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No se debe comerciar con los sentimientos

El diestro Morante de la Puebla acaba de anunciar que en su próxima temporada no serán televisadas sus actuaciones. Otro que tal baila como el ínclito José Tomás con quien el diestro cigarrero querría torear varios festejos. O, al menos, eso ha dicho. Lo que no sabemos es si Tomás querrá torear con él…

Morante se programó en Sevilla para las dos corridas de la Feria de San Miguel – “cuan tarde me lo fiáis” – , pero dados los caprichos y las decisiones repentinas que suelen acaecer con este singular torero, todos estos proyectos no podemos considerarlos absolutamente formales ni, por tanto, formales. 

La informalidad de Morante se ha hecho consustancial en su carrera, lo que mosquea bastante al personal. Lo de la cacareada retirada del año pasado en plena temporada, fue una farsa. Pero lo que nadie admitiría es que Morante se convirtiera en un farsante. No es de chocar por tanto que en vista de la proliferación de estos jueguecitos con los sentimientos de la afición, no pocos colegas están empezando a hartarse.  Sin irnos más lejos, ayer se publicaba en el portal “Cultoro” el articulo que, por su calidad e interés, reproducimos a continuación:

José Antonio protagoniza una farsa

José Antonio protagoniza una farsa

José Antonio “Morante de la Puebla” y su farsa volverán a vestirse de luces en la próxima Feria del Caballo de Jerez de la Frontera. Desde las 23:00 horas del 14 de agosto del 2017 y las 18:30 del 12 de mayo del 2018 habrán pasado 8 meses y 27 días, 271 jornadas de espectáculo de un torero que anunció un retiro al rincón de pensar y que está abombando como reaparición cuando en realidad no lo es.

La farsa (del latín farcire, “rellenar”) es una forma dramática en la que los personajes se desenvuelven de manera caricaturesca o de situaciones no realistas. La farsa no existe en estado puro, ni es un género propiamente dicho;​ es más bien un proceso de simbolización que puede sufrir cualquier género dramático, en una relación similar a la existente entre la palabra y la metáfora.

Es justamente lo que Morante está intentando hacer ver al aficionado, que en su mayoría está viendo en una supuesta “reaparición” este género dramático –que no lo es- para justificar una rabieta de mediados de agosto, con la falta de responsabilidad que eso suponía para las demás Ferias en las que estaba anunciado. Aquel día, un torero sin rumbo dejó tiradas a todas las Ferias septembrinas en las que su nombre estaba enclavado y lo que es más grave: a toda la afición que ya se había programado, entrada en mano, para ir a verlo a la plaza.

UNA FARSA BIEN ENTENDIDA

Es la intrahistoria de esta farsa en su concepto original bien entendido lo que interesa: ¿Ya no hay toro grande, ni presidentes demoníacos, ni veterinarios de Marte, ni afición infernal que exige lo que no paga? Cuando suena Jerez ya todo eso no importa, porque lo que no se quiere contar es que Morante se retira porque no aguanta a un Antonio Barrera del que es antiguo íntimo amigo pero con el que ya no puede más.

Y no puede porque lo ha utilizado para pasar facturas de cuando él era torero, entre otras. No puede aguantarlo porque está usando mal un nuevo poder como hombre de despachos que antes no tenía cuando era matador de toros. Y no puede porque está utilizando como instrumento a José Antonio. Eso, y ser el hombre de ETMSA llevó a la perdición y a la ardua noche del 14 de agosto al cigarrero.

LA GRAVE SITUACIÓN EN LA QUE ANTONIO BARRERA DEJA A MORANTE

Morante, al que iba de mal en peor, no decidió retirarse, sino que decidió incumplir los contratos que tenía firmados porque no aguanta más a un Antonio Barrera que no es –como así vende- la panacea que arregle la situación actual del toreo, más bien todo lo contrario.  Ahora, en pleno invierno, Morante debe tirar del personaje que siempre ha sido pero con otras garantías: las de un Manolo Lozano alejado históricamente de sus hermanos que vuelve a los noventa para llevar la carrera del genio.

Un apoderado al que un muro lo ha hecho libre: el muro que lo separó de sus hermanos de pequeño para que su tía guiase su niñez y éste fuese independiente para sus restos. Y es que sus tiranteces para con sus parientes menores le han hecho precisamente tener una personalidad única en el último siglo de la tauromaquia, justo la que ahora le sirve al de La Puebla para reconducir la grave situación moral y contractual con la que lo dejó Antonio Barrera aquella cálida y aciaga noche agosteña.

Porque un torero de sentimiento, al que –como le ocurría a José Antonio- se le canta más de lo que siente está condenado a ser infeliz y, por lo tanto, a perderse en este trance. A partir de ahora, el muro de la libertad del Manolo Lozano que tomó la alternativa en Marruecos para no torear ni una corrida más por no engañarse a sí mismo, será el pilar de José Antonio en esta vuelta con el chispeante de color farsa.

SOBRE JT

José Tomás es otro cantar, y que Morante quiera volver a su vera también. Porque es sorpresivamente curioso que ahora el de La Puebla quiere beber del agua de Galapagar cuando justo cuando JT marcó el camino, él fue uno de los que no se quiso subir al carro.

Y dice incluso su apoderado no sólo que intentará aprovecharse del boom JT en su decena de tardes europeas –lo más probable es que el torero de Galapagar no acceda al juego interesado del sevillano-, sino que además no se dejará televisar en ninguna de las 25 corridas en las que tiene pensado actuar.

¿NO ABRIR PLAZA NINGUNA TARDE?

Como último punto de este análisis editorializado, el problema de abrir plaza: un torero con sus años de alternativa tiene que exponerse a hacerlo o, por lo menos, debería saber que no debería existir la competencia. Morante debería estar fuera de categoría, pero no es eso lo que tiene en la cabeza. Morante no es para competir con nadie, sino para hacerlo o no. Y punto.

LA TELEVISIÓN

Para más inri, el mismo Manolo Lozano ha confirmado que en ninguna de las comparecencias de Morante en 2018 podrá haber cámaras de televisión ni tampoco abrirá cartel en ninguna tarde… mientras puedan venderlo.

¿QUÉ LE QUEDA AL AFICIONADO?

Después de ese tránsito entre el personaje y el hombre, la esperanza que todavía le queda a la afición es que Morante se acuerde de cómo se sentía el toreo. De lo contrario, da igual Manolo Lozano, José Tomás o Rita la cantaora.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Santiago dice:

    Habrá quien vaya a verle torear sus novillos, así que la culpa no es de él. Solo falta que al grupo de JT y Morante se sume otro más que no se deje televisar y ya tenemos una terna para llenar las plazas. Hagan apuestas, yo voto por el Juli que alguna vez ya lo ha hecho en la México. JT, Morante y Juli. La verdad yo prefiero Victorinos y a Rafaelillo y a Manuel Escribano.

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