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25ª de San Isidro en Madrid. Por momentos, Cayetano resucitó a su abuelo en Las Ventas

Sí. Ayer disfruté muchísimo – no sé si otros espectadores también – viendo como Cayetano, en determinados y largos momentos se convertía en su abuelo Antonio Ordóñez al que tuve la dicha de ver infinidad de veces gracias a mi precoz afición que me hizo seguir de plaza en plaza junto a  mi padre y, ya de mayor aunque todavía joven, hasta que toreó su última “goyesca” en Ronda. Si, además, yo como mi familia desde mi abuelo paterno que fue íntimo del abuelo Cayetano, El Niño de la Palma, tuvimos la dicha de ser grandes amigos del inolvidable gran maestro y de sus hermanos. Todavía vive Alfonso del que soy compadre y espero que por muchos años. En la estelar actuación de ayer en Madrid, a Cayetano solo le faltó hacer lo que, ante las protestas de un amplio sector del público con los “sietemesinos” de entonces a la ridícula y ruidosa cabeza, interrumpió en seco la vuelta al ruedo con la oreja que le habían concedido en la mano y, en un gesto de soberbia característico de su enorme personalidad, cruzó la plaza despreciando a parte de los tendidos de sol y a parte de los de sol y sombra, despreciando a cuantos le chillaban al tiempo que la más selecta afición de Madrid, como ayer por cierto, le aplaudía a rabiar. Ayer debería haber hecho lo mismo su nieto. Pero salvo en esta falta, confieso alborozado que me hizo recordar a la solemne y empacada soberbia imagen de su abuelo, singularmente heredada para gloria del toreo eterno del que el actual Cayetano es su representante junto a José Mari Manzanares que ayer se llevó lo peor de la corrida de Victoriano del Río y solo pudo reeditar algunos momentos de su gran clase.

Mala racha lleva la excelente ganadería como hemos podido comprobar en las dos corridas que ha traído este año a la Feria de San Isidro. Y bien que lo sentimos aunque dos toros de la de ayer, tercero y sexto, se acercaron a su estupenda fama.

El cuarto, por cierto, le correspondió a Sebastián Castella quien lo lució y se esmeró intentando repetir el triunfo de su anterior comparecencia. Intento fallido en el tramo final de su brillante faena cuando el burel se vino abajo y el espada francés tuvo que recurrir a un vulgar arrimón hasta fallar con la espada mientras sonaban dos avisos y a punto del tercero.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Viernes, 1 de junio de 2018. Vigésimo quinta de feria con tarde primaveral y lleno de «No hay billetes».

Seis toros de la ganadería de Victoriano del Río y de Cortés (tercero).  Bien aunque desigualmente  presentados y también de juego desigual, destacando los mejores por buenos tercero y cuarto.

Sebastián Castella (rojo teja y oro): Dos pinchazos y estocada corta, aviso y silencio. Pinchazo y media estocada, dos avisos  y ovación con saludos.

José María Manzanares  (terciopelo granate y oro): Media estocada, silencio. Espectacular y buena estocada, silencio.

Cayetano (carmelita y oro): Estocada, oreja con estúpida división de opiniones. Estocada, petición y ovación con saludos.

De las cuadrillas, destacaron a caballo los picadores José Doblado y Chocolate que fue derribado. En la brega y en banderillas, soberbia actuación de Iván García seguido de Joselito Rus. Y en pares sueltos, José Chacón, Rafael Viotti en dos toros, “Suso”, Luís Blázquez y Alberto Zayas.

Como ya han podido leer, el gran protagonista del festejo ya reseñado fue Cayetano en su mejor actuación de las que lleva en Madrid que es su ciudad de nacimiento. Hasta podríamos decir que fue tarde de consagración pese a las estúpidas discrepancias que intentaron ensuciar la por lo demás clamorosa vuelta al ruedo que emprendió estoico y en cierta manera desafiante tras aguantar el “chaparrón”. Aquí mismo me las den todas, pareció decir con su chulesco gesto, haciéndonos recordar a su abuelo Antonio Ordóñez. Y no solo este gesto, también en varios pasajes tanto con el capote como, sobre todo, con la muleta en sus dos faenas. La más grande por más completa la brindó al público. Y la del sexto toro a su tío a sus más íntimos amigos aunque desde donde yo estaba no pude distinguirlo. Alguien en dijo que el brindis se lo dedicó a Curro Vázquez que bien se hubiera merecido el honor ganado durante toda su vida porque Curro junto a su mujer y a sus hijos fueron la familia digamos “normal” que amparó a los hermanos cuando fueron las más dolientes víctimas de los avatares que tuvieron que afrontar, sobre todo y todavía siendo niños y en su primera juventud.

Bien ganada se merecía la estelar actuación de Cayetano ayer quien, como ya he dicho, nos hizo recordar a su abuelo Antonio quien debió gozar muchísimo viéndole torear desde el Cielo.

Cayetano entrelazó su gran y enrazado valor, su empaque, su gracia, los muchos detalles que en forma y en fondo desprendieron olor, sabor y color rondeños, mas una admirable y fácil naturalidad que expresó de principio a fin frente a sus dos enemigos o mejor decir amigo respecto al tercer toro y bastante menos grato el sexto con el que fue a por todas. Desde su muy preparada larga cambiada, recetada en pie, a bordarlo por dulces chicuelinas paseadas al llevarlo al caballo, su comienzo de faena de rodillas y al mismo tiempo elegante – ambas cosas son muy difíciles de combinar – y en también enrazada faena hasta que el toro fue viniéndose abajo y se rajó, momentos antes de que Cayetano lo matara de ejemplar estocada.

Su más redonda faena de muleta al tercer toro que arrancó con ayudados por alto sentado en el estribo, continuó soberana con la mano derecha, la primera tanda realmente superior y aluego paso a paso y pase a pase desde el momento en que el toro fue yéndose a las tablas, ya rajado, en donde hasta pudo repetir sus redondos y algunos naturales antes de desplantarse de rodillas con sublime y emocionante naturalidad. La plaza ardía antes de matar Cayetano pronto y bien. ¿A qué vinieron entonces las protestas, incluso anteriores al fin de su esplendida labor?. A tratar de impedir como fuera que triunfara. El incuestionable éxito de Cayetano, contra viento y marea pues, quedó certificado por la enemiga de los “sietemesinos”. Ellos quizá ignoren que sus protestas certifican la grandeza de quienes son objeto de sus maledicencias.

Cayetano echó las dos rodillas por tierra en el inicio de faena al sexto toro de Victoriano del Río

De modo y así que, mi “¡enhorabuena” más feliz para Cayetano por lo acontecido. Y aquí paz y después gloria aunque, al mismo tiempo, los españoles de bien, comenzamos a padecer el momento más triste de nuestra vida. Los de mi edad y los más jóvenes veníamos disfrutado de la paz y del progreso. Hasta ahora mismo, todo se ha venido abajo y puede que, si Dios no lo remedia, estamos en la antesala de otro gran desastre nacional. Los nuevos políticos del socialismo, del comunismo, del populismo, del nacionalismo y del separatismo están empeñados en cargarse todo lo mejor que acabamos de gozar durante tantos años. Hay que cambiar ya la ley electoral y que la nueva impida gobiernos frankestein. ¿Coaliciones? Dos partidos como máximo. Y doble vuelta. Lo de ahora ha sido un atraco que debería penarse.

      

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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