Guadalajara. Orejas de distinto valor

Enrique Ponce se inventó dos faenas; indeclinable amor propio de El Fandi; y un desconcertante Sebastián Castella que dio una de cal y otra de arena, los tres avisos y dos orejas del estupendo sexto. Salió a hombros

La plaza de toros se cubrió en más de tres cuartos de entrada. Un casi lleno. La corrida de María Loreto Charro, muy desigual con tres y tres, más cuajados los de la segunda mitad del festejo que los tres primeros. El mejor y hasta diría que el único bravo y noble fue el sexto. !Ah si los seis hubieran sido como éste¡ Sebastián Castella lo cuajó con cambios para arrancar su faena, en su mayor parte buena por el lado derecho. El mejor pitón del toro. Así se sacó la muy puntiaguda espina con el tercero que fue devuelto a los corrales tras un mitin del francés con los aceros. Desconcertante, pues la actuación de Sebastián.

Y pasemos a Enrique Ponce al que no hay toro que se le resista. Otra tarde de faenas inventadas, muy superior la del cuarto toro a la del primero. Ponce, salvo en sus fallos con la espada, anduvo muy por encima de sus oponentes, destacando su faena al cuarto del que cortó una oreja pese a pinchar, matar y descabellar. A la presidencia no le cupo más remedio que acceder a la mayoritaria solicitud del trofeo, después de haber escuchado una bronca por negarse a otorgar otro apéndice del que abrió plaza. La estúpida negativa del palco – la petición fue masiva y por tanto reglamentaria su concesión – que quiso llamar la atención en su seguro deseo de presumir con los amigos. “Oírme, que le he robado una oreja a Ponce, soy un tío. O no?”. Otro imbécil más entre los muchos que presiden corridas de toros en España. En fin…

Tras otra tarde de sutilezas y de exquisito gusto, el gran maestro tuvo que abandonar la plaza por la urgencia de llegar a Nimes para dar la alternativa a Toñete con El Juli de testigo en un lujoso festejo matinal. Interminable la ovación que le envolvió al atravesar el ruedo de parte a parte para llegar y salir por la puerta de cuadrillas.

El amor propio de El Fandi es indeclinable. Se volcó en un derroche de facultades, como siempre, estuvo soberbio en banderillas – cuatro pares cuatro – en un memorable tercio durante la lidia del quinto que luego se rajó sin cesar de huir de su propia sombra. Antes de cada una de las huidas del animal, El Fandi fabricó redondos, pectorales y desplantes. Y la gente entregada con el granadino, lo mismo que el granadino con la gente. Lo del segundo toro, muy informal, no pasó de su proverbial darlo todo aunque sin nada más que destacar. Y lo del quinto, un exceso tan grande que se pasó de metraje y de faena. Pese a no andar fino con la espada, los entusiasmados espectadores obligaron a que se le concediera una oreja.

Así pues, una más y una menos. Hoy ya estaré en Salamanca si Dios quiere.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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