Lo de que los bancos tendrán que pagar las hipotecas es una pura y dura comedia

Nunca más

Si dentro de unos meses pide una hipoteca a un banco para comprarse esa casa que tanta ilusión le hace, sepa que pagará el impuesto de Actos Jurídicos Documentados. En lugar de hacerlo directamente, le subirán los tipos y usted aceptará porque quiere esa vivienda, no le alcanza el dinero y necesita que se lo presten durante algo más de veinte años, que es el tiempo que tardará en devolverlo. No se crea por tanto el «Nunca más» de Pedro Sánchez, que, en una nueva impostura, nos toma por tontos. Si de verdad quisiera hacer algo a favor de los ciudadanos, suprimiría ese impuesto, creado por un gobierno socialista en 1993 y que tiene en Andalucía, donde manda una presidenta socialista, el tipo más alto. En Aragón experimentó hace unos años la mayor subida, gracias a otro Ejecutivo socialista y al apoyo de Podemos. «Nunca más», Pedro Sánchez, sería eliminar ese tributo y que las autonomías derrochasen menos para que los contribuyentes, en su cada vez más recortada libertad, puedan acudir a un banco a pedir prestado para vivir más confortablemente. Cuanto más gasten los políticos, menos posibilidades tiene usted de comprar su casa.

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Sánchez, pillería y oportunismo

Ahora puede dedicar su tiempo a levantar la losa de Franco

Carlos Herrera

¿Qué nuevo ámbito de la sociedad española va ser el objetivo de Pedro Sánchez para crear problemas donde no los hay? La respuesta no deja de ser una incógnita: puede ser cualquiera. Un Gobierno especializado en despertar demonios dormidos, en desbaratar instituciones varias, en encabronar diversos colectivos, es un Gobierno que puede dedicarse a cualquier acción disolutiva, ya que, en realidad, ha perdido la vergüenza. Por el momento, y antes de que sobrevenga alguna ocurrencia de última hora, el presidente del increíble Gobierno inesperado ha conseguido que las hipotecas sean más caras y más inaccesibles. Esa fraseología consistente en decirle «al pueblo» cosas que supuestamente el pueblo quiere escuchar (o que necesita darse por el cuerpo como una crema de consuelo ante las adversidades) cursa con un precio inevitable: es mentira y, además, contraproducente. Pero así son los peronistas de nuevo cuño, de edición digital.

En la antesala de la vista oral de un juicio trascendental para la democracia española, esa que a ojos de Puigdemont y Otegui prácticamente no existe (menuda paradoja: la ETA de Otegui ha matado en Barcelona con tozudo desempeño durante muchos años, pero eso a Puigdemont le importa tan poco que su único deseo es una alianza con quien representa a los carniceros que laminaron Cataluña; Hipercor, Vich y Ernest Lluch incluidos), a Sánchez solo se le ocurre reclamar con insultante suficiencia un ápice de «autocrítica» al máximo Tribunal español a cuenta del errático y churretoso proceso que tiene que ver con los impuestos de una hipoteca. Sánchez exige a un Tribunal (que le ha hecho un gran favor dejándole la pelota en el área para que la remate a puerta vacía) lo que él ha sido incapaz de poner en práctica a lo largo de estos erráticos meses de Gobierno. Si es que a esta banda se le puede llamar Gobierno. Ni una palabra por sus rectificaciones, por sus Presupuestos fallidos, por sus irregularidades doctorales, por sus ministros abrasados, por sus empeños guerracivilistas o por su alistamiento con el populismo más ramplón: la autocrítica siempre es cosa de los demás.

Dotado de una irritante artificialidad, Sánchez ha pretendido estimular una corriente de adhesión a sus meandros políticos mediante el método antiguo de la baja lisonja. Asegurar, a las pocas horas de haber decidido el Supremo que quien debe seguir pagando impuestos es el ciudadano, que los ciudadanos (y ciudadanas) no van a volver a pagar el impuesto de marras a la hora de escriturar una vivienda mediante la firma de una hipoteca es de una sinvergonzonería demagógica sin precedentes. Cualquiera con dos dedos de frente, y más un supuesto doctor en Economía, sabe que ningún banco está dispuesto a sufragar la compra de vivienda alguna por parte de ningún particular y que todo gasto atribuido a la cuenta de resultados de una entidad que vive del préstamo será repercutido, de una forma o de otra, al crédito concedido, es decir, que el prestatario, quien recibe el dinero para hacerse con una propiedad, correrá con los gastos de manera directa o de indirecta. Si de verdad Sánchez y su camarilla quisieran estar al lado de «la gente», suprimirían un impuesto inusitadamente alto que sirve para engrosar las cuentas de esos sacamantecas que son las comunidades autónomas y no se vestiría de Robin de Los Bosques para hacer creer que ha aliviado la cuenta de resultados de los particulares cargando la imposición sobre los hombros de los malvados banqueros españoles. La jugada, habida cuenta del populismo ramplón de muchos españoles, es de olfato rápido y de conocimiento del terreno que se pisa, pero es una ofensa más a la inteligencia de los votantes, la cual, a simple vista, está por demostrar.

Carlos HerreraCarlos HerreraArticulista de Opinión

1 Resultado

  1. Juan dice:

    El banco no compra el piso por lo tanto no va a ser el que pagué el impuesto el chulo de Sánchez una vez más nos miente como es habitual en él. Si quitas a Franco a quien ponemos allí.

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