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4ª y última de Hogueras en Alicante. el bravo triunfo de dos colosos, Ponce y El Juli

Rosario Pérez en ABC

Si quieres paz, prepárate para la guerra. Solo o con aliados. Y El Juli ha encontrado el más fiel en Garcigrande, un hierro al que conoce del derecho y del revés. Su tándem ha edificado triunfos sonados y cantados. Y ayer no fue menos: por San Juan, se convirtió en el primer amo y señor de las bravas embestidas del segundo toro. Templado desde el saludo, Julián López quitó por chicuelinas y cordobinas. Tuvo el gesto de brindar a Palazón, vencedor de la batalla a un cáncer. Rodilla en tierra, con mando y torería, descorchó la faena. Parecía que no andaba sobrado de fuerzas… ¡Y qué bravura, acometividad y fijeza desarrolló «Mambo»! Obedeció a los muletazos por abajo de su frondosa faena, en la que el madrileño condujo como quiso y por donde quiso al rival salmantino, perdón, aliado, pues se rindió a su profundo gobierno. Lo entendió perfecto, con esa manera tan suya de, en una misma serie, lo mismo torearlo hacia fuera que hacia dentro, de llevarlo ahora por aquí y luego por allá. Nacieron dos tandas rotundas a izquierdas, ligadas y a rastras, con ambición de figura. Giró después como un compás, con «Mambo» comiéndose la muleta sobre la mano de la cuchara. La estocada cayó baja, pero la plaza estaba de fiesta y pidió con énfasis las dos orejas.

Fue la explosión inicial de una corrida con casta y bravura, «correosa» a veces, que hizo a matadores y cuadrillas «sudar la camiseta» en tiempos de Mundial y hasta poner en apuros a los más avezados. ¡Qué manera de embestir!

Quería más El Juli y salió a por todas con un quinto que derribó al piquero. Hasta tres quites, ante el asombro del personal, se marcó: uno por zapopinas, otro por faroles deslumbrantes y un tercero en el que dibujó un eterno circular invertido con el capote. ¡Qué barbaridad! «¡Juli, Juli!», gritaban a coro los tendidos. Después de tan sorprendente recital, el animal fue a menos en la muleta hasta terminar acobardado en tablas.

Un señor puyazo había recibido el primero. Empujó «Guijarrito» hasta sacar el caballo a los medios y se llevó una vara kilométrica. Todo estaba a punto de caramelo y Enrique Ponce brindó al público. De las dobladas brotó un manantial de torería, con un arriesgado cambio por detrás. Prosiguió sobre la derecha, ligando en redondo, y se adornó con molinetes. Oxigenó entre ronda y ronda al encastado ejemplar, que no era fácil. Enseñoreó una a izquierdas, de vuelos y temple. Series y series, y el toro seguía y seguía hasta el broche por jaleadas poncinas. Tanto se extendió que oyó un recado presidencial cuando se perfilaba para matar: el bajísimo acero apagaría el éxito. «Guijarrito» quiso ser una excepción en las teorías bravas y se marchó a morir a chiqueros, tragándose la muerte hasta casi bordear los tres avisos. Gran ovación al toro y al torero. Con esa afición inagotable, el valenciano no estaba dispuesto a marcharse a pie. ¿Alguien lo dudaba? Cuajó una intensa y estupenda obra al emocionante cuarto, un «Borrachito» con movilidad al que ligó multitud de muletazos, ebrio de toreo, con un cambio de mano mayúsculo y la plaza rendida a su magisterio. La vuelta al ruedo con el doble trofeo fue de manicomio.

Toda la gloria era para Ponce y El Juli, El Juli y Ponce, dos colosos del toreo que apasionaron y se marcharon por la puerta grande en la brava corrida de Domingo Hernández. Ardiente traca final de Hogueras.

El Juli dio un recital con el capote
El Juli dio un recital con el capote

PLAZA DE TOROS DE ALICANTE. Domingo, 24 de junio de 2018. Última corrida. Tres cuartos de entrada. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande (4º y 5º), bravos, con casta y de gran juego en líneas generales; alguno se rajó.

ENRIQUE PONCE, de turquesa y oro. Bajonazo y cuatro descabellos. Dos avisos (saludos). En el cuarto, estocada trasera y desprendida (dos orejas).

EL JULI, de chocolate y oro. Estocada baja (dos orejas). En el quinto, pinchazo hondo y descabello (saludos).

CAYETANO, de azul pavo y oro. Pinchazo y estocada tendida (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada (palmas de despedida.

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La versión de Toromedia sobre Ponce

 DOS OREJAS QUE PUDIERON SER CUATRO EN ALICANTE

Dos orejas que pudieron ser cuatro en Alicante

 

Ganadería: Garcigrande

Continúa el paso firme y majestuoso de Enrique Ponce por la presente temporada. Hoy ha pisado una plaza especial para él, Alicante, y se ha dado por completo a esa afición y a la memoria del maestro de esa tierra. Enrique hace los homenajes como mejor sabe: toreando. O mejor aún, cuajando faenas para el recuerdo. Ponce está logrando este año eso tan difícil -casi imposible- de citarse con las musas cada tarde, en cada corrida, en cada plaza… Y alicante le vio triunfar, pero el resultado contable estuvo muy por debajo de lo realizado por el maestro en el ruedo. Fueron dos orejas, pero la tarde fue de cuatro. Tal fue el despliegue poncista hoy en este coso levantino, cuna de los Manzanares.

Al primero de la tarde lo toreó muy bien con el capote y el toro hizo buena pelea en el caballo, destacando José Palomares en un gran puyazo. Conservó esa raza el toro en la muleta, pero Ponce aplicó suavidad a través de su muleta y obró el milagro -ya casi habitual en este torero- de construir una faena bella. Presidieron la suavidad y el empaque de este torero, una plasticidad que preside todo lo que le hace a los toros, desde los doblones iniciales hasta las poncinas del final. En medio toreo terso, aterciopelado y abandonado. Una faena de triunfo grande de no ser porque el toro tardó en caer después de la estocada y eso enfrió al público después de sonar dos avisos.

También colaboró el cuarto de la tarde, un toro de Garcigrande al que el maestro cuajó de principio a fin. Esta fue una faena de esas que no dejan resquicio a la duda: redonda y rotunda. Otra vez la suavidad se hizo presente desde los primeros compases del trasteo y más tarde Enrique enceló al toro dejándole la muleta puesta y haciéndole repetir en su embestida. Corregidos defectos y construida la embestida, llegó el recital, basado fundamentalmente en el toreo diestro porque el toro no embestía igual al natural. Faena de altos vuelos que entusiasmó al público alicantino y que de nuevo incluyó la traca final de las poncinas, que puso a la plaza de pie. Alicante se rindió al maestro y esta vez sí le vio pasear las dos orejas. Repetimos, corto premio para una tarde excelsa.

Fotos: Julio Maza

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