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Muere Dámaso González, figura del toreo y persona cabal

Publicado en ABC por Andrés Amorós

El matador fue una de las grandes figuras del toreo de los setenta y ochenta junto a Manzanares, Paquirri y El Niño de la Capea

En Albacete, su ciudad natal, ha fallecido ayer, a los 68 años, el matador de toros retirado Dámaso González. En los años setenta y ochenta, fue uno de los diestros que más corridas toreó y más triunfos alcanzó. Era persona muy estimada por todos , por su bondad y sencillez. Su técnica, basada en el temple, el valor y la ligazón, ha influído en muchos diestros posteriores.

No creo haber conocido a ninguna otra figura del toreo con su sencillez; a ninguno que fuera menos divo, más natural; más llano, como su tierra, Albacete. No era guapo y lo sabía. No era orador florido pero escucharle contar sus aventuras, en las capeas de la sierra manchega, era una delicia.

Inevitablemente, todos nos acordaremos ahora de las anécdotas: el cuello de la corbata, habitualmente torcido hacia un lado; la pronunciación popular de su nombre, con el acento en la segunda sílaba, convertido en palabra llana (otra vez, este adjetivo): «Da–má–so»…

Vicente Zabala, padre, en ABC, definió así su estilo: «Se pone en un sitio que no se ha puesto jamás nadie con reses de este trapío… Lo indiscutible es la peana en la que se apoya su toreo, dos pilares inamovibles, el valor y el temple. ¡Casi nada!»

Antes, en la crónica de su confirmación de alternativa, el 14 de mayo de 1970, Antonio Díaz-Cañabate, también en ABC, lo enjuiciaba así : «El sexto es un sobrero de Galache, reservón y tardo. Hay que torearlo. Dámaso se expone con valor, mezclado con coraje. El valor triunfa y el torero lleva al toro por donde no quiere ir: tiene un auténtico mérito, una auténtica emoción».

Había nacido el 11 de septiembre de 1948. Se forjó en las duras capeas de los pueblos. Debutó en 1967. En 1969, después de triunfar en Barcelona y Madrid, tomó la alternativa en Alicante, de manos de Miguelín, con Paquirri, como testigo. Confirmó la alternativa, al año siguiente, el 14 de mayo. Las graves cornadas que sufrió en Almansa, Castellón y Málaga, no le impidieron encabezar el escalafón durante varios años. Salió en hombros, en Las Ventas, en 1979 y 1981. Se retiró, por primera vez, en Valladolid, el 20 de septiembre de 1988.

La insistencia de su paisano Manuel Caballero hizo que volviera a los ruedos, para darle la alternativa, en Nimes, el 20 de septiembre de 1991. Animado por el éxito, continuó toreando. En 1993, logró indultar, en Valencia, al toro «Gitanito», de Torrestrella; en Tarazona de la Mancha, a «Pestillito», de Samuel Flores. Se retiró definitivamente, en Albacete, el 16 de septiembre del 2003.

El 15 de septiembre del 2015 se inauguró su monumento, delante de la Plaza de su tierra.

Recuerdo dos tardes que, para mí, resumen su carrera. La primera, en Valencia, la del indulto de «Gitanito», al que dio un sinfín de muletazos, siempre con temple y mando. La segunda, en Las Ventas, donde le había costado entrar: con un toro del Conde de la Corte muy veleto, más alto que él, se metió entre los pitones, ofreciéndole el pecho, con un valor tan sincero que la Plaza entera se le rindió.

Ninguna afectación tuvo nunca el honrado Dámaso González, muy buen torero y persona cabal. Que la Virgen de los Llanos –como él, por albaceteño y por su carácter– le haya acogido.

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