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Última de temporada en Madrid. Del excelente «Entonado» a la oreja a un centrado Luque

Rosario Pérez en ABC

Salvador Gavira García toma antigüedad con una corrida de calidad, Javier Jiménez deja ilusionantes pasajes y Sebastián Ritter sufre una espeluznante cogida

Un río de banderas españolas ondeaba en Las Ventas. Era la última corrida en la capital de una temporada teñida de sangre umbraliana mortal y rosa. El programa de mano recordaba a Iván Fandiño, el héroe con título de «torero de Madrid» que el 17-J emprendió un viaje sin billete de vuelta al mar de la libertad. El primer toro de Salvador Gavira García traía la divisa negra del luto y el dolor en memoria del vasco, muy unido a esta casa ganadera, y Victorino. Lástima que este «Librero» careciera de fuerzas, porque apuntó mucha clase, como se apreció en los despaciosos naturales de Daniel Luque, que dejó chispazos de torería y belleza hasta acabar con unas manoletinas de ajuste y un estoconazo. Maduro y centrado toda la tarde, brindó al público el cuarto, con opciones dentro de su no sobrada casta. Otra vez enseñó su izquierda, con el toque fuerte preciso para provocar la potable arrancada. En las distancias cortas, metido entre los pitones, combinó muletazos por ambos lados y aguantó parones sin inmutarse, con las puntas lamiendo el corazón. Valentísimo, abrochó con unas luquinas y cortó una oreja.

El mejor toro del serio y noble conjunto de Gavira –que dio más posibilidades de triunfo que lo que el marcador de trofeos luce– fue el segundo. ¡Qué gozada! Una máquina de embestir, con humillación, profundidad, ritmo, calidad y nobleza. «Entonado» se llamaba. Y entonada a secas fue la labor de Sebastián Ritter, que acompañó más que gobernó. Se atascó con el acero y a punto estuvo de oír los tres avisos con un ejemplar de dos orejas. Dispuesto y encimista en el quinto, sufrió una espeluznante cogida, colgado del pitón. Por fortuna, todo quedó en una contusión en el hemitórax y un puntazo en el muslo derecho.

Javier Jiménez paró el tiempo a la verónica en el tercero, que brindó a Cristina Cifuentes. Merecedor de más contratos, dibujó ilusionantes muletazos, con gusto y personalidad, ante un animal que se abría en su ir y venir. Luego exprimió al más deslucido sexto en una larga faena. Y entre gritos de «¡Viva España», Madrid echó el telón a su Fiesta.

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