San Lucas en Jaén. Tardío recuerdo de una corrida más que gris aunque con un antes y un después inolvidables

Este momento de cada fin de temporada, lo protagonizó Enrique Ponce brindando a su cuadrilla el último toro de su campaña del 2018. Siempre me pareció algo emocionante, sobre todo para quien brinda y para los que lo reciben. Aunque también para mí porque quizá y sin quizá fui testigo de esta anual imagen de Ponce y de su gente desde que vi por primera vez a Enrique en su debut con caballos en la feria de La Magdalena en Castellón. Increíble lo pronto que han pasado treinta años desde entonces acá sin más interrupciones que las impuestas por algún percance del grandioso e inagotable gran maestro. Aunque creo que estos últimos toros de cada una de sus campañas nunca los perdió.

Aunque a muchos les parezca mentira lo que voy a decir, creo que este último toro que lidió Enrique el pasado sábado en Jaén ha sido el peor de su vida. Pues no le pudo dar ni un solo muletazo aunque también influyó el vendaval que reinó durante casi toda la tarde. Hasta la que nos ocupa, Enrique frente a su primer oponente de Jan Pedro Domcq, supo y pudo al menos dar no pocos muletazos realmente inverosímiles. Pero el de San Pedro, con preciosas e ideales hechuras, fue absolutamente imposible. Y pueden dar fe de ello todos cuantos lo  vieron. Fue una pena, porque la moda que impera actualmente de que a no pocos presidentes les ha dado por robar orejas merecidas, volvió a padecerla Ponce del animal que abrió la lidia a pie, haciendo creer a los indocumentados – la mayoría de los presentes incluidos el usía y sus asesores – que el toro fue bueno gracias a la infusa ciencia poncista. Murió de un pinchazo hondo en lo alto y, por lo visto, tan escasa brevedad en la suerte suprema fue el motivo que utilizaron los del palco – por cierto tan alto como los púlpitos persas desde donde predican los  temibles ayatollahs – para negarse en redondo a complacer a cuantos demandaban el trofeo.  Inevitable la bronca que siguió mientras Ponce se lamentaba de lo sucedido y se lavaba las manos cabizbajo en el callejón.

Y digo, yo, ¿no es llegada la hora de que estos supuestos defensores de purezas sean destituidos inmediatamente después de terminado el festejo en el comenten las fechorías ?. Porque estos tíos se creen inviolables e incorregibles por una supuesta bula inexistente.

La tarde la salvó el gran rejoneador Diego Ventura con mejor material – dos muy despuntadas reses de Terrón – que el que padecieron Ponce y El Fandi, aunque el granadino pudo cortar una oreja del tercer toro, el único potable de los de lidia a pie. Y nada más a recordar del  cuasi olvidable festejo.

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Claro que, el breve viaje a Jaén desde Córdoba, mereció la pena en casi su totalidad gracias a mis grandes amigos del viejo reino. Un almuerzo fastuoso en Casa Antonio – que se apellida del Moral como un servidor-, el mejor restaurante de la zona y uno de los mejores de España. Tardamos en yantar, finalmente a placer de la elección de manjares que decidió el propio Antonio y en compañía de las gentiles esposas del gran banderillero Jocho y del nos menos grande picador José Palomares. Dos encantos de señoras que fueron abandonadas por sus maridos para vestirse de luces. Grandemente placidos, llegamos a la plaza pocos minutos antes del paseíllo. Apenas nos dolió el muy escaso lucimiento de la corrida. Quizá estaba cantado el fiasco poncista.

!Qué mal final de una temporada para enmarcar¡ Y qué maravilloso “postre” en forma de merienda cena picoteando maravillas bien regadas en establecimientos cercanos a la plaza de toros.

Pero ya que he hablado de “enmarcar”, también lo tengo que hacer y de muy buena gana de mis amigos jienenses. Son de esos pocos que en cuanto te los encuentras pegamos la hebra de inmediato y no hay manera de acabar. Por eso es tan difícil despedirse de ellos siempre con la promesa de volvernos a encontrar lo antes posible.

De la historia de esta común amistad, debo empezar con una de esas personas que yo llamo donantes universales: el sin par Juan Carlos Toro. No se quedan atrás Francisco Javier Sánchez Castro, Miguel Ángel García, Manuel Albacete y el joven valor de la critica local, Angelito de Arco, hijo de su inolvidable padre del mismo nombre y apellido como corresponde a los herederos más privilegiados. Que de casta le viene al galgo…

Adiós con mi abierto corazón. A lo lejos de tan maravillosos encuentros, me parece escuchar la famosa canción: “No te vayas todavía, no te vayas por favor…

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Sebastian dice:

    Tiene razón. Difícil de creer.

  2. Chris Brant dice:

    Durante los días 26, 27 y 28 de octubre, se va a celebrar en Salamanca el IX Congreso y Asamblea Nacional de Asociación Nacional de Presidentes de plazas de toros (ANPTE). No estaría de mas que se presentara algún periodista y/o aficionado para preguntarles a estos señores, o mejor dicho, pedirles explicaciones, acerca de la negativa a conceder la primera oreja cuando ha sido pedido por mayoría.

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