier de París, o en el Coven Garden de Londres, o en el Metropolitan de New York, o en el más cercano Teatro Real de Madrid…, Enrique Ponce se ha convertido en estas tardes únicas en el Rudolf Nuréyev del toreo.

Por eso no nos sirven las descripciones que incumben a la critica de toros aunque en el caso de la corrida de ayer en Bayona, como en otras tardes anteriores de parecida guisa que tuvimos la suerte de presenciar en directo como aquella de Nimes, como la de Mont de Marsan, como la de Istres en la tarde del smoking, o como la de Santander del año pasado…, nos vemos obligados a salirnos de madre y a romper nuestros propios moldes profesionales.  Moldes que respecto a los toros lidiados ayer en Bayona, fueron llevados a cabo frente a un corridón de toros digno de cualquier plaza de primera categoría. No hay mas que ver las fotos de Julio Maza que aquí publicanos como ese pase de pecho inenarrable por la importancia del muletazo que despide por alto a un torazo descomunal. Uno de esos que a Morante le han obligado a retirarse…

En esta tarde de Bayona, por lo demás, me gustó mucho López Simón por primera vez desde que empezó. Sus dos faenas fueron excelentes e irreprochables. Claro que no pudo danzar como Ponce. Eso le es imposible.

Y finalmente lamentar el estado que está sufriendo Curro Díaz, afectadísimo por sus últimos percances y por sus penas del alma tras las muertes en su presencia de sus amigos Víctor Barrio e Iván Fandiño.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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