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9ª y última de feria en Bilbao. Triunfo final de Román

Andrés Amorós en ABC

Corta un trofeo en el último toro de la feria, un noble miura

Con las reses de Miura, concluyen las Corridas Generales de este año. Salgan buenos o no, los toros de esta divisa ya suponen un atractivo. Habitualmente, los lidian matadores expertos en este tipo de corridas, como el ausente Rafaelillo. Esta vez, se ha apostado por dar una oportunidad a tres jóvenes diestros: sólo uno de ellos, Fortes, ha actuado en Bilbao y ha toreado Miuras; Juan Leal y Román, ninguna de las dos cosas. ¿Una oportunidad, con toros de Miura? Parece dudoso. Sobre todo, si los tres diestros han toreado poco. Por eso, acudimos a la Plaza con cierto temor… Por fortuna, los toros, de hermosa lámina, no sacan el peligro de otras veces pero tampoco dan gran emoción y alguno, flaquea. Sólo pasan apuros varios banderilleros y Juan Leal, en el segundo, cuando roza la temeridad. Román corta una oreja al último, el mejor.

El malagueño Fortes ha superado con gran coraje tremendos percances. En el primero, de hermosa lámina, recibido con aplausos, después del mitin banderillero, logra naturales suaves, reposados, que el toro toma con nobleza, algo distraído. Mata a la segunda. En el cuarto, que flaquea, otro mitin, con los palos. El toro queda corto pero bondadoso. Tirando de él, Fortes logra algunos muletazos templados, de escaso eco. Tarda en matar.

El francés Juan Leal ha toreado, este año, muy pocas corridas. Su estilo se basa en la quietud y la cercanía, recuerda a Ojeda. En el segundo, justo de fuerza, saluda Juan Carlos García. Brinda al cielo. Comienza con dos pases cambiados. Liga muletazos de cerca, hasta que llega la voltereta; luego, momentos de grave apuro, cuando se le para en el pecho. Insiste en circulares invertidos. El valor y el mérito son evidentes; que ésa sea la lidia adecuada a un Miura, discutible. Media estocada: petición y vuelta. En el quinto, que también flaquea, saluda Leal. Lo llama de rodillas, desde el centro; logra muletazos valientes, embarullados que despiertan al público. No regatea esfuerzos pero surgen enganchones. El arrimón final no es apropiado para estos toros, por nobles que salgan. Mata a la segunda, a toma y daca: aviso y vuelta.

El valenciano Román acaba de abrir la Puerta Grande de Las Ventas. A su simpatía une un valor que puede ser irreflexivo: con Miuras… El tercero blandea pero espera, en banderillas, queda reservón. Román le saca muletazos correctos pero uno a uno. Agarra una buena estocada, a la segunda. Salva el honor de la divisa y el rumbo de la tarde el último, un precioso cárdeno, de 657 kilos. Lo pica bien Pedro Iturralde, saca nobleza y Román lo aprovecha con una serie de naturales estéticos, toreando casi tan a gusto como si se tratara de un bondadoso Domecq. Logra una gran estocada y corta la oreja; también recibe una fuerte ovación este «Jarrero», el último toro de las Corridas Generales. Ya lo dijo Shakespeare: «Todo está bien, si acaba ben». ¡Adiós, Bilbao, hasta el próximo año!

POSTDATA. En el Museo de Bellas Artes de Bilbao, uno de los mejores de España, a gran distancia del atractivo turístico del Guggenheim, admiro la colección de Alicia Koplowitz y, como siempre, varias obras maestras de Ignacio Zuloaga. De joven, llegó a matar 17 toros, en corridas pueblerinas; también, acudía a torear los Miuras, en Zahariche; usó el apodo taurino «El pintor» y organizó festejos en Zumaya. Escribió su amigo Juan Belmonte: «Hubiese cambiado toda su pintura por haber triunfado en la Plaza de Madrid, en la corrida de Beneficencia». Según los antitaurinos, se hubiera curado, leyendo un libro…

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