Esperanza e ilusión 2019

 

Pido esperanza para un buen año con una buena temporada 2019 y la ilusión de que los Reyes Magos den a los taurinos ilusión y ganas de trabajar para resolver los problemas pendientes. Esa es la esperanza y la ilusión mías pero la realidad va a por otra parte y hemos visto pasar en blanco octubre, noviembre y diciembre sin que se haya movido un dedo. No sé qué hace la Fundación el Toro de Lidia ni la gran empresa de empresas que preside el incontenible verborreico Simón Casas.

Los empresarios, y sobre todo él, sólo hablan de costes y costos imposibles de los espectáculos, que si todo está económicamente muy mal, muy mal, pero no hablan de competencia en los ruedos, de intentar dar al público lo que quiere, de convertir en noticia la formación de buenos carteles que tengan imán.

 Para nada de un mano a mano Ponce-José Tomás. Esperen porque Enrique Ponce, aunque se retire a los 70 años, seguirá esperando a la estrella de Galapagar, que no es precisamente la de los Reyes Magos. Y no digamos nada del decadente Hermoso de Mendoza, ahora en labores de padre, frente al siempre dispuesto Diego Ventura. Hermoso, que en mi opinión ha sido mejor rejoneador que Ventura –el mejor de los vistos- se ha dejado comer la merienda, enterita, por el portugués-sevillano. Y además para siempre, porque ya siempre irá detrás de él por sus cifras, sus gestos y sus realidades del afincado en la Puebla del Río. El sur le gana otra vez al norte.

Pero no pensemos en los Reyes Magos con estos carteles que el taurinismo vulgar ve imposibles, aunque me parece que fue Jean Cau el que dijo que los Reyes Magos existen en el toreo. Siempre a las cinco de la tarde.

Pidamos por lo menos que los cinco que son figuras o que más torean se pongan delante de otras ganaderías que no sean las cinco de siempre, únicas y exclusivas.

Esto de los cinco me recuerda una anécdota atribuída a Rafael el Gallo, que pudo haber sido otro el protagonista, asistente habitual a la famosa tertulia de Los Corales con las grandes históricas figuras, míticas, del toreo.

A un paso de la sevillanísima calle Sierpes.

Un mirón entusiasta, espectador habitual, se acercó al gran torero y le dijo:

-Maestro:  le veo hablar poco de toros y a mí me gustaría hacerlo con usted.

El Gallo le miró, extendió los cinco dedos de una mano y le dijo:

-Es que sólo hablo de toros con cinco, y usted no está entre esos cinco.

Pues los toreros de ahora responderán que sólo torean esas cinco ganaderías y le dirán al osado empresario que le ofrezca otra cosa, que esas no están entre las cinco.

Igual Simón Casas el hablador los convence para que toreen entre las 35 de San Isidro. Otro que cree en los Reyes Magos o en los milagros puros y duros.

En fin, mi esperanza y mi ilusión para esta temporada es que los taurinos se muevan en enero y febrero y refuercen con sus iniciativas las ganas de ver toros de la afición.

Y resolver por supuesto la maraña de problemas que tenemos.

Y por supuesto ver un verdadero toro frente a un torero verdadero.

Un verdadero toro no lo es sólo por el impresionante aspecto de los de Madrid, Pamplona y Bilbao. Sino por la casta y la movilidad que tengan, siempre sin los kilos excesivos de ahora.

Y los verdaderos toreros, los que torean sin trampas ni manipulaciones. Ni vetan a nadie.

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