El “bombo” ha muerto: entra El Juli en San Isidro

El torero de Velilla se anuncia en la primera feria del mundo saltándose el cordón sanitario creado por el empresario francés para evitar a las figuras

El bombo ha muerto: El Juli está en San Isidro. La figura toreará finalmente en la primera feria del mundo tras aceptar Simón Casas su inclusión en el abono sustituyendo al lesionado Enrique Ponce. Juli ya se había auto descartado por la obligación de participar en el sorteo de diez tardes del ciclo y nueve ganaderías si quería torear en Madrid. Plaza 1 había hecho de su ausencia un reclamo que apuntalaba el discurso de la regeneración.

Sin embargo, a última hora ha recurrido a él para salvar el abono, pasando por alto el surrealista compromiso alcanzado con Ponce y su apoderado, con el destrozo de la rodilla aún caliente, que obligaba al maestro de Chiva, con medio año de convalecencia por delante, a no romper el compromiso adquirido en febrero.

La presencia de Juli desactiva el discurso que durante este invierno ha construido la empresa. Culpaban a los toreros de su categoría de los males que pudren la industria. Convirtieron al bombo en el único antídoto para contrarrestarlos, confeccionando un cordón sanitario una vez que asumieron que no era algo que aceptarían.

Eso se ha quedado en nada. Y deja al descubierto a Roca Rey, el único torero que le daba validez al sorteo: ya no es el reclamo exclusivo de la feria, a pesar de haber sorteado su presencia en el San Isidro clave para su carrera. De hecho, de las figuras, es el que peor colocado va. Especialmente sangrante es el cartel del 22 de mayo, cerrando a El Cid y López Simón, como si hubiera dado un paso atrás y este fuera su primer San Isidro. No habrá enfrentamiento directo ni equilibrado. Roca Rey tendrá que esperar a mayo para matar al padre. La corrida de Adolfo espera en el campo. El invento de la Cultura. A Juli, la histórica Beneficencia.

Un puñado de contradicciones

La necesidad de la empresa de acudir al Juli deja al descubierto varias contradicciones y confirma que hay una forma natural de hacer las cosas que siempre funciona: los mejores tienen que estar. Si tanta necesidad había de abrir los carteles, ¿por qué no ha cogido la sustitución alguno de los toreros jóvenes triunfadores en Fallas? Si el bombo se hacía para igualar las posibilidades, ¿por qué no se ha vuelto a sortear ese puesto? Si había una conspiración de las figuras, ¿por qué acudir a una de ellas ante el primer contratiempo? Si había que darle la vuelta al sistema, ¿por qué no esperar y rellenar los huecos con los triunfadores que vayan saliendo de la feria?

Simón Casas, que había defendido con vehemencia estas ideas, da la razón a los que pensaban que la Feria de San Isidro no tenía interés, tal y como estaba diseñada. Podría haber ido hasta el final con sus argumentos, convirtiendo el ciclo en una oportunidad para todos esos matadores asfixiados por la dictadura de las figuras del toreo. Fuera los mejores del foco, el momento era perfecto para dar a conocer a un puñado de espadas nuevos. Convirtiendo el mundial del toreo en una especie de UEFA League pura, una inversión de futuro de la que saldrían respaldados los que habitualmente no tenían oportunidades. Lo más difícil estaba hecho: conseguir que esa forma de verlo calara. Se había roto el hechizo de las figuras, a las que se les pedía un gesto, asumir nuevos desafíos. Ahora ha demostrado que, como la mayoría, pensaba que los carteles eran malos, que ni él mismo creía en lo que tenía entre manos si la presencia de Juli era así de acuciante.

El sorteo hacía pie sobre el fango desde el primer momento. Del anuncio de octubre en el canal Toros, con el diseño de un bombo total, se pasó cubrir con las bolas un porcentaje mínimo de la feria. No contentaba a nadie: a los que estaban a favor del sorteo se les quedaba corto; los que no, lo veían como un parche.

Golpe en la mesa de los Lozano

Detrás del populismo, recordaremos como algo histórico el año en el que Simón Casas se alineó con los aficionados exigentes y quiso enterrar a las figuras del toreo a las que siempre dio todo, está la necesidad de demostrar que la feria es muy larga, ahorrar costes y mantener el pulso callado con la Comunidad de Madrid, propietaria de la plaza. En las últimas decisiones de Plaza 1 sobrevuela el fantasma de la reforma de Las Ventas, que lastra el proyecto millonario de explotación que iba a dar el colchón de dinero suficiente para diseñar carteles redondos.

”No podemos hacer todo lo que nos gusta”, lanzó el mensaje Rafael García Garrido, director gerente de Nautalia, a la Comunidad. “Espero que pronto se despejen las incógnitas sobre sobre la reforma. Estamos dispuestos a hacer muchas cosas más, siempre y cuando se den facilidades para ello. No queremos otra plaza”, dijo García Garrido a Manuel Ángel Fernández, el responsable del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM.

Además de Juli, otro torero que sale reforzado con la muerte del bombo es Emilio de Justo. El extremeño dijo que no cuando toreros como PonceCastella y Urdiales aceptaron el ofrecimiento de Simón, creando una corriente sin turbulencias en la que dejarse llevar. Al final, de Justo tenía razón: el esfuerzo de tantos años buscando salir a la superficie se negociaba, no se sorteaba.

Al fondo del asunto está también el desencuentro con Matilla del empresario francés. Matilla, apoderado de Manzanares y Morante, se habría opuesto frontalmente a esta decisión, llegando a abandonar ANOET para expresar su rechazo. Hace cuatro días un toro de su ganadería le partió la rodilla a Ponce, quebrando también el endeble proyecto de su antiguo socio.

Otra batalla perdida es la que mantenían con los Lozano, apoderados de Juli, que han completado una jugada maestra. Ser figurón del toreo era esto, vienen a decir. Los comentarios, el tratamiento exagerado del resultado sin revoluciones del bombo, las declaraciones en prensa, los artículos allanando el terreno en cabeceras históricas, el intento de callar las voces discrepantes, todo eso, se diluía cuando Simón Casas, derrotado, agradeció la presencia del Juli durante la gala de presentación de la feria más normal de los últimos años.

Juan Diego Madueño en El Español

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