5ª de Fallas en Valencia. Seis toros buenos y mil pases malos

Valencia. Coso de la calle Xátiva. Lunes 15 de marzo de 2010. Quinta de feria. Tarde soleada y crecientemente fría con algo más de media entrada. Seis toros de Fuente Ymbro, muy bien presentados y armados. Todos nobles en distintos grados de manejabilidad, fuerza – escasa la de los seis – y bravura. Los mejores fueron el primero y el cuarto sin que los demás desmerecieran. César Jiménez (palo de rosa y oro): Estocada desprendida, oreja sin petición mayoritaria. Estocada caída, aviso y oreja. Matías Tejela (agua marina y plata): Estocada atravesada caída, palmas con saludos. Estocada, silencio. Luís Bolívar (marino y oro): Estocada y descabello, aviso y silencio. Pinchazo y bajonazo, silencio. César Jiménez salió a hombros. Muy bien en palos Domingo Navarro.

La ciudad, como siempre, animadísima. Llenazo en la mascletá con la plaza del Ayuntamiento hasta los tejados y terrazas. Pero la plaza de toros, no.  ¿Media entrada de pago? Con el tifus, un poco más. Claro que el cartel era de medio pelo aparte la siempre interesante corrida de Fuente Ymbro. Mucho mejor presentada que la de hace días en Castellón y, mira por donde, también de bastante mejor juego. Lástima que fuera desaprovechada en gran parte. La mayoría de las figuras actuales haces ascos a esta ganadería. Pero si hubieran matado la de ayer, se habrían hartado de torear.

Quizá los tres matadores que se enfrentaron a estos seis toros, hace años, cuando cada uno de ellos estuvo en mejor momento y en mayor vena, la hubieran sacado más partido. Sobre todo César Jiménez que tanto en esta misma plaza como en casi todas las demás de España y América, se pasó tres temporadas cortando tantas orejas o más que las figuras con las que alternó. Pero este Jiménez de aquellos tiempos no se parece casi nada a quien fue y uno no sabe a ciencia cierta por qué.

Menos mal que se tapó más que sus dos colegas al ser capaz de reanimarse al final de sus dos trasteos y de matar a los dos toros con prontitud y eficacia con dos estocadas algo caídas pero decentes. Y el público valenciano, que recuerda las muchas tardes apoteósicas de Cesitar, quiso que su precoz ídolo no se fuera de vacío sin entrar en ningún matiz ni en lo poco bueno que hizo con la muleta: una buena tanda con la derecha y otra con la izquierda entre otras más sin ningún relieve especial al primero, y varios pases en redondo con cierto mando y mayo entrega en su cierre de faena al cuarto.

Preguntarán los lectores que, si esto fue lo más sabroso, cómo sería lo demás. Me duele decirlo no solo por César, también por Tejela a quien en sus años mozos vi muy requetebién en no pocas ocasiones, como en aquella tarde de una feria de Sevilla o como la gran faena que hizo en Linares y varias más. Pero el de ayer, como últimamente salvo raras excepciones, no parece que tenga ganas ni ánimos para alcanzar lo que supongo ansía. Esa manera de torear citando casi siempre detrás de la mata, el no dar nunca el paso adelante tras cada pase y el pegar un grito en todos, delatan una incomodidad interior que impide su propio disfrute. Y si no hay pasión ni emoción ni felicidad con lo que se está haciendo, no hay manera de que trascienda casi nada a los tendidos. Como en cualquier arte, quien no es capaz de trasmitir a los demás lo que está haciendo, es porque no lo siente y así no hay modo de que lo sientan los demás.

En esta misma disyuntiva podemos situar al más joven de la terna, el colombiano Luís Bolívar, a quien seguimos apoyando desde el recuerdo de algunas grandes tardes y deseando que confirme de una vez en los ruedos españoles lo que dicen ya es en su país y en casi todos los taurinos de América.

Con el tercer toro, que manseó de salida y ante el caballo, pero luego rompió a embestir por derecho aunque con la cara alta al final de los viajes, nunca terminó de acoplarse ni de estar a gusto. No se metió en serio con el toro ni pareció intentarlo siquiera.

El toreo periférico y los gritos al citar y al dar cada pase, volvieron a ser evidentes y audibles en su faena de muleta mientras el público estaba desde hacía mucho rato hasta la coronilla de padecer tanto aburrimiento. Y así no hay manera de progresar ni de hacerse figura en la Madre Patria que, entre los aficionados y los profesionales de allende el Atlántico, lo sigue siendo.                 

 

 

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    EL LABERINTO DEL MINOTAURO: Una vez le preguntaron a Kasparov que qué sentía por aquellos a los que no les gustaba el ajedrez, y él contestó: “Lástima”. Eso mismo sentí yo por todas aquellas personas que se perdieron el inmenso disfrute de seguir y escudriñar hasta el detalle la encastada y constantemente cambiante condición do los toros de Fuente Ymbro, y las distintas respuestas, unas más acertadas que otras, de sus lidiadores ante los distintos problemas que les iban planteando. Cada toro de los de ayer merecería una crónica personalizada. El laberinto del Minotauro. El mejor lote se lo llevó César Jiménez, el primero hasta ahora el toro de la feria. Peleó como el de Valdefresno en el caballo, dejándose pegar, y amagó con rajarse al final de la faena, como aquel, pero este duró más y fue más sometido. César empezó dándole la larga distancia, primero de rodillas y luego de pie. Quizás dudaba del recorrido de la embestida del toro, dudas que se despejaron en cuanto este empezó a humillar y a rebosarse en los vuelos de la muleta. El torero acortó de golpe las distancias, y toreó demasiado envarado y rapidito. Por el pitón izquierdo volvió a surgir el torrente de casta enclasada que Jiménez gobernó como buenamente pudo, siempre sin atreverse a bajarle del todo la mano hasta el final. El gesto de matarlo por derecho en los medios de la plaza acabó de otorgarle la oreja. Otra, matando de igual manera, se llevó del cuarto, un animal feo de hechuras, hecho cuesta arriba, que no parecía querer humillar y además perdía las manos de vez en cuando. Sin embargo en el último tercio el torero madrileño lo fue embarcando a media altura y se empezó a ver que el toro rompía hacia adelante. Y cuando le bajó la mano llegó a torearlo con despaciosidad y gusto. Esa segunda parte de faena fue al cabo lo mejor de la actuación de César Jiménez además de sus estocadas. Tejela se topó en quinto lugar con el toro imposible de la corrida, siempre a la defensiva y pegando cabezazos. En cambio el segundo, pese a mansear y mostrarse brutote en el primer tercio, comenzó a tomar los capotes con clase en banderillas por el pitón derecho. Por ahí Matías le hizo las cosas francamente bien, enganchándolo siempre delante, llevándolo toreado y sin que tropezara las telas. Dio series de derechazos llenas de mando y empaque, algo que no pudo hacer por el lado izquierdo, por donde el toro medía, hacía hilo y se defendía, estando a punto de cogerle. Pese a estar por encima del toro y de matar excelentemente no hubo esta vez premio para el alcalaíno. Bolívar no se acopló con un tercero rebrincado y de corto recorrido, al que dejó que enganchare en demasía, quizás por estar muy encima de él, y tardó en convencerse con el sexto, un animal corto de cuello y algo aplomado que parecía que no iba a himillar hasta que Bolívar le atacó dejándole la muleta en la cara y tirando de él por abajo. Costosa porfía que el diestro colombiano emborronó con un feo bajonazo, perdiendo la oreja.

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