La estulticia, la mansedumbre y la vergüenza torera

La estulticia

 

La mansedumbre

 

El bando taurino, por su parte, se comportó de una forma muy modosita y educada. Demasiado. Exceso de nobleza rayando la mansedumbre. Esforzándose por dar la impresión de gente civilizada, hubo mucha prudencia. Virtud en principio buena que al enemigo le produce la impresión de debilidad y falta de convicción. Yo hubiera sido más enérgico y hubiera llamado al pan, pan y al vino, vino. Por ejemplo, hubiera dicho que es un auténtico escándalo estar debatiendo sobre los derechos de los animales cuando se acaba de aprobar una ley del aborto que consagra el genocidio y el asesinato masivo. No hay que tener miedo a decir la verdad. Con los antitaurinos me hubiera mostrado hiriente y despectivo. Porque tienen derecho a que no les guste la Fiesta de los Toros. Con no acudir a las corridas, solucionado. Pero no tienen ningún derecho a prohibir nada ni a limitar nuestra libertad. Son antidemocráticos. Y ellos son los que agreden y los que insultan, por lo tanto no merecen ningún respeto.

 

Habría que haber hablado también del tinglado que tiene el argentino ese, trincando subvenciones de toda clase de instituciones para darse la gran vida. Así tira el dinero la administración y luego no lo hay para asuntos verdaderamente necesarios. Y con los políticos habría que haberse mostrado exigentes, no suplicantes. No hay que pedir que nos dejen con nuestra afición. Hay que exigírselo y recordarles que ellos están para administrar el dinero público y no para inmiscuirse en la vida privada de los ciudadanos.

 

En esta democracia pervertida que padecemos, son los políticos los que están pidiendo explicaciones a la ciudadanía, cuando debe ser exactamente al revés. Y con Esquerra, principal impulsora de este aquelarre, ni agua. Antipatía total recordando y repitiendo que de lo que se trata es de una jugada del nacionalismo para insultar a lo español. Y habría que haber sacado los mil trapos sucios que tienen los partidos nacionalistas que los incapacitan para dar lecciones de moralidad u honradez.

 

La intervención que sí me gustó fue la de Salvador Boix, que exigió a los políticos una disculpa a los aficionados, vejados e insultados, cuando son  ciudadanos ejemplares, que pagan sus impuestos y no se meten en la vida de nadie.

 

La vergüenza torera

 

En estas, Esperanza Aguirre decide declarar a la Fiesta de los Toros Bien de Interés Cultural. Muy bien hecho. Ya se han sumado a esta iniciativa Valencia y Murcia y, seguramente, en los próximos días se sumarán más regiones. En mi entorno, poblado mayoritariamente por no aficionados, ha gustado mucho la decisión. Porque aunque los toros no les interesen, la mayoría de la gente entiende que forman parte de la vida del país y no hay por qué prohibirlos Y el asunto de Cataluña se percibe como un insulto al conjunto de los españoles. Pero mira, no hay mal que por bien no venga. Después de muchos años de tibieza, los políticos están empezando a reaccionar, sin miedo a los apóstoles de lo progre y de lo políticamente correcto. Y habría que conseguir en las Cortes Españolas un acuerdo entre los dos grandes partidos que se plasme en una ley que blinde a la Fiesta de cualquier intento abolicionista y la ponga al mismo nivel que los otros espectáculos o deportes. El mal trato recibido durante años por aquello de qué dirán en Europa, no puede consentirse. Los taurinos se merecen el mismo trato que el resto de los ciudadanos. Ni más ni menos.

 

Y ahora, para que el gesto de vergüenza torera de Doña Esperanza no se quede en un brindis al sol, habría que recordarle que en la región que gobierna, taurinamente hablando, tiene los deberes sin hacer. Son varios los que tiene pendientes:

 

Es necesario, en primer lugar, un nuevo pliego para la plaza de Madrid, donde lo más importante sea la calidad de los festejos y no la rentabilidad económica. También debe tener claro que hay que potenciar la temporada y no solo San Isidro. Los que vamos todos los domingos a los toros, también debemos ser escuchados y no solo el público de San Isidro. ¡Ah! Y habrá que fijar en el pliego unos claros criterios de baremación para que la concesión de las Ventas no vuelva a oler nunca más a pucherazo.

 

Habría, por otro lado, que derogar ya el nefasto Reglamento de Espectáculos Populares que promulgó Ruiz Gallardón para contentar a sus amigos progres de “El País”. Nuestros encierros y capeas han quedado reducidos a la mínima expresión y existe una total unanimidad en el mocerío y la vecindad de los pueblos afectados en que esto hay que cambiarlo. Que brille la democracia… Que haya todas las garantías sanitarias y de seguridad del mundo, pero sin coartar la fiesta.

 

Y ¿qué hacer con la Escuela de Tauromaquia? Hace mucho tiempo que no salen buenos toreros de ella. Se ha convertido en una guardería para adolescentes que no quieren estudiar ni trabajar. Solo quieren ligar con incautas en las discotecas con la excusa de que son toreros. La Escuela hay que reconducirla y quien no demuestre con hechos delante de los novillos que quiere ser torero, fuera.

 

Y, por último, queremos muchos más toros en Telemadrid. Estoy seguro de que las dos Castillas, Andalucía, Extremadura, Aragón La Rioja, Navarra, el País Vasco… van a dar muestras en los próximos días de su simpatía por la Fiesta de los Toros. Los que querían extender la epidemia al resto de España han fracasado estrepitosamente.  

 

¡Enhorabuena, señores!

3 Resultados

  1. Juan Mari de Chinchon dice:

    OLE, OLE Y OLE¡¡¡¡¡¡
    POR FIN ALGUIEN SE ACUERDA DE LAS RAICES DE NUESTRA FIESTA. HAY QUE RECOBRAR Y PROTEGER LOS FESTEJOS TAURINOS POPULARES.

  2. COMENTARIO dice:

    De acuerdo en casí todo.
    El fuego antitaurino que intentan avivar sin cesar los prohibicionistas, no es nada pequeño. Y está siempre ahí. Es facilísimo atizarlo constantemente. Destruir es muy fácil. Pensemos en la cantidad de anormales analfabetos comedores de filetes, que intentan impresionar en las discotecas, (o en una cátedra)… fingiéndose pogresistas, uropeos, zibilizados y sensivles, a base de despreciar el toreo.
    No olvidemos tampoco la cantidad de politicastros que evitan por todos los medios significarse como, si no defensores del toreo, siquiera como personas que no están de acuerdo con su prohibición.
    Hablar con los prohibicionistas es reconocerles que tienen alguna razón.
    Para estar a su nivel deberíamos obligarles a ir a los toros sí o sí.
    Siempre tener presente que hablar con los intolerantes es un error:cuando una plaza parlamenta, ya está tomada en su mitad.
    HAY QUE ENSEÑAR A LA BUENA GENTE, PORQUE EN EL FONDO LO DESCONOCE, QUE LOS PROHIBIDORES DEL TOREO SON MALAS PERSONAS. MA-LAS.

  3. ramon dice:

    A los antitorinos los metia yo la cabesa en el water, jajajaja hijos de su madre que tendran mucho estudio y la selectividad pero seguro que no sabe lo que es trabajar un jormal en el campo. vivan los toros, viva el TATO cojones meo torero de to el mundo.

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