1527620464_DSC_8935

22ª de San Isidro en Madrid. Bastante menos de lo esperado

Los paganos de tal estado de las cosas en la llamada primera plaza del mundo, son los toreros y la mayoría de los espectadores que pagan por ver torear. Los de ayer de Torrehandilla y Torreherberos que hicieron de cuarto y de sexto, embistieron punteando incesantemente por arriba con más o menos intensidad. Templar ese defecto es tan difícil que muy pocos toreros – no más de tres o cuatro – son capaces de impedir que los pitones de estos animales les tropiecen los engaños. Si enganchan ya con los capotes, aún más con la muleta. Pues a ver, que vengan alguien a solucionar el problema. Lo dicho, sobran dedos de una mano. Los tres toreros que alternaron ayer tiene muy buen concepto del toreo. El más veterano, Daniel Luque, aunque no anda en su mejor momento, lo tiene demostrado aunque no en la medida que todos quisiéramos y él a la cabeza.  El gaditano David Galván casi otro tanto aunque adornado por la sal marinera de su tierra. Y el favorito de la tarde, el toledano Álvaro Lorenzo, tras su gran triunfo en la pasada Corrida del Domingo de Resurrección (tres orejas tres y salida a hombros por la Puerta Grande), compareció con seguras papeletas para premio en esta Feria de San Isidro. Tanto fue así, que el publico le obligó a saludar una ilusionada e ilusionante ovación tras finalizar el paseíllo.  Pero, ¡ay los peros!, las ilusiones del torero y las del público se frustraron con, eso sí, con la miel en los labios de los aciertos que mostró más cuando pudo que cuando quiso. Y quiso mucho Lorenzo, hasta pasarse de rosca.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Martes, 29 de mayo de 2018. Vigesimosegunda de feria en tarde de nubes que se despejaron momentáneamente hasta salir el sol y más de media entrada.  

Toros de Torrehandilla y Torreherberos (4º y 6º), todos cinqueños, muy serios por su abundante y agresiva encornadura. Los seis pegaron demasiados tornillazos y tuvieron pobre fondo en distintos grados. Destacaron por más  bondadosos el quinto 5º aunque sin finales, y el sobrero de Virgen María que reemplazó al tardíamente devuelto sexto, con más de cinco años y noble sin clase.

Daniel Luque (carmelita y oro): Pinchazo hondo y descabello, aviso y saludos). Pinchazo y estocada, silencio.

David Galván (corinto y oro): Estocada, palmas con saludos. Estocada, ovación.

Álvaro Lorenzo (davidoff y oro): Estocada baja, aviso y silencio. Pinchazo y estocada, aviso y palmas con saludos.

A caballo destacó Juan Carlos Sánchez picando al tercer toro. En la brega, Raúl Núñez y Sergio Aguilar. En banderillas, Rafael Limón. Y en pares sueltos, Sergio Aguilar, Raul Caricó, Álvaro Núñez, “Puchi” y Marcos Ortiz.

Bueno y ahora que salga el manguero que vamos a regar. Templar es absolutamente fundamental en el toreo. Si se ha perfeccionado hasta grados inverosímiles, es gracias al temple. Hay toreros, muy pocos, que poseen este don. La mayoría de los calificados como figuras del toreo y a la cabeza de todos, Enrique Ponce, que por eso es el Emperador. Los otros buenos en templar, son reyes.  Los tres matadores de ayer, ya lo hemos dicho, fueron y son ilusionantes. A los tres les vi de novilleros y los tenían muchas posibilidades de llegar a todo lo alto. ¿O no?

Pues ayer vimos con cierta tristeza que sí pero no. Si, por su gran concepto del toreo. No, porque no acaban de progresar en cuanto a su capacidad de templar embestidas escasamente templables cual ocurrió en mayor o menos grado con los toros de ayer.

El caso fue que, cuando bajaron la mano al torear con la muleta, pareció que las faenas romperían. Esto ocurrió sobre todo con Daniel Luque en su faena al primer toro. Tardó mucho en acoplarse del todo Daniel, hasta escuchar un aviso antes de pinchar en su intención de matar. Y la gente aplaudió más al toro en el arrastre que al torero cuando saludó.

Cada ves que vemos a Daniel Luque, esperamos ansiosos su toreo con el capote a la verónica en lo que es virtuoso. Ayer aconteció esto aunque no del todo en el recibo del cuarto toro de la tarde lamentablemente enseguida venido a menos por su poquísima fuerza. Lo mejor de la faena de Luque fue la estocada con que mató a este muy feble animal.

David Galván en el segundo toro cantó La Parrala: “Que si, que no…” En la lidia de este animal, se destapó Álvaro Lorenzo en su quite por preciosas chicuelinas. El de Toledo marcó la diferencia. Y en la faena de Galván se alternaron momentos de temple y momentos de suciedad con los consiguientes enganchones. La faena en su mejor versión, aparecía y desaparecía. Entonces, ¿por qué Galván no templó durante todo el trasteo?. Si era capaz y a la vez incapaz de conseguirlo, se lo debía hacer mirar…

Y mira por donde que, cuando le llegó el colorao quinto a sus manos tras recibir al animal con una larga de rodillas en el tercio y alternó verónicas con chicuelinas vistosas, no tardó en templar lo debido con la muleta en una faena sobre la mano derecha que tuvo largos momentos de brillantez insdiscutible con la mano derecha por redondos ligados a pectorales que se nos encendieron las pajarillas lamentablemente apagadas cuando el toro, cuasi repentinamente, se apagó como lo hacen los cabos de vela mientras el torero tuvo que recetar los muletazos de uno en uno hasta no poder dar ninguno más.

Ya hemos dicho que Álvaro Lorenzo compareció de favorito. El tercer toro se paró antes de la cuenta, ya con el capote tras huir en su salida, como hicieron casi todos los de ayer. Tras quitar brevemente Luque a la verónica, Álvaro brindó al público su faena. Pero tan buenos propósitos se estrellaron enseguida por la blandura del animal y su progresivo apagamiento. Mal con la espada y un primer “vaya por Dios”…

Fue una pena que tuvieran que devolver a los corrales al bellísimo ensabanado cuasi albahío sexto. Se resistió el presidente que aguantó la bronca hasta que cedió y dejó salir a un sobrero de “Virgen María”. Veroniqueó Álvaro con buen juego de brazos.  Tras salir de naja en varas, el animal desarmó dos veces y persiguió ferozmente a un peón que tuvo que tirarse de cabeza al callejón. Pasado el susto, el toro llegó a la muleta noble aunque sin alegría. Embistió más bien con tristeza. Álvaro Lorenzo lo intentó todo y en varios terrenos mostrando su toreo líquido, que no sólido como el de la mayoría de coletudos. Algunos muletazos, de cartel. con muy buen gusto. Pero, poco a poco, se fue apagando el animal, y Lorenzo tuvo que recetar los pases de uno en uno hasta que las embestidas fueron diluyéndose e impidiendo el tan buscado como finalmente frustrado clamor.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Aficionao dice:

    Yo vi a Álvaro Lorenzo muy por encima de su lote de bueyes que salieron ayer por los Chiqueros de las Ventas. Un torero muy joven, capaz y de gran clase. Y con valor. Cortó tres orejas hace un mes y Leo esta crónica y parece que se le fue la oportunidad de su vida. Se tratará mucho mejor si su temporada sigue la senda triunfal (o si le apodera una casa grande)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: