4ª de San Mateo en Logroño. Un mano a mano deplorable

Tendría que empezar diciendo aquello de “si lo sé, no vengo”. Es decir, de haber visto en los corrales los elegidos e imagino que también preparados seis toros de las tres ganaderías en lid, hubiera decidido no asistir a la corrida que, para un servidor, iba a ser la última de esta temporada en Logroño. He leído a mis más importantes colegas lo que escribieron de sobre la corrida de antier y me he quedo de piedra por cuanto se meten a mayor o menor degüello con lo sucedido en el festejo protagonizado por Enrique Ponce, José María Manzanares y Andrés Roca Ret. Pero después de ver la de ayer, estoy deseando leerles a ver qué dicen porque lo del mano a mano entre El Juli y Diego Urdiales fue para intentar mear y no echar gota. El caso fue que, aprovechando que al local pisuerga, llamado Diego Urdiales es a quien últimamente más adoran sus paisanos de la Rioja y mucho más tras su gran faena de la feria de Bilbao, a la empresa o a no sé quien o a quienes se les ocurrió cerrar la Feria de San Mateo con un mano a mano entre el diestro local con nada menos que El Juli. Buena idea, vive Dios, muy buena. Y por eso me quedé en Logroño para no perdérmelo.

Casi tres cuartos de entrada y no el llenazo esperado, menos gente que antier y las localidades más populares hasta los topes de paisanos de Diego como no podía ser menos, cuando el primer toro, de José Vázquez saltó al ruedo tuve – tuvimos muchos – que frotarnos los ojos para cerciorarnos de que el anovillado animal era un toro cuatreño. Su escasísimo trapío era de por si escandaloso. El segundo del mismo hierro se tapó por más alto y agresivo de pitones. El tercero, de Garcigrande fue un torito. El cuarto, de Zalduendo, al fin un animal bien presentado y hasta serio. El quinto, también de Zalduendo, más feo que Picio. Y el sexto, de Gracigrande, otra birria como su hermano. Vistos así, uno tras otro, la corrida pareció una vergonzosa limpia de corrales. ¿O no?

Y, por si faltaba algo, solamente resultaron formalmente toreables tres. Los dos primeros y el sexto aunque con problemas por su desclasada casta.

El Juli anduvo a gusto con el que abrió plaza y como lo mató de eficaz espadazo trasero, le entregaron una oreja. Urdiales perdió la del segundo por eternizarse con los aceros hasta escuchar dos avisos, después de medio gustarse. El Juli abduvo variado con el capote y con la muleta frente al ínfimo de su ganadería predilecta hasta matarlo horriblemente mal. El cuarto, de Zalduendo, fue un morucho con el que Urdiales no pudo ni intentarlo. El quinto, segundo de Zalduendo, un invalido que debió ser devuelto. Se paró enseguida. Y el sexto, segundo de Garcigrande, con movilidad desclasada aunque posible, fue el de la la oreja que cortó Urdiales por una faena estropajosa y a la desesperada con más enganchones que un tren de mercancías y no más de cinco pases limpios. O sea, una mierda de festejo que poco o nada tuvo que ver con lo anunciado a bombo y  platillo.

     

Logroño. Plaza de la Ribera. Viernes, 21 de septiembre de 2018. Cuarta de feria. Tres cuartos de entrada. Toros de José Vázquez (primero y segundo), Garcigrande(tercero y sexto) y Zalduendo (cuarto y quinto). Una improcedente escalera por presentación y vario juego. Noble aunque sin apenas poder el primero; noble de más a menos el segundo; desfondado el tercero; imposible el parado cuarto; invalido el quinto; y de descompuesta movilidad el sexto.

El Juli (marino y oro): Estocada pasada, oreja. Tres pinchazos, estocada perpendicular y tres descabellos, silencio. Pinchazo hondo y descabello, silencio.

Diego Urdiales (mahón y oro: Dos pinchazos, estocada atravesada delantera que escupe, dos pinchazos, pinchazo hondo tendido y dos descabellos, dos avisos y silencio. Pinchazo, estocada contraria habilidosa y descabello, silencio. Estocada contraria, atravesada, perpendicular y descabello, aviso y oreja pueblerina por aquello del paisanaje.

En la brega y en banderillas sobresalió con notorias creces, Iván García. También aunque no con tanta excelencia, nos cabe mencionar a Álvaro Montes y El Víctor y Pirri. Los peones que tuvieron que banderillear al cuarto toro, pasaron las de Caín.  

El panorama en su conjunto poco o nada tuvo que ver con lo que los protagonistas y, sobre todo, los espectadores esperaban que sucediera. Para El Juli, este monumental fiasco no tendrá más consecuencias que su disgusto. Pero para Diego Urdiales, lo de ayer fue cuasi un acta de defunción. A ver a quienes se les ocurre ahora contratarle al modo y manera que pretende. Es verdad que Urdiales tiene un gran concepto del toreo que practica cada vez que le cae en suerte un mirlo. Pero profesionalmente hablando, es muy malo. Y lo siento porque es buen chico. Pero eso que dicen sus partidarios sobre lo injusto que es no estar acartelado en todas las ferias, grandes y pequeñas, no pasa de ser un sueño. Ha sido mejor no entrar en detalles sobre esta olvidable corrida . En fin…. corramos un tupido velo…

       

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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