Excelente columna hoy en El Mundo

Lo peor que podría pasarle a España -y vamos camino- es que Franco nos vuelva a ganar la guerra, en este caso la que se libra en las trincheras partidistas y mediáticas. A todos, rojos, amarillos o rosas puñeta. Hace ya demasiado que sus restos debieron sacarse del siniestro Valle. Y qué ejemplo hubieran dado los grandes partidos si se hubiesen puesto de acuerdo, sin sectarismos.

No ha ocurrido, y bobada es lamentarse. Pero lo de estos días es de aurora boreal. Sánchez, a falta de otro argumento que excite más a la militancia de izquierda pata negra, se emperrechina en exhumar mediante decreto pensado para casos de urgente necesidad. Pues el cadáver ya ni debe de oler. Y los del PP, que con este asunto pican siempre y no terminan de gustarse cuando se miran en el espejo, ya están anunciando por boca del lanzador de huesos de aceituna que lo recurrirán. Los de Ciudadanos ni saben ni contestan, qué sorpresa.

Total, que como España es como es, exhumaremos en medio de una gran zapatiesta lo que quede del tirano, y dentro de un tiempo el Alto Tribunal declarará nulo de pleno derecho el jolgorio y ordenará volver a meter los huesos en la cripta. Y todavía tendrá el Estado que costear unos funerales de ídem para llevar de nuevo los huesos al Valle en solemne procesión encabezada por la nietísima. Y Franco descojonándose allá donde esté. Es lo que nos merecemos.

Mientras nuestros incapaces partidos se arrojan el esqueleto y se enredan en carajales como el de la revisión de las sentencias franquistas -¿qué pensaría Orwell?-, a nadie parece importarle la fuerte permanencia de lo que los expertos llaman “franquismo sociológico” y de lo extendido que está el muy laxo juicio a la dictadura, como si hubiera sido un régimen como otro cualquiera. Así, la última vez que el CIS se atrevió a preguntar por la cosa, el 58% de los españoles soltó que creía que había sido un tiempo con sus cosas buenas y con sus cosas malas. Igual que el aznarismo o el zapaterismo, vamos. Esa visión tan inquietante de nuestro pasado reciente es lo que debiera haberse desmontado en estas décadas por oxigenación democrática.

Ahora ya sólo falta que las procesiones de desenterramiento y enterramiento que se avecinan se conviertan en una nueva atracción a la altura de las cabalgatas de Reyes o del Orgullo. Pues no están brotando estos días orgullosos franquistas ni nada. Qué país.

 

 

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