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15 años ya sin el Bernabeu de los toros

Se fue Manolo Chopera hace 15 años de un 2 de agosto tras haber ganado la batalla de Illumbe y tenerlo todo muy encarrilado. Y haber sido una figura desde que empezó en esto. Aprendió rápidamente de su padre, Pablo Martínez Elizondo, que de contratista de caballos pasó a gran empresario, y de su tío Javier. Y comenzó entonces el reinado de Manuel Martínez Flamarique,  don Manuel, Manolo Chopera, según quien le hablara.

Sus dos grandes obras fueron Las Ventas (pasó de pocos abonados a cubrir el máximo legal permitido por el pliego).  De la noche al día. Nadie sabe cómo ocurrió ni por qué. Tiempos en los que tener un abono en la Monumental madrileña era como un tesoro. Y así durante mucho tiempo, de lo que en su momento se aprovecharon los Lozano y los Choperitas.  Manolo Chopera hizo el  milagro y los que vinieron después chuparon rueda.

Lo otro fue lo de su San Sebastián de su alma. Desaparecida la plaza del Chofre y estar su ciudad natal durante 25 años sin toros, en su Donostia, en su casa, cuando era dueño de un imperio en todo el  mundo taurino, consiguió levantar la plaza de Illumbe, hacer que el publico volviera y montar  buenas ferias, como en todas partes donde estaba su mano.

Trabajador incansable, supo agrandar y abrillantar más todavía la Casa Chopera de su padre y de su tío. Y repartió juego para sus primos.  Todo un emprendedor, un triunfador.

Es fácil oir hoy todavía a muchos taurinos que, como Manolo, ninguno.  A mí siempre me pareció el mejor en vida y en muerte porque  ninguno le ha superado . No  creo que con él San Sebastián estuviera así ni que hubiera pasado el tsunami político ni que Bilbao se desangrara ni que perdiera su entorno las plazas francesas ni… que el mundo empresarial-taurino estuviera tan callado, tan parado y tragando lo increíble. Perdiendo cada  año más.

Tuvo tanto prestigio o más antes que después de Las Ventas y eso que la Monumental de Madrid la cambió para bien. Por ejemplo, nada más acabar el atracón de San Isidro, llenaba la plaza los primeros domingos de julio –lo nunca visto- con los curroromeros y antoñetes. Calor insoportable y los tendidos hasta arriba.

Afable cuando debía. O sea, casi siempre. Mandón cuando hacía falta. Duro cuando era necesario y de  eso le acusaban los que no lo querían o no conseguían lo pretendido.

Escuchaba y atendía y, sobre todo, era respetado por todos, antis –los menos- y pros –los más- lo que hacía de él una figura diferente y atractiva.

Por eso le recordamos 15 años después. Y los que vengan.

Se le podría catalogar como el Santiago Bernabeu de los toros, aunque las comparaciones son muy difíciles en este caso. Don Santiago revolucionó el fútbol, inventó una nueva política de clubes, puso a su Real Madrid en la élite mundial y ganó merecidísima fama.

En esto, lo mismo don Manuel. Elevó la categoría del toro y del torero. El toro de don Manuel, el de más emoción y trapío. Hizo que los toreros lo aceptaran y dio más emoción al espectáculo. Y, como Bernabeu, fue conocido en todo el mundo…porque en todo eso globo taurino  llevaba plazas. Vamos, que en su imperio, no se ponía el sol.

Nada le debo, salvo un buen trato permanente, y la satisfacción de verle hacer las cosas bien, y por eso he escrito este artículo y pido a los empresarios de hoy que lo imiten en sus cosas buenas.

Santiago Bernabeu, el del fútbol. Manuel Martínez Flamarique, el del toro

1 Resultado

  1. Vidal Smith García dice:

    Respeto máximo por los muertos, pero más por sus obras. No tengo oidos para nada de lo que se tenga que decir de MCH, para saber de sus escasos escrúpulos y afición, me basta recordar la repugnante limpieza de corrales que le preparó al que en ese momento era su podernante, el gran Antonio Chenel “Antoñete” en su despedida de Madrid en el Otoño de 1985.

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