Mis crónicas de LA GACETA sobre las corridas de la Feria Invernal en Vista Alegre

 

 

1ª.- Triunfal suplencia de Leandro

 

Jesulín de Ubrique no pudo reaparecer pero, con suerte en sus dos toros, el torero de Valladolid supo aprovechar la oportunidad. El Cordobés también la tuvo con el cuarto y a poco estuvo de triunfar, mientras Rivera Ordóñez se llevó lo peor de la muy bien presentada corrida de Algarra.

 

Leandro cortó la oreja del tercer toro y, de no haber fallado con los aceros, también podría haber cortado otra del sexto, los dos más bravos del envío sevillano. Su buen toreo a la verónica con el capote y sus excelentes maneras con la muleta gustaron mucho al poco público que asistió – algo más de un tercio de plaza – aunque, técnicamente, anduvo desigual. Manuel Díaz El Cordobés apenas pudo hacer nada con el primero por muy débil y sí con el quinto, otro de los tres buenos que trajo Algarra. También podría haber tocado pelo si no hubiera pinchado. Su muy celebrada actuación, sin embargo, tuvo más carácter populista que clásico, rompiendo clamores con el salto de la rana. Con el peor lote, Francisco Rivera Ordóñez se mostró en buen profesional y por encima de sus dos toros, sobresaliendo algunos pasajes muy toreros en su faena al tercero al que banderilleó con fácil donosura.

 

Madrid. Palacio de Vista Alegre. 20 de febrero de 2010. Segunda de la feria invernal. Tarde templada en plaza cubierta. Algo más de un tercio de entrada. Seis toros de Luis Algarra, bien presentados y hasta sobrados en romana y trapío para una plaza de segunda categoría. Dieron juego desigual, destacando por más bravos, encastados y nobles, tercero, cuarto y sexto que fue el más exigente. Sin fuerza alguna el primero. Noble sin clase y algo brusco el segundo, y muy tardo además de corto de viajes el quinto que acabó parado. Manuel Díaz El Cordobés (añil y oro): Estocada trasera atravesada y tendida, silencio tras leve petición. Pinchazo, media muy ladeada que escupe y casi entera,  petición y Ovación. Francisco Rivera Ordóñez (añil y oro): Pinchazo  y dos  descabellos, aviso y ovación. Pinchazo y estocada, ovación con discrepancias. Leandro Marcos (verde musgo y oro): Buena estocada, oreja. Pinchazo, otro hondo y dos descabellos, gran ovación. En la brega destacó Rafael Rosa. Y en banderillas El Chano Y Miguel Martín

 

Lamentemos el poco público que asistió a la primera corrida de toros de esta feria invernal, nueva en estas fechas. Los que creyeron iban a pasar frío no sabían que había calefacción y prefirieron quedarse en su casa para verla por televisión. Buena cosa aunque, a la vez, beneficiosa económicamente para la empresa y perjudicial por lo que a la taquilla se refiere. Compensación, pues, en muy pobres resultados. La pescadilla se mordió la cola como ocurre en otras tantas cosas. Habrá que esperar a las dos corridas de la semana próxima para comprobar si tendrá futuro o no este nuevo ciclo que este año abrió la gran temporada.

 

Lo mejor de la tarde corrió a cargo de Leandro Marcos – ahora llamado Leandro a secas – que vino a sustituir a Jesulín de Ubrique. El vallisoletano tuvo la suerte de cara y los aficionados también porque los dos estupendos toros de su lote le correspondieran a él. Leandro llegó precedido de los triunfos obtenidos la pasada temporada, en la pasada feria de Valdemorillo y, sobre todo, por su ya bien ganada fama de artista singular. Muy en torero de Valladolid, lo que más destaca de Leandro son sus maneras. Puro clasicismo al que adornan un gusto exquisito y la bellaza de casi todas las suertes que prodiga, tanto con el capote como con la muleta. Sin embargo y por falta de experiencia, sus trasteos multerilles pecaron de algunas desigualdades por lo que ambos, sobre todo el que hizo en el más exigente sexto toro, no tuvieron la redondez ni la limpieza requeridas. No obstante, estas carencias las resolvió con remates y suertes de adorno preciosas y muy bien engarzadas. Aunque solo cortó una oreja, la gente salió de la plaza hablando del nuevo torero de Valladolid.

 

El Cordobés pasó desapercibido con el primer toro por flojísimo y fue muy celebrado durante su muy desenfadada labor con el buen cuarto con el que anduvo muy acelerado y movido en lo fundamental y oportuno en la administración de lo suyo, ranazos incluidos. La gente lo paso muy bien con Manuel, gran trasmisor de simpatías y excentricidades.

 

Sin ninguna suerte con sus dos toros, Rivera Ordóñez dio prueba de su profesionalidad y, tanto en banderillas con la muleta en su faena al segundo, se mostró torero y hasta cadencioso. Por encima de las condiciones de su oponente. Como también frente al aun peor sexto con el que apenas pudo lucirse aunque sí intentarlo con no pocos deseos.    

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2ª.- Pinar, Tendero y el alternativado Javier Cortés se fueron de vacío por culpa de la espada

 

De la bonita aunque en general floja corrida de Zalduendo, el mejor lote  con mucho se lo llevó e nuevo matador que lo desaprovechó en parte aunque, si llega a matar bien, sus muchos paisanos le hubieran pedido con fuera un par de orejas. Con desiguales maneras, entre elegante y retorcido, Javier Cortés se mostró muy verde,  mientras Rubén Pinar acreditó su solvencia y Miguel Tendero su elegancia y mucho temple

 

De nuevo muy poca gente en la nueva plaza de Vista Alegre.  Por el momento seguimos sin tirón en las taquillas pese a lo atractivo del cartel de ayer con dos de las más jóvenes promesas y el nuevo doctor que fue quien más público metió en la plaza, sus paisanos de Getafe. Salvo dos toros, primero y sexto, la bonita corrida de Zalduendo decepcionó grandemente por su escasa fuerza y poca casta. Rubén Pinar anduvo muy solvente y por encima de sus dos toros y poco faltó para que cortara la oreja del menos malo cuarto, pero lo pinchó. Lo mismo podríamos decir de Miguel Tendero que volvió a demostrar su gran sentido del temple y la elegante finura de sus maneras con capote y muleta, perdiendo la oreja del quinto tras exprimirle en una larga faena de muleta. 

 

Madrid. Palacio de Vista Alegre. 21 de febrero de 2010. Tercera de feria. Tarde cálida en plaza cubierta. Menos de un tercio de entrada. Cinco toros de Zalduendo, terciados y de bonitas aunque desiguales hechuras. De escasa fuerza aunque con mucha clase el primero. Blando, noble, tardo, quedándose corto por el lado izquierdo y difícil de sostener para evitar las caídas el segundo. Alegre de salida el colorao y muy bajo tercero que salió suelto del primer encuentro con el caballo y fue noble aunque embistió echando las manos por delante y con media arrancada hasta pararse.  El cuarto, muy noble aunque remolón y algo soso, sobre todo por el lado derecho por donde duró. De media arrancada el quinto que se fue a tablas en banderillas y embistió sin humillar por el lado izquierdo aunque un tanto rajado. Y mansote aunque muy obediente en la muleta  hasta rajarse el engatillao sexto.  Rubén Pinar (guinda y oro): Media caída, ligera división de opiniones. Dos pinchazos y bajonazo, aviso y palmas con saludos. Miguel Tendero (azul pavo y oro): Pinchazo hondo y dos descabellos, pititos al toro y palmas al torero. Estocada trasera fulminante, petición menor y ovación con discrepancias al querer dar la vuelta al ruedo tras muchos pitos al toro en el arrastre.  Tomó la alternativa Javier Cortés (blanco y oro): Seis pinchazos, media estocada y seis descabellos, aviso y ovación de los paisanos getafenses tras muchas palmas para el toro en el arrastre. Más de media muy trasera y tendida, y once descabellos, aviso y palmas con algunos pitos. 

 

El toro que más me gustó fue el que abrió plaza, un precioso animal muy bajo y armónico con toda la pinta de embestir. Un toro que ni soñado para tomar la alternativa. Javier Cortés tuvo el honor de ser el primero en doctorarse sobre la arena del nuevo escenario de Carabanchel. Se gustó con el copote y tras recibir los trastos de manos de Rubén Pinar – jovencísimo padrino – brindó a su padre y empezó bien el trasteo que tan pronto resultó vistoso como deslucido y me explico. Cortés de dobla excesivamente por la cintura cuando ejecuta las suertes fundamentales que alraga muy forzado y, en cambio, se endereza relajado en los remates y en los adornos.  El público le apoyó en todo momento pese a las altas y bajas estéticas de la faena que terminó con rasgos de valor hasta eternizarse con la espada. 

 

También fue bueno aunque no tanto el sexto que recibió a porta gayola y lo brindó al público. Probón de salida, este ejemplar de Zalduendo rompió a obediente en la muleta. Virtud que Cortes aprovechó a medias con las mismas características que en su primer trasteo. Y como ya había sucedido o incluso con más fuerza y griterío, el público volvió a volcarse con el muchacho, sobre todo en un ramillete de naturales a pies juntos que le salieron bastante limpios y bonitos. Pero otra vez, perdió el premio con los aceros lo que, sin embargo, no impidió que pudiera dar una vuelta al ruedo un tanto por su cuenta, la única que se dio en el festejo.

 

Rubén Pinar es tan solvente y torea tan fácil que desmerece por su vulgar expresión. Pinar luce más por eso con los toros fuertes que con lo débiles. No obstante, anduvo sobrado y por encima de las condiciones de sus enemigos que fueron muy deslucidos. Una pena que en esta ocasión fallara con la espada que casi siempre maneja con pronta eficacia.

 

En mi particular opinión, quien mejor estuvo ayer, el que mejor y más finamente toreó fue Miguel Tendero. Le veo con futuro y hasta posiblemente en figura del toreo. Tiene valor del que no se nota, es un virtuoso del temple que le viene por gracia divina – el arma fundamental del toreo – y maneja los engaños con austera elegancia. El temple siempre fue característico de los mejores toreros de Albacete – Dámaso y Caballero como máximos ejemplos -, pero este Tendero es más elegante que sus dos maestros. Con un lote deslucido no se puede estar mejor. Por encima del tercero y más aún del quinto al que exprimió tanto que, por pasarse de faena, parte del público empezó a protestar injustamente. Muy malos aficionados debían ser aunque, al final, todos le aplaudieron con fuerza.     

 

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3ª.- El inconformista magisterio de El Juli y la dulzura imperial de Manzanares

 

Ambos salieron a hombros tras cortar tres y dos orejas respectivamente. La faena del madrileño al cuarto toro de la tarde fue un prodigio de técnica, profundidad, variedad y destreza. La del alicantino al quinto, un sinfónico conjunto escultórico para las antologías del arte. Miguel Ángel Perera, con menos suerte que sus compañeros, anduvo muy valiente y cortó la oreja del sexto.

 

Llegaron las figuras y aunque, incomprensiblemente, no llenaron la plaza, nos dieron una tarde memorable. Pese a la flojera de algunos toros, buena en conjunto la corrida de Domingo Hernández-Garcigrande con dos toros de muy buen juego por más completos, dos medianos y dos muy regulares. Los mejores les correspondieron a El Juli y a José María Manzanares (4º y 5º) y ambos rallaron a gran altura fieles a sus respectivos estilos. Julián López anduvo por encima del primero y clamoroso con el cuarto. Manzanares, muy valiente y luchador con el rajado segundo y sensacional con el quinto. Perera, muy firme con el mediocre tercero y extraordinariamente valiente con el sexto.  

 

Madrid (Carabanchel). Plaza de Vista Alegre. 27 de febrero de 2010. Tercera de feria. Tarde cálida en plaza cubierta. Dos tercios de entrada. Seis toros de Domingo Hernández y Garcigrande. Desiguales de presentación y de juego asimismo desigual con predominio de los nobles en distintos grados de bravura y de fuerza. Noble y enrazado el primero. Rajadísimo el segundo, manejable a menos el tercero. Noble y enrazado pero sin fuerza el cuarto. Muy bravo y con clase el quinto. Y noble incompleto y muy menos el sexto. Los dos últimos tuvieron más presencia y trapío que sus hermanos anteriores. El Juli (nazareno y oro): Estocada baja, oreja justita. Buena estocada, dos orejas. José María Manzanares, buena estocada, gran ovación. Grandiosa estocada de perfecta ejecución, dos orejas. Miguel Ángel Perera (malva y oro): Pinchazo hondo y estocada, aviso y palmas. Pinchazo, estocada y descabello, aviso y oreja Presenció el festejo la Infanta Elena a quien El Juli brindó su segundo toro. Un gran puyazo de José Antonio Barroso al quinto. Muy bien en la brega y en palos Juan José Trujillo y Curro Javier que saludaron sendas ovaciones.

 

La seguridad de las tres figuras ofrecía las más grandes esperanzas. Por algo lo son y lo demuestran casi todas las tardes. El Juli y Manzanares comparecieron nada más regresar de las Américas tras cuajar grandes temporadas y la española la iniciaron por todo lo alto. Inequívocamente magistral el gran maestro madrileño, se superó a sí mismo con la raza y la ambición que le caracterizan. Si bien anduvo con el enrazado primero al que tuvo que “hacer” hasta dominarlo por completo pese a la inevitable desigualdad de sus embestidas, mejor hasta rozar lo inconmensurable con el más bravo aunque débil cuarto al que cuajó un faenón de creciente acople hasta lograr la perfección, entregado y puro en su interpretación de las suertes. Bien y siempre para delante con el capote y absolutamente resoluto con el cuarto con el que bordó el toreo por redondos, al natural y los adornos. Mató muy bien a éste y logró sumar tres orejas porque ya llevaba cortada la del primero.

 

Y en el si tu bueno yo mejor, José María Manzanares certificó los progresos que viene acumulando desde mediada la temporada del 2009 y en América, en una simbiosis de valor, elegancia, temple, armonía y exquisito gusto. Su primer toro se rajó enseguida y Manzanares lo persiguió hasta las tablas uniendo a la guerra sus bellas maneras hasta matarlo con mandan los cánones. Pero si buena fue esta estocada, aún mejor la del quinto toro. Una estocada que me hizo recordar la famosa de Paco Camino en Bilbao de la que hay una foto que todos guardamos. Conservaremos también la de Jose Mari en cuanto la consigamos. Digno colofón, por otra parte, de lo que había hecho antes en su grandiosa faena de muleta. No se puede torear con más empaque, ni tan despacio, ni tan mecido en una obra de redonda inspiración, tanto en las suertes fundamentales al natural como en las cambiadas y en los perfumados adornos que cerraron cada tanda y la faena misma mientras el público, extasiado y en pié, se hacía cruces por lo que acabábamos de ver. Una sinfonía escultórica, dulce e imperial al mismo tiempo.

 

Aunque Miguel Ángel Perera tuvo peor suerte con su lote y falló a espadas por lo que no pudo salir a hombros con sus compañeros, en sus dos toros – mejor al último aunque a muy menos – se volcó en lo que le ha dado fama: La quietud, la intensidad en cada tanda y el mantenerse impávido a costa de cualquier riesgo. Más completa su faena al sexto que la del tercero, quizá por dejar que el toro le enganchara el capote en las dos últimas gaoneras del quite que hizo, el animal se resintió y en la faena se defendió por arriba en más de una ocasión. La primera parte de la faena de Perera iniciada con dos pases cambiados como acostumbra, resultó limpia, quizá demasiado intensa y, desde luego, emocionante. Pero la segunda no aunque, muy al final, volvió a esmerarse con la derecha, el mejor pitón del toro. Lamentablemente, pinchó y tuvo que descabellar tras la estocada que enterró en el segundo envite. Triunfo menor, pues, de Perera, pero triunfo al fin y al cabo con el valor y el corazón siempre por delante. 

 

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4ª.- Genial Morante, transfigurado Talavante y Cayetano sin suerte ni sitio

 

Casi lleno en los tendidos de un público entregado de antemano a los actuantes, vimos otra tarde memorable gracias al genial arte de Morante de la Puebla y al cambio a mejor de Alejandro Talavante que fue quien tuvo más suerte con su lote . Pero los dos estropearon sus obras con los aceros. La terciada aunque bonita y astifina corrida de Núñez del Cuvillo se movió mucho y tuvo que torear en versiones desiguales y hasta contradictorias aunque hubo tres que se dejaron con casta y con nobleza.

 

Sembrado e improvisador, el de la Puebla cuajó una inesperada, bellísima e inspirada faena muy de su corte que emborronó con un feo espadazo. No obstante, le concedieron dos orejas que no quiso exhibir en su clamorosa vuelta al ruedo.  Con su primer toro que apenas duró, lanceó maravilloso a la verónica y cortó por lo sano tras un bonito inicio de faena. Con más suerte en su lote, el extremeño también ensució con los aceros otras dos faenas de tono mayor y torero del bueno, perdiendo tres o incluso cuatro apéndices. Cayetano se llevó la negra y fracasó por irresoluto, falto de forma y de sitio dando muy pobre impresión   

 

Carabanchel (Madrid). Plaza de Vista Alegre. Domingo 28 de febrero de 2010. Cuarta y última de feria. Más de tres cuartos de entrada con buena temperatura en plaza cubierta. Seis toros de Núñez del Cuvillo, terciados y en su mayoría bonitos de lámina. Los anovillados primero y sexto fueron los de peor juego junto al tercero que no dio facilidades. Aunque mansearon en los primeros tercios, segundo, cuarto y quinto rompieron a nobles en el último tercio. Morante de la Puebla (cobalto y oro): Pinchazo hondo en los bajos, ligera división de opiniones. Estocada traserísima y caída, dos orejas protestadas y vuelta clamorosa. Alejandro Talavante (ciruela y oro): Pinchazo, estocada muy trasera y dos descabellos, aviso y gran ovación. Cuatro pinchazos, estocada y dos descabellos, aviso y ovación. Cayetano Rivera Ordóñez (ala de mosca y azabache): Pinchazo perdiendo la muleta y casi entera trasera caída, pitos. Dos pinchazos y estocada trasera tendida, más pitos. Bien en la brega y en palos José Antonio Carretero.    

 

Los que vinieron por Morante salieron más que satisfechos. Otra tarde a la par genial y resolutiva del gran artista sevillano que, desde un tiempo acá, está que se sale por ser el más valiente y el que más y mejor técnica ha tenido entre los toreros de su corte a lo largo de la historia. Magnífico interprete del toreo a la verónica que, por todos los conceptos, es el más caro y auténtico de la actualidad, abrió la tarde obsequiándonos con bellísimos lances y una media de locura. Siguió sembrado en su magnífico inicio de faena y hasta que el toro duró, que fue muy poco, se hundió barroco y arrebujado como solo él sabe y puede hacerlo.

 

Pero lo grande, lo verdaderamente importante llegó con el cuarto toro, un manso del que nadie esperaba nada hasta que Morante empezó su faena de muleta. Obra de mérito técnico, inteligente y en momentos arriesgada pero también muy de su exclusiva cosecha, en la que, apostando fuerte, logró que el animal rompiera a embestir cada vez mejor. La combinación improvisada de las suertes y, muy especialmente, en el toreo cambiado y ayudado, bien por trincheras o de la firma, remates y ese inconfundible andar en la plaza o en el ir y venirse del toro, resultaron tan sorprendentes como generalmente celebrados. Una pena que dejara un espadazo tan feo. Algunos le protestaron mucho las dos orejas. Pero luego de ponerlas en manos de un peón, toda la plaza le aclamó en una vuelta de categoría.

 

Supongo que no pocos también vinieron por Alejandro Talavante y asimismo acertaron. No de lleno y hasta contrariados por lo mal que mató – como tantas y tantas veces – lo que le impidió llevarse varias orejas. Sin embargo y al igual que Morante, satisfizo a los aficionados con una actuación muletera en la que le vimos transfigurado por desprendido del estilo tomasista que tanto le perjudicó y atenazó porque no era el suyo. Claro que ayer tuvo buen material para explayarse, pero aconteció un toreo más hondo, más largo y más flexible. Dentro de los mucho que toreó, sobresalieron sus buenas tandas por redondos y los naturales de su máxima especialidad. Ya sabíamos que la mano izquierda de Talavante es divina, pero la de ayer fue celestial.

 

Quien con más morbo y atractivo debutó en Vista Alegre fue Cayetano. Ídolo de tantas y tantos enamorados del hombre, que no del torero pese al porte que le adorna, a su natural y solemne andar, y en colocarse para los cites mientras los toros se lo permiten. Pero, ¡ay¡, los dos que le cayeron ayer tuvieron problemas y Cayetano naufragó casi por completo, incapaz de resolverlos. Pocas cosas apreciables entre un mar de equivocaciones, destemplanzas, suertes deslavazadas, el no parar quieto ni confiarse pese a lo que anunció con sus repensadas maneras de citar. Lamentable impresión causó y, por ende, siendo la primera vez que se dejar ver por televisión. Una pena.         

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. santiago almodovar seva dice:

    Querido Jose Antonio , esa si es la corrida que yo vi y senti. Como tu me enseñaste durante tantos años por esas plazas del mundo. Un fuerte abrazo.

  2. Aficionado dice:

    No se pierdan lo ublicado en La Charpa del Azabache:

    LA EVIDENCIA, CONCLUYENTE

    A medida que la tarde languidecía más allá de la circense cubierta que pretende servir de cúpula al Palacio de Vistalegre, más se acentuaba la intensidad artificial de su mortecina luz interior. Ese vómito lumínico que naranjea el enfermizo albero de su ruedo.

    Tarde de relumbrón, en que cincuentonas desocupadas dejaron de lado el café y las pastas en casa de Carmencita para irse de la mano de sus bolsos Loewe y Dolce&Gabanna a ver a Cayetano Rivera; criticar, de paso, a Pilarín por lo mal que le salió su estiramiento de cuello; y hablar del nuevo amante de Titina, un monitor de aeróbic especialista en quebrar cornudos con mayor torería que la exhibida por el segundo de los Rivera Ordóñez al ir a brindar el último toro, de la última corrida, del último invento, de los últimos especuladores del recinto de marras.
    Público dispar y heterogéneo que iba del ?ojos glaucos tienes? al ?cómo te lo has llevado?. Miscelánea de contrastes. La pincelada gruesa de Goya, el goterón entintado de Solana, la soflama de la greguería de Ramón Gómez de la Serna.
    Callejón atiborrado de gorrones. Plumillas oxidadas que mendiguean el espacio que les evita aflojar la mosca. Dispensadores del abrazo de la mantis, el beso de Judas y la entrepierna de la Esteban. Morralla de playas sin mar, basura de pozos sin vertedero y en una localidad del tendido 6, el bobo de Zabala de la Serna anotando naderías en su descalcificada prosa.
    En el ruedo, de forma sucesiva y por asumido orden, seis toros de una de las ganaderías más bravas del momento. A pesar de que Núñez del Cuvillo experimente problemas de espacio en su finca de Vejer de la Frontera para acumular tanto animal, la masificación, en su caso, no lleva aparejada una crisis de embestidas. Seis toros encastados, movedizos y garantistas de ese misterio que da en llamarse bravura. Los dos de más acentuado ascendente, en el mismo lote y para el mismo matador. Alejandro Talavante. Un torero con aspecto de actor de reparto en una de esas películas de cine de autor, escasa de presupuesto y de ideas, pero eso sí, mucho drama emocional, mínimos diálogos de engolada escenificación, pausas volitivas de gesto reconcentrado como pretendiendo bucear aguas abajo de un enigma resuelto en el reverso de una tapa de yogur.
    Un toreo bien hecho, escasamente dicho y pésimamente interpretado. Su espada, más endeble que la del as de la baraja cuando pintan copas. Los dos peores toros, también en el mismo lote. Dos testaferros de la nobleza que cupieron en desgracia a Morante de la Puebla. Animales de bravura derivada, a mitad de camino entre el instinto y la inteligencia. Pero he aquí un torero. Morante demostró lo poco gregario del Arte. Lo veleidoso de una disciplina que en él tiene un artista, en Talavante un trapecista y en Cayetano un carterista. La misma gracia que el Cielo le ha negado a Perera, parece haberla centuplicado en el caso de Morante. Goza del privativo don de una torería añeja y auténtica. Una personalidad arrolladora que patentiza en los detalles más menudos. La despaciosidad que fue capaz de imprimir en distintos pasajes de su faena al cuarto, le permitió refocilarse en la quebrada aurora de una génesis de manantial. El toro quedó paralizado en el instantáneo eterno en que se durmió su genio por el pulso intemporal del artista que modelaba el todo de la nada.
    Una sencillez reivindicativa de la vuelta a la Naturaleza. No en balde, esta imita al Arte.
    La ceniza de los puros que en tarde tan señalada no pudo fumarse, tiene más garbo y torería que todo Cayetano. Este Rivera es un 28 de diciembre. Por lo pesado de la broma y por el tributo del inocente. Con lo a gusto que estaba este anodino guapo desfilando en pasarelas para amateurs y engañando a listas incautas, quién le habrá metido en este fregado. Un torero sin divisa, un matador sin don, un diestro sin zurda. Un estevado que es todo pierna y, en sus andares, la repajolera gracia de un campeón en Nintendo. Sus dos toros, por más que se empeñen los catacaldos paniaguados, fueron dos animales de posibles que no llegaron a definirse en solidaridad con su procurador de tormentos. La actitud de este Cayetano no es ni siquiera equiparable a la de un tapia primerizo. Defectos de novel como pretender parar los empellones con las manos y no sacarles los vuelos a los toros en un codilleo que entronca con la tan cacareada ala de pollo. Y si a sus cortas entendederas el oficio no ha puesto coto, qué menos que tirar de valor apelando a reservas de dignidad. Pero, quiá. Ni por esas. Los profesionales suelen llamar a estos tipos ?chuflones?. Especie que prolifera al calor de lo taurino.
    Si este país tuviera sangre, habría habido una revuelta para mandar a este niño a estudiar a Londres y empaquetado con él, a su apoderado en calidad de maestresala.
    Con el quinario que pasan los muchachos que empiezan en esto del Toro, y que este sinvergüenza que ha empezado por donde todos sueñan terminar? Me cago en la puta.

    Para tener que leer luego eso de ?Cayetano siembra su distinción en Bilbao? (Zabala de la Serna en ABC 05/09/05). Cagada Zabala. Claro que este es el mismo necio que señala que ?uno a veces abomina de la rotundidad, de las llamadas faenas rotundas, gruesas, de domadores meritísimos,??, en una cobarde omisión al Juli quien no es, en absoluto, incompatible a Morante. La incompatibilidad del genio de la Puebla se daría en mayor medida con su manoseado ?dios de piedra?, ese José Tomás antojadizo y evasivo.
    Así pues, la evidencia, concluyente. Morante es el más extraordinario artista del momento y Cayetano la más incalificable estafa. No obstante, la recua de estómagos agradecidos que padecemos en los medios de comunicación y que no tienen valor, y sí intereses para obviar este punto, siguen mirando hacia otro lado para continuar hocicando en sus respectivos pesebres.
    A todo esto, Pituca, Lali, Luchi, Mati y Maritina, después de poner a Carmencita, Pilarín y Titina de chupa de dómine, se fueron encantadas por lo guapo que había estado Caye.

    Vivir para ver.
    Francisco Callejo

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