3ª de la Semana Grande de San Sebastián. Otra tarde en familia y a orejita por coleta para Castella y Gines Marín

Ginés Marín, en un pase de pecho

A muy feliz sabiendas de que antier, Ginés Marín había logrado indultar en Dax un toro de Santiago Domecq – ganadería titular de esta tercera de la Semana Grande donostiarra -, acudimos animadísimos a Illumbe porque ese indulto había sido algo así como la vuelta a su mejor estar de quien en la presente temporada andaba dando tumbos, alicaído y como desinteresado en ser quien desde que apareció en el firmamento taurino nos pareció el llamado a ser gran figura a poco que persistiera en lo conseguido desde que le vimos de novillero en la plaza de Olivenza. Y la verdad sea dicha con tristeza, el Gines Marín de la presente campaña no estaba siendo ni de lejos lo que había anunciado en la feria de San Isidro del año pasado. Dicho esto, con su corte de oreja de ayer en San Sebastián frente al sexto toro de, mira por donde, también de Santiago Domecq, no dio la por todos ansiada talla. Y no fue que estuviera mal, pero tampoco como para tirar cohetes y desde luego por bajo de sí mismo. Mientras abandonaba mi localidad y el público pedía orejas, un señor me preguntó que si iban a ser una o dos. ¿Dos?… ni en sueños, le dije. Y así fue. Con una sobró. Claro que antes, frente al quinto toro de la tarde, que fue el primero en dar buen juego de la que había sido muy mala corrida, Sebastián Castella volvió a parecernos una ensalada de endivias sin roquefort. Cual soldadito de plomo quintuplicó muletazos sin alma ni cante, como prefabricados, unos igualitos a otros, todos sin sal ni pimienta. Tal cual permanece en estos espero que últimos años de su ya muy larga carrera.

Sin embargo a lo ya dicho, no fue lo menos malo de la tarde. Lo peor fue que en la plaza de Illumbe hubo aún menos público que en la jornada anterior. Dio pena verles hacer el paseíllo con semejante panorama. Sin duda fatalmente sorprendidos al comprobar lo que no querían ni pensarlo. Otra vez en familia con lo que ello supone para mal a cargo del ya muy veterano espada francés y de Ginés Marín respecto al poco o nulo tirón taquillero de ambos. ¿Volverán a ser contratados el año que viene con los mismos emolumentos? Lo dudo. Pero en estas dudas, no quiero ni pensar en que a Ginés Marín lo aparten de las grandes citas junto a las máximas figuras que es de lo que viene gozando en la presente temporada sin dar la talla esperada. Vamos, sin aportar tirón alguno. Como un cualquiera. Ya es de sobra sabido que en esto del toreo, camarón que se duerme, la corriente se lo lleva…

San Sebastián. Plaza de Illumbe. Lunes, 13 de agosto de 2018. Tercera corrida de feria. Ni un tercio de entrada en tarde amenazante a las afueras y en recinto cubierto. 

Seis toros de Santiago Domecq, correctamente presentados en tres y tres por mas cuajados los de la segunda mitad y de mal juego por flojos y mansos, salvo los dos últimos, más que manejables y que en manos más expertas nos hubieran parecido estupendos.

Antonio Ferrera (berenjena y oro): Estocada desprendida, silencio. Estocada, silencio.

Sebastián Castella (celeste y oro): Pinchazo hondo y tres descabellos, pitos. Gran estocada, aviso y oreja.

Ginés Marín (purísima y oro): Tres pinchazos y estocada, aviso y palmas. Estoconazo perdiendo la muleta,  aviso y oreja. 

En la brega sobresalió José Manuel Montoliú quien asimismo lo consiguió en banderillas junto a Javier Valdeoro, Sánchez Araujo, Fini, Manuel Izquierdo y José Chacón.

Aunque los dos toros que apechó Antonio Ferrera no valieron un duro hasta el punto de no dejarle hacer ni la menor de sus lucidas martingalas que tanto se han celebrado,últimamente veo al extremeño-ibicencocomo alicaído. Ello aparte de su para mi equivocada decisión de no querer banderillear en solitario que fue su mayor fuerte. Ayer mismo, si hubiera banderilleado habría conseguido entusiasmar al personal como en tantas y tantas ocasiones aunque solo en este tercio. Ferrera ayer me pareció un falso gran artista sin material que moldear y  sin fondo frente a los toros poco propicios. En fin, allá cada cual…

El primer toro de Castella fue una ruina. Los casi siempre pacíficos aficionados donostiarras hasta perdieron la paciencia. Y es que este animal estuvo como muerto antes de morir. Menos mal que el quinto cumplió el refrán y se dejó de principio con el capote, también el el variado quite por chicuelinas y revolera y, no digamos, en la muleta que tomó con gran fijeza, sobre todo por el lado derecho, repitiendo mucho en las series por redondos – no tanto al natural – por lo que la faena del espada francés la basó el la mano de saludar aunque con pases como salidos de fábrica, sin la ayuda del menor sentimiento. Hasta el toro terminó aburriéndose de tanta monotonía. Pero bueno, al fin y al cabo había sido la primera faena propiamente dicha de la hasta ese momento aburridísima tarde y la gente lo celebró haciendo flamear sus pañuelos en cuanto dobló el toro tras la buena estocada que fue la mejor de la tarde.

Me gustó como se gustaba Ginés Marín en su recibo por verónicas al tercer toro. Tuvo buena condición aunque le faltó fuerza, razón de que se defendiera un poquito por arriba al final de sus claros viajes. El problema que hubo por resolver fue evitar los enganchones. Lo que Gines no supo o no pudo conseguir. Este mismo toro bien templado, es decir sin dejar que enganchara la muleta hubiera corregido el defecto en vez de empeorarlo. Y este es el primer abc del toreo señorito Marín…

De lo que Gines hizo con el buen sexto ya hemos escrito. Bien aunque insuficientemente. Corregir los defectos por pequeños que sean es vital. Pues en tal menester consiste la mejor versión del toreo que no es solo tener buenas maneras, como las de Marín, sino en que los toros mejoren su condición por buena que parezca.

Dejemos, pues, una ventana abierta a Ginés. Pues hay torero por dentro. Sería una pena que esta gran promesa dejara de serlo por simple conformismo. Y que es que, admirado amigo, todavía no has hecho mas que empezar…

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. gregorio dice:

    El problema de Marín es su conformismo. Con cuajar un toro por temporada le basta y este año pasó en Dax. Pero no va mejorando sus defectos ni se le ve ambicioso. Una pena porque podría ser mucho más de lo que es. No es de extrañar que el publico ya se haya dado cuenta y no pague por ver toreros acabaos y desganaos

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