Post día de los Inocentes: Las desternillantes bromas de Alfonso Ussía

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LUJOSA TRANSPARENCIA

La horetera esposa de Sánchez bilaketarekin bat datozen irudiak

La transparencia Hermés se ha instalado en La Moncloa. Es una transparencia tan transparente, que con buen criterio, el Presidente infiltrado del Gobierno ha decidido custodiar los gastos superfluos de su mujer como secretos de Estado. La discusión se centra en el carácter superficial u oficial de esos gastos. Lógicamente, la mujer de un presidente del Gobierno no puede viajar sin maletas de Louis Vuitton.Unas maletas de cuero o de superficie dura de una marca sin pretensiones no son dignas de señora tan elegante y sencilla. Dior, Hermés, Loëwe, Gucci, Prada, Cartier y todas esas cosas. Secretos de Estado. Sean recordados los viajes a Madrid de la hoy condenada y encarcelada presidenta balear María Antonia Munar. Decía en Palma que viajaba a Madrid para hacer gestiones políticas, y nada más aterrizar en Barajas se dotaba de unas gafas oscuras y se recorría de arriba abajo y de abajo arriba la Milla de Oro de Serrano con sus generosos afluentes de Ortega y Gasset, Don Ramón de la Cruz, Ayala y Hermosilla, a su vez contribuidos por los arroyos de Claudio Coello, Ayala, Velázquez y Nuñez de Balboa. Los establecimientos de marcas internacionales de lujo, celebraban las visitas de doña María Antonia, que se creía inmune a toda investigación malintencionada, y retornaba a Palma atiborrada de bolsos, foulares, pañuelos, complementos, vestidos, relojes y demás secretos de Estado según Sánchez. Hoy está en la cárcel. Esos productos de lujo todavía no formaban parte de los secretos de Estado, y en Mallorca se iniciaron las pesquisas, que desembocaron en beneficios comisionistas de muy complicada explicación. Hoy, tendría al menos el mismo derecho de ocultación pública que la señora de Sánchez que va a terminar siendo, ella misma, el mayor secreto de Estado. Lo escribió Churchill: «Los caprichos de Begoña/ hasta tal punto han llegado,/ que son parte de la coña/ de los secretos de Estado». Churchill, gran prosista, cuando se trataba de escribir en versos lo hacía en español. «Tomaron un aeroplano/ y volaron a Logroño/ a la boda de un hermano/ porque le salió de… las narices». En este caso, Churchill erró en la rima consonante del último octosílabo. Nadie es perfecto.

Sanches y señora se cuelan en el Besamanos Real bilaketarekin bat datozen irudiak

Las mujeres de los presidentes del Gobierno carecen de personalidad oficial y pública. La única que obtuvo el privilegio fue Ana Botella, como concejala y posterior alcaldesa de Madrid. Pero ni Amparo Illana de Suárez, ni Pilar Ibáñez Martín de Calvo-Sotelo, ni Carmen Romero de González – excepto en su breve andadura parlamentaria-, ni Sonsoles la de Bambi, ni Viri la señora del terremoto Rajoy, se creyeron más de lo que eran. Exclusivamente, las mujeres de los presidentes. Pero Begoña ha llegado a convencerse a sí misma, y lo que es peor, a su marido, que ella desempeña en España similar papel que la señora de Trump, si bien en los Estados Unidos de América, los gastos de las Primeras Damas a cargo de los contribuyentes no entran en la bóveda de los secretos de Estado. Sí en cambio, fueron secreto de Estado los zapatos de Ymelda Marcos, más de mil pares, que coleccionó en el palacio presidencial de Manila. El gran periodista y reportero de Guernica, Manu Leguineche, fallecido en su Alcarria del alma, los pormenorizó en su formidable ensayo «Filipinas es mi jardín». El encuadernador se equivocó al dorar el tejuelo del lomo y en mi biblioteca figura como sigue: «Manuel Filipinas. Leguineche es mi jardín». A Manu le encantó el error.

La Señora Sanchez, la gran hortera del mundo bilaketarekin bat datozen irudiak

El jardín de Begoña, que es España, es secreto de Estado. Los gastos de la Reina están minuciosamente fiscalizados. Ella no baja de sus alturas. Y claro, los aviones, los helicópteros, Vuitton, Dior, Hermés, Prada, Gucci, Cartier y Loëwe se sienten felices. Como en tiempos de María Antonia Munar, que ahora está en la cárcel, según tengo entendido. Lo escribió Churchill: «Y colorín colorado/ este cuento se ha acabado». Chur-
chill era mucho Churchill.

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Publicado en La Razón

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