2ª de Fallas en Valencia. Importante debut de Pablo Aguado

Muy de vez en cuando viendo torear, siento ese escalofrío interior que solamente me ocurre con los toreros tocados por la varita mágica. Ayer lo sentí con un joven llamado Pablo Aguado. Hacía su debut en esta Valencia fallera a la que todavía faltan por comprobar este año a qué huelen a que saben los espadas más importantes y, por ello, más esperados. Pero ayer tarde, repito, me llegó al corazón el palpito del arte  mayor y pensé o más bien adiviné que este joven sevillano casi treintañero será más pronto que tarde el torero que ni él mismo ni casi nadie más puede imaginar.

Crear arte es la mejor manera de realizarse a uno mismo y, por tanto, una especie de elixir para ser felices. Pero esta felicidad no la sienten todos momentáneamente. La sentirán cuando el intérprete se convierta en figura. Claro que, para serlo, tendrá que progresar en todo y lograr la regularidad. Y eso, en este caso de Aguado, está por ver…

Pablo Aguado, feliz en la vuelta al ruedo tras cortar una oreja

Valencia. Coso de la calle Xátiva. Miércoles 13 de marzo de 2019.  Segunda corrida  de toros, cuarto festejo. Tarde soleada y agradable con un tercio de entrada.

Seis toros de Alcurrucén, desigualmente presentados y varios de capa y juego. Manso y cortito de todo el primero que pasó sin apenas picar, mejor por el pitón izquierdo que por el derecho y pronto a menos. Manso en cuatro picotazos y noble aunque algo distraído y pronto rajado el segundo. De excelentes hechuras el colorao tercero que resultó muy blando de salida siendo protestado aunque evidentemente noble en la muleta por ambos lados. Mejor fue la salida del hermoso y mulato cuarto que las de sus anteriores hermanos, cumplidor en varas y manejable aunque algo protestón y muy a menos en la muleta el cuarto.  Largo y muy ensillado el también lucero bragao quinto. Bravucón el también negro mulato quinto y con franca movilidad en la muleta.  Muy bello el colorao bragado y cuasi berrendo sexto que protestó en el caballo aunque dejándose pegar en el primer puyazo y encastado además de complicadamente noble en la muleta.

Álvaro Lorenzo (grana y oro): Estoconazo caído, petición y ovación. Estoconazo trasero, ovación tras petición. 

Luis David Adame (blanco y plata): Estocada recibiendo, vuelta al ruedo. Estocada corta y descabello. Petición y gran ovación.

Pablo Aguado (marfil y oro): Estoconazo ligeramente caído, oreja. Dos pinchazos, media estocada tendida y descabello, gran ovación al abandonar la plaza.

Del peonaje, sobresalió la excelente brega de José Antonio Carretero en la lidia del sexto toro.

Finalizado el paseíllo, se guardó un minuto de silencio por la muerte de quien fue mozo de espadas de Vicente Barrera, Antonio de la Torre.

Floja entrada y previo lío en los corrales con las consabidas desavenencias entre los veterinarios y los representantes de los afectados por los cambios. No fue esta corrida, por tanto, la en principio elegida por los ganaderos, hermanos, hijos y sobrinos de la familia Lozano. Ahora mismo, quien más manda en esta ganadería es Fernando, en su día exitoso matador de toros. O sea, que Fernando debe saber lo que se hace… Ignoro los caprichos que llevaron a los veterinarios a estropear el pasodoble del envío y, de ahí, la desigualdad de hechuras y de tipos de los seis bureles entre los que hubo de todo. Peores y mejores. Echada la suerte, cada cual tuvo un toro mejor que el otro de sus lotes.

Abrió el festejo Álvaro Lorenzo. Ya sabíamos que es un buen torero aunque todavía en ciernes de ser figura o de no serlo. Se sabe sobradamente el oficio. Pero aún no resuelve suficientemente los problemas aunque es capaz de aprovechar lo bueno, como fue el pitón izquierdo del primer toro. Su primera faena cobró cierta importancia al natural y  alegría con unas luquesinas finales. Frente al en principio mejor cuarto, muleteó con enjundia y profundidad sobre la mano derecha hasta que el animal se rajó, por lo que su mucho empeño resultó infructuoso.

El mexicano Luis David, el segundo de los hermanos Adame, es un todo terreno, con su variado y abundante capote como asimismo con su variada muleta que rellena de vistosas improvisaciones. No faltaron suertes muleteras de todas clases y colores con el buen segundo toro y hasta mató recibiendo una vez y finalmente rajado el animal.  Logró dar una vuelta al ruedo tras insuficiente petición de oreja que debió conseguir si en vez de tanto bullir se hubiera serenado.

Luis David volvió a venderse en abundancia y entusiasmo frente al también aprovechable quinto que cumplió el refrán como mucha movilidad. Pero anduvo por bajo de su buena condición por lo mismo que antes. Falta de serenidad.

Me encantó y ya quedó escrito el sevillano Pablo Aguado que huele a torero desde que aparece en la puerta de cuadrillas hasta que abandona la plaza. Pienso que en otras tardes con los tendidos más nutridos y con más aficionados buenos en la plaza, su éxito de ayer hubiera sido mayor y mayor su eco.  Lo tiene por mi parte. Quiero verle más porque es de los que llegan al alma. Su tarde de debutante en una plaza tan importante hubiera sido más celebrada de haber actuado junto a las figuras. Está llamado a ello. Enjundia, profundidad, lentitud interpretativa y sentimiento de elegido. Ojalá no me equivoque. De él depende…

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Antonio dice:

    De acuerdo en todo. Gracias por compartir esta crónica y sus conocimientos

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