Última en Mérida (Venezuela). Oreja por coleta en el apático cierre de la feria

Plaza de Toros Monumental de Mérida. 16 de febrero de 2010. Séptima y última corrida de feria. Con poco más de dos tercio de aforo, en tarde soleada y fresca, se han lidiado ocho toros del hierro colombiano de Ernesto Gutiérrez (Miguel Gutiérrez), escasos de presencia en su mayoría, pobres y dudosos de pitones, descastados, pese a todos pelear con regularidad en el caballo. Pesos: 433, 481, 467, 428, 438, 434, 430, 452. Luís Francisco Esplá (turquesa y oro): Palmas y una oreja. Javier Conde (blanco y azabache): Una oreja y pitos. El Juli (aguamarina y oro): Una oreja y leves palmas. Rafael Orellana (luto y oro): Una oreja y palmas tras un aviso. Incidencias: Destacó en las banderillas Mauro David Pereira. Presidió el festejo Hernán López Añez.

 

Con tal género bovino, poco más de dos tercios de plaza para el último acto ferial de esta versión. Y en el tintero los nombres de cuatro toreros, cada uno con su atractivo en escena. Luis Francisco Esplá venia a esta plaza, el cual visito hace 29 años, para su despedida de ruedos americanos; por otro lado, Javier Conde lo hacia, consciente de estar ante una afición que le consciente, pero que esta tarde ya dijo nones a su planteamiento y coreografía delante de los toros; El Juli quien colocaba punto y final ayer a su temporada americana, y con miras a partir de hoy a preparar el año taurino en España, y por ultimo, la presencia del espigado tovareño Rafael Orellana, quien venia precedido de una meritoria actuación por suelo tachirense en el marco de si recién culminada feria.

Cada uno hizo lo suyo. Vamos por parte y señalamos que Esplá ha echado mano a sus recursos y puesta en escena para dejar detalles de su singular tauromaquia. Con el que abrió dilatado festejo, se fajó por momentos para limar las asperezas y soso recorrido de un toro que embestía por inercia, venciéndosele por el lado derecho y con la cara alta… en pocas palabras, sin emoción alguna. La estocada que le recetó para luego un golpe con el descabello, dejo en palmas su labor.

Otro matiz tuvo ante el quinto, animal que poco más se dejo, y ante él por momentos gustarse, en especial en toreo por la mano diestra. Las tandas, aderezas con afarolados, trincherazos, kikirikis y demás remates torerisimos, dieron sensación de un toreo de rancio mensaje ante la monotonía con la que actualmente torea. Los dos viajes con el acero antes de dejar una estocada, ligeramente desprendida, para dar pie a la concesión de una oreja, que lejos del merito que la haya tenido, es sinónimo de cortesía y caballerosidad de esta tierra, torerista como pocas en el país, quien reconoce la trayectoria de un diestro de leyenda, que difícilmente se vuelva a ver, tal y como se manejan los intríngulis del toro.

Javier Conde nos ha dado nuevamente razones para señalarles a quienes nos siguen con su lectura, el porque ya es un torero que paulatinamente ha agotado el tarro de las esencias, como una vez nos lo vendió. Ayer, literalmente se paseó por todo el ruedo, y poco o nada dijo de toreo, si a los cánones nos vamos. Las pausas, la gesticulación con el tendido y en especial el adorno excesivo hicieron de sus dos trasteos un discurso denso y sin sentido de lidia frente al toro. La media estocada con la que despenó al segundo le dio opción a la concesión de una generosa oreja, mientras que en el sexto, tras poco igualmente colaborarle el toro, lo dilatado con el que se prodigo con el descabello, le hizo tomar el acero de nuevo tras haber cobrado un espadazo contrario y caído, para recetar una media estocada trasera, y despenar entre pitos de los presentes su actuación. Por cierto, la de ayer precedida por bronca en Autlán de la Grana, donde incluso se le multó por parte de las autoridades de dicha plaza.

 

Con la esperanza de verle de nuevo al nivel que estuvo el pasado sábado, así el público esperaba al ya no tan niño prodigio de Velilla de San Antonio, El Juli, y para ser exactos, nos quedamos con las ganas. Con el tercero, animal de escasa presencia, se labró Julián una labor de enfermero y arquitecto. Si, la primera para mantener las endebles fuerzas del morito, la segunda para poco a poco meter en la muleta y luego hacer faena a dicho ejemplar. Las series, hilvanadas en los medios despertó definitivamente la tarde, y con ello una actuación basada en la veteranía e inteligencia de un ser quien tiene todas las tauromaquias en su cabeza. La media tendida y los dos descabellos en parte, dieron suficiente basamento a la fuerte petición de la oreja, el cual reglamentariamente el palco concedió.

Frente al séptimo, otro toro de mismas condiciones que el lote enviado, se observó la sapiencia del torero madrileño, consintiendo las cortas embestidas del animal, llevándole largo, y luego, enseñar con temple y firmeza de pies los terreros por donde embestir. Una lastima que los tres pinchazos, el espadazo tendido y el golpe con el acero de cruceta le limitara de otra oreja.

Muchos eran los tovareños en plaza. Y a fe, que el pupilo de “El Tovareño” no defraudo, pues la de ayer ha sido de las veces que mejor le hemos visto en este ruedo. Lo hizo frente al anovillado cuarto, animal noble y con recorrido el cual el torero de Tovar le descifró el galimatías presente en su embestida. A media altura, sin obligarle, llevándole tapado de tela y con mucho mando y temple en esa muleta, el toro le dejo estar en seis tandas con aroma caro, pasándose a milímetros e incluso rozándole su taleguilla. Fue esto óbice que el publico se entregara con el diestro del patio, para quien el pinchazo entregándose en la suerte, y luego los tres cuartos, ligeramente traseros y desprendidos dieran pie a la nutrida petición del trofeo, que merecidamente paseo entre los aplausos de los presentes.

En el que cerró feria, animal de más serias hechuras, estuvo afanoso Orellana, pero el toro ni quiso ni pudo, ni tampoco los presentes entraron en calor de faena, ante el bajón anímico que implicaba haber sido testigos mediada la corrida en un saldo ganadero, impropio para la categoría y seriedad de esta plaza.

Al final de esta feria, se hace balance somero y a vuelo de pájaro. El Fandi y El Juli se convierten en protagonistas excepcionales, sin quitar un ápice de merito a los toros del ganadero paisa Carlos Roldan. Quita usted amable lector estos tres factores y queda un balance artístico muy escueto, salvo contadas y especificas excepciones.

Otro dato que queda para la posteridad: el debut con corrida de un nueva ganadería de reses bravas merideña, como lo fue Campo Pequeño el pasado domingo, para quien se le avizora arduo trabajo de cara a su futuro, y otro y más halagador, que aún con crisis y todos los elementos que embargan a nuestro país, taurinamente y no taurinamente hablando, sigue siendo la Feria del Sol la gran cita del toro en Venezuela, algo que debemos cuidar para las venideras ediciones.

 

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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