Casi totalmente de acuerdo….. sobre la debacle de la izquierda en Andalucía

El fracaso es todo suyo, señor Sánchez

Si es aceptable recibir el voto del ‘abertzalismo’, del independentismo y del populismo izquierdista, ¿por qué no habría de serlo también que la extrema derecha concurriese al festín político nacional?

Foto: El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. (EFE)

Pedro Sánchez ha persistido en una pésima interpretación de la moción de censura que le llevó a la presidencia del Gobierno. La llamada ‘coalición de rechazo’ (que incluía, además de a Unidos Podemos, al PNV, a Bildu y a los partidos independentistas catalanes) prosperó porque se trataba de echar a Mariano Rajoy, pero no de investirle a él. Acceder a la jefatura del Gobierno por esa vía era legal y legítimo, pero políticamente implicaba lo que el propio Sánchez prometió: convocar elecciones “cuanto antes”. Al no hacerlo y pretender un proyecto de gobierno hasta el fin de legislatura dependiendo del secesionismo catalán, Sánchez se introdujo en un camino sin salida, traspasando unas líneas rojas antes respetadas en la política democrática española.

La respuesta a este planteamiento disparatado y a las políticas erráticas de su Gobierno (por ejemplo, en inmigración) se produjo el domingo en Andalucía en unos términos rotundos que alcanzaron a la ‘otra’ izquierda —la extrema y populista de UP—, que se desplomó proporcionalmente tanto como el propio PSOE. Los andaluces que acudieron a votar —habrá que saber por qué no lo hizo el 41% del censo— solo premiaron a Ciudadanos e hicieron emerger ruidosamente a Vox, paliando el castigo al PP, de forma que el bloque de estos tres partidos (59 escaños de 109) sobrepasó a las izquierdas con amplitud.

El sur de España (Andalucía: 8,5 millones de habitantes y más de 87.000 kilómetros cuadrados de superficie) no parece dispuesta a que la gobernación del país dependa de aquellos que quieren descoyuntarlo (separatistas catalanes y vascos) o dar un vuelco constitucional (Unidos Podemos) que nos devuelva al vacío democrático. Y, salvo que medie una rectificación completa, así ocurrirá en las demás comunidades autónomas que en mayo renuevan sus parlamentos.

Sánchez ha convocado con sus propias políticas a la derecha populista de Vox. Si es aceptable democráticamente recibir el voto del ‘abertzalismo’, del independentismo y del populismo que propugna un proceso constituyente, ¿por qué no habría de serlo también que la extrema derecha concurriese al festín político nacional? ¿Alguien podía pensar que el espectáculo de Iglesias negociando los Presupuestos con Junqueras en la cárcel sería una escena electoralmente inocua? Rotas las barreras de contención por la izquierda, se han quebrado también por la derecha.

Pablo Casado no ha hecho otra cosa que reconocer a Vox el estatuto político que Sánchez ha ofrecido a la extrema izquierda y al independentismo rupturista. La toxicidad de la ultraderecha es para los populares no mayor que la de la ultraizquierda y el independentismo para los socialistas. Pero, aceptada la ruptura de las reglas de juego por unos, las rompen los otros y el resultado es el actual panorama político.

Por lo demás, que no se engañen los líderes de la izquierda: Vox fue votado por casi 400.000 andaluces. Eso quiere decir que los electores de la extrema derecha no salen solo de los que antes votaron al PP (y mucho menos a Cs) sino mayoritariamente de sectores sociales diversos que, por razones varias, expresan tanto hartazgo como desconfianza en la clase política convencional. Los discursos de barricada de Iglesias y los dramatismos de Díaz denotan que ni uno ni otra han entendido lo que está ocurriendo ni siquiera después de que haya sucedido, cuando lo que pudo ser una posibilidad se ha convertido en una contundente realidad política.

El programa de Vox que ha votado un 11% de los andaluces

La izquierda española, además, no ha interpretado con cautela el contexto internacional en donde el cambio de paradigma político ha sido casi total. Francia, Italia, Hungría, Polonia o el Reino Unido son ejemplos, entre otros, de fuertes derechas iliberales que desbordan los partidos tradicionales de su espectro y de la izquierda, y reformulan las grandes variables de las políticas más sensibles.

Si en ese caldo de cultivo generalizado un socialismo como el español —al socaire hasta ahora de los populismos de derechas— no es riguroso y no establece un correcto modelo de relación con la izquierda extrema y los independentismos, y no lo ha hecho, sucede lo que aconteció el domingo. Por eso, el fracaso andaluz es todo de Sánchez ya Sánchez corresponde la rectificación para que el 2-D no sea el principio de un nuevo (y peor) sistema político en el que la polarización y la hostilidad sustituyan a las políticas de cohesión.

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La lección andaluza: ¡es lo de Cataluña, estúpido!

La principal conclusión tras las elecciones andaluzas de este domingo es que la política española está infectada hasta el tuétano por el problema de Cataluña

Foto: Un póster rasgado de Susana Díaz de su campaña de las andaluzas. (Reuters)

Un terremoto político de fuerza 9 en la escala de Richter sacudió ayer Andalucía, y sus efectos afectarán a toda la política española durante el próximo año electoral y también en los años venideros. El 2 de diciembre queda marcado como el día en que el Partido Socialista perdió en Andalucía el poder sobre el que se ha sostenido durante cuatro décadas; y también como el día en que la extrema derecha extraconstitucional, desaparecida desde la transición, se instaló en nuestra vida pública con fuerza inusitada.

Aparentemente, hoy nos parecemos más a Europa. Se acabó la “excepción española”, que nos hizo creernos vacunados e inmunes al virus nacionalpopulista (al menos, en su versión de ultraderecha). Y se confirmó que, también aquí, las dos familias tradicionales, la conservadora y la socialdemócrata, están históricamente amortizadas y enfilan el camino de su extinción histórica.

Celebración en la sede de Vox por el resultado de las andaluzas. (EFE)
Pero ahí se acaba el parecido. Porque el vuelco que ayer dio Andalucía–anticipando el que vendrá en el resto de España-, tiene una etiología sustancialmente diferente a lo que está pasando en el resto de Europa. Aquí el factor desencadenante no es la reacción acobardada de los perdedores de la gobalización, ni la resistencia ante la inmigración o la desconfianza hacia la Unión Europea. Puede que todo eso esté también en el trasfondo, pero el foco principal apunta a las dos cuestiones que más han sacudido a nuestra sociedad en los últimos años: la corrupción de los gobernantes y la crisis territorial, que tiene su expresión más emocionalmente venenosa en la sublevación del nacionalismo catalán contra el Estado constitucional.

Hemos infravalorado la potencia colosal de la onda expansiva del conflicto catalán en todos los rincones de la sociedad española

Erramos quienes creímos que el microclima político andaluz pesaría más en estas elecciones que la cuestión de España. Además, hemos infravalorado la potencia colosal de la onda expansiva del conflicto catalán en todos los rincones de la sociedad española y en todos los espacios de su vida pública.

El PSOE perdió 400.000 votos, el PP 270.000 y la alianza de Podemos e Izquierda Unida 280.000. En cambio, Ciudadanos ganó casi 300.000 y VOX, partiendo de la nada, recolectó en pocas semanas la friolera de 377.000 votos de andaluces que ni siquiera conocían el nombre de su candidato.

Nada de todo eso se explica por razones andaluzas. El desgaste del Gobierno de Susana Díaz habría justificado un descenso de cuatro o cinco puntos, como auguraban las encuestas, pero de ninguna forma el cataclismo que sufrió el PSOE. Y desde luego, ni la crecida de Ciudadanos se debe a Juan Marín ni la explosión de Vox tiene que ver con la política de Andalucía. Ayer se votó mucho más sobre España que sobre Andalucía, y quienes lo vieron venir fueron los ganadores de la noche.

Millones de votantes del PP rompieron emocionalmente con él cuando, a sus ojos, Rajoy se dejó engañar y humillar por los secesionistas

España sufrió un trauma brutal cuando su subsistencia fue desafiada desde dentro del propio Estado. Aquellas miles de banderas en los balcones fueron mucho más que la reacción folklórica de unos cuantos fachas.

Millones de votantes del Partido Popular rompieron emocionalmente con él cuando, a sus ojos, el 1 de octubre del 17 Mariano Rajoy se dejó engañar y humillar por los secesionistas. Ahí fue donde Rajoy terminó de jugarse el puesto y el PP el poder, ya seriamente dañadas por la marea pestilente de la corrupción.

Esa misma indignación, teñida de bochorno, se extendió por todo el país cuando Sánchez, sucesor de Rajoy, puso su Gobierno bonito bajo el control del populismo extraconstitucional de izquierdas y, sobre todo, de los Puigdemont, Junqueras y Rufián. Y lo hizo con el consentimiento vergonzante de una dirigencia socialista irreconocible por sumisa y amordazada (de la que forma parte Susana Díaz).

Ayer los culpables de ese oprobio (incluido Podemos) pagaron la primera factura, y resultaron premiadas las dos fuerzas que convirtieron la unidad de España y la denuncia del secesionismo en el eje de sus estrategias. Ciudadanos presentaba al peor candidato del elenco y Vox apenas existía hace cinco meses. Pero unos desde el extremo centro y otros desde la extrema derecha, emitieron en la onda que, desde hace mucho tiempo, martillea la conciencia colectiva de los andaluces: los privilegios de Cataluña y la desleal traición de sus instituciones al resto de España, con la tolerancia de nuestros gobernantes. Quienes pusieron el dedo sobre esa llaga, jugaron a caballo ganador.

La principal conclusión de esta votación es que la política española está infectada hasta el tuétano por el problema de Cataluña. Una infección que seguirá supurando y contaminará todas las elecciones que se celebren mientras la herida siga abierta. Andalucía ha sido el aperitivo, pero nada ni nadie escapará a su efecto tóxico.

No es sólo lo de Cataluña. Por debajo hay un sordo debate de fondo sobre la organización territorial de España. Casi un 40% de los españoles dice preferir un Estado sin autonomías o que se reduzca la autonomía de las comunidades. Entre ellos, el 62% de los votantes del PP, el 58% de los de Ciudadanos, el 30% de los socialistas… y el 20% de los de Podemos. Y por supuesto, el 90% de los de Vox. No es fácil reconocer esta realidad para quienes creemos en un Estado descentralizado; pero empeñarse en ignorarla conduce a que cosas como lo de ayer nos pillen en pelotas.

En Europa se resuelven elecciones por temas migratorios o económicos. Aquí, el primer factor es la cuestión de España y su organización territorial

En Europa se están resolviendo las elecciones por cuestiones como la inmigración, el orden económico (global o nacional) y el futuro de la UE. Aquí, el primer factor de motivación del voto es la cuestión de España y su organización territorial. Singularmente, su expresión más enconada, que es el conflicto de Cataluña.

¿Efectos inmediatos? Por esas carambolas de la política, el PP perdedor se encontrará con el inmenso regalo de la presidencia de la Junta de Andalucía, y ello dará a Casado un precioso balón de oxígeno que necesitaba desesperadamente. Sánchez ha visto saltar por los aires todos sus planes sobre la anticipación de las elecciones generales.. Rivera se arrepiente de no haber buscado a un candidato más presentable en Andalucía: esos 90.000 votos de desventaja con el PP se deben a su incuria. Pero se siente en el buen camino siendo pianista de una sola tecla, y no lo abandonará por nada.

Juanma Moreno celebra sus resultados en las andaluzas. (EFE)

Iglesias, visiblemente asustado, comenzó su enésima mutación, de vicepresidente en ciernes a agitador callejero; aprovechó lo de Vox para recuperar el vocabulario de los parapetos y las barricadas y volvió a acordarse del 15-M. Me temo que Sánchez ha perdido a su aliado, al menos hasta las elecciones. El jueves en el Congreso, ante el Rey reinante y el emérito, Iglesias dará espectáculo, ya lo verán.

Los separatistas se apuntan el doble éxito de perturbar por completo la vida pública española y resucitar a la caverna. Siempre se necesitaron y ahora se encuentran de nuevo.

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