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23ª de San Isidro en Madrid. Una cogida exagera el triunfo de Castella en tarde magistral aunque sin suerte de Ponce

Otra corrida con solamente un toro lucido y lucible. Fue el quinto de Garcigrande – cumplió el refrán como tantas veces – de nombre “Juglar”. Y mira por donde, el nombre sugiere su musical  y allegro comportamiento.

Pronto y alegre con briosa y melodiosa embestida aunque, repentinamente, al dar un lance Sebastián Castella le pisa el pie y resulta aparatosamente cogido y zarandeado con sensación de haber recibido una cornada de seria gravedad. Afortunadamente, solamente resulta herido en el pie que le vendan junto un burladero. Se tarda en remendar el accidente y, mientras tanto, Enrique Ponce se hace magistral cargo de la lidia hasta el segundo puyazo con Castella por fin repuesto. La emoción sube de grados con varios muletazos de rodillas  en el arranque de la faena de muleta y el corpus central del trasteo acontece estimablemente en sucesivas rondas con la mano derecha – apenas se lo pasó al natural – hasta matar de una gran estocada – lo mejor con mucho de esta actuación -, lo que provoca una desaforada petición de orejas.  El presidente, supongo que también llevado por la emoción, termina por conceder el segundo trofeo y se dividen fuertemente las opiniones aunque la mayoría celebra el abultado y a todas luces exagerado triunfo que, tras pasar a la enfermería, termina con Castella a hombros por la Puerta Grande. Barato honor por cierto. ¿Cuando esta plaza va a respirar al unísono? Me temo que nunca.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Miércoles, 30 de mayo de 2018. Vigésimo tercera de feria con  Lleno de «No hay billetes» y tarde medio nublada y muy ventosa.

Cinco toros de Garcigrande y Domingo Hernández (tercero). Mansos en general y de muy mal juego, salvo el quinto que resulta superior. Por devolución del muy débil segundo, se corrió un sobrero de Valdefresno, manejable aunque de muy corta duración. Dispares en hechuras y muy descarados de agresivos pitones.

Enrique Ponce (corinto y oro): Estocada, intensa y muy larga ovación. Pinchazo y estocada caída, palmas con saludos.

Sebastián Castella (marino y oro): Tres pinchazos, media caída y descabello, dos avisos y silencio. Estocada, dos orejas, la segunda de regalo. Salió a hombros tras pasar por la enfermería.

Parte facultativo de Castella: herida por asta de toro en cara lateral de la parte posterior del pie izquierdo. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico reservado y pendiente de estudio radiológico”.

Jesús Enrique Colombo (azul pavo y oro): Pinchazo y estocada trasera, silencio. Buena estocada,  ovación de despedida.

A caballo, destacaron José Palomares y en un solo puyazo Manuel Quinta Jr. Sensacional en la brega del segundo toro Mariano de la Viña. En palos, sobresalieron Jocho y Rafaél Viotti en pares sueltos.

Enrique Ponce, en un relajado muletazo

Enrique Ponce, tras apadrinar la confirmación de alternativa al venezolano Jesús Enrique Colombo que solamente se lució y no del todo en banderillas, se tropezó con el peor toro con mucho del envío. Un barrabás al que sometió magistralmente muy a la antigua usanza con pases de castigo por bajo, terminando jugándose largamente la cornada y hasta la vida – por muy poco se libró en cuatro ocasiones peligrosísimas – dando fin al marrajo de pinchazo y estocada defectuosa. Regresar tan campante al hotel a sabiendas de lo que acababa de exponer – solamente  pensando en el dicho clásico “otra vez será” – a estas altísimas alturas de su carrera – porque con su primer toro, un sobrero de Valdefresno escasamente duradero en su franco embestir, estuvo como suele. Poderoso a la vez que tan calmado como sedoso, natural y lentamente templadísimo.

Ponce, muy cerca del triunfo en Madrid

Colosal vamos… hasta matar de gran estocada desprendida. La brevedad de esta gran faena que, aunque obligadamente corta, fue la mejor de la tarde, dejó la cuestión en una larguísima e imponte ovación sin que el gran torero pretendiera iniciar una merecida vuelta al ruedo que debió dar en mi opinión. No obstante, Ponce fue tratado con notorio respeto y gran admiración por la inmensa mayoría del público que no escatimó ovacionar al gran maestro durante sus dos actuaciones.

La mala suerte también se cebó en el toricantano Colombo. Como ya hemos dicho, sin más brillante quehacer que su lucido tercio de banderillas porque, para la muleta, el toro de su confirmación fue francamente mediocre hasta pararse antes de la cuenta.

Colombo quiso volcar la tortilla con el sexto. Empezó a llover aunque solamente en dos instantes. Un animal que se picó por su cuenta de caballo de puerta a caballo de tanda, derribando en el primer encuentro. Espectacular, variado y certero en banderillas anduvo el joven venezolano quien, sin embargo, luego resultó varias veces desarmado en su ansiosa faena de muleta con otro toro que tampoco mereció la pena, dado su muy escaso y vulgar comportamiento.

Tal cual había sido el muy mediocre y cabeceante tercero con el que el espada francés, Sabastián Castella, se eternizó en un trasteo absolutamente vulgar hasta agotar la paciencia del público. Escuchó dos avisos, el segundo mientras intentaba matar tarde y mal.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Santiago dice:

    Totalmente de acuerdo, la faena de Castella a su segundo hubiera sido distinta si no lo coge antes. Lo que no comprendo es porque no torea así siempre y se ha vuelto un conformista.

  2. José dice:

    Muy acertada crónica

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