9ª y 10ª de Fallas en Valencia. El Fandi encantó y Pinar resolvió

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 20 de marzo de 2010. Décima de feria. Tarde nublada con llovizna intermitente que arreció durante la lidia del último toro y tres cuartos de entrada. Cinco toros de Jandilla y solo uno del hierro titular, Vegahermosa. Todos muy bien presentados y cuajados en diversidad de tipos y pelajes. Nobles aunque flojos en distintos grados, salvo el impetuoso quinto que llegó muy crudo a banderillas para venirse abajo y con guasa a la muleta. Francisco Rivera Ordóñez (amaranto y oro): Media estocada y tres descabellos, silencio. Estoconazo desprendido, petición, gran ovación y vuelta brevemente protestada al iniciarla. El Fandi (negro y plata): Estocada desprendida trasera, silencio. Estoconazo, oreja y fuerte petición de otra con posteriores pitos al palco por no conceder el segundo trofeo. Sustituto del lesionado Miguel Ángel Perera, Rubén Pinar (grana y oro): Pinchazo y estocada, oreja. Estocada y muy tardío descabello, aviso y petición con ovación y desbandada general bajo el diluvio.   

Aunque la corrida terminó bajo la lluvia, la gente se divirtió pese al rigor presidencial al no conceder todos los trofeos solicitados. Hizo bien el usía en contener los efluvios populares pero no en negarse cerrilmente a las peticiones que El Fandi hizo para que se cambiara el tercio de varas tras un solo puyazo. Cuestión en la que el granadino tuvo toda la razón y más en su caso que, por requerir el mayor ímpetu posible de sus toros a la hora de banderillearlos – plato favorito, esperado y celebrado en todas sus actuaciones –, lo que para el matador era puro sentido común, para el señor del palco, en absoluto por considerar estrictamente obligatorio que cada toro vaya dos veces al caballo tenga mucha fuerza o ninguna como fue el caso del primer toro de El Fandi pese a lo muy débil que quedó tras pegarse un talegazo en el remate de un lance del granadino.

En vista de ello, El Fandi se negó en principio a banderillear hasta que, por la insistente petición de público, accedió a parear, lo que hizo con normalidad y sin carreras pero brillantemente. Pero el animal llegó parado e imposible a la muleta. Todo lo contrario sucedió con el quinto toro, un colorao de abundantes y agresivos pitones, brioso, fuerte, pronto y con muchos pies por lo crudo que le dejaron en varas. Tras una larga de rodillas en el recibo con el capote seguida de un galleo por chicuelinas, El Fandi se empleó a fondo con las banderillas, cuajando cuatro pares memorables de su exclusiva personalidad y máxima espectacularidad poniendo la plaza boca abajo. Pero el toro no llegó a la muleta con parecidas condiciones sino reservón y con guasa, lo que no impidió a El Fandi que, buscándole las vueltas, lograra una faena peleona que lejos de desagradar al público, fue tenida por muy meritoria. Y más la estocada con que lo mató.

A la espera de que le concedieran la muy pedida segunda oreja, se El Fandi quedó saludando a la presidencia como es de rigor hasta que el señor del palco se levantara para corresponder al saludo, cortesía obligada a la que, en principio, se negó el usía. Mal el presidente, quizá enfadado por el desenfado de El Fandi en su reverencial aunque chulesca acción ciertamente provocativa aunque torera en todo caso.

El encanto de El Fandi es precisamente su irrenunciable entrega en darlo todo para que quienes pagan por verle nunca se vayan de la plaza insatisfechos. Y es que El Fandi es mucho Fandi se pongan como se pongan sus detractores.

Este fue el capítulo más brillante por atractivo y polémico de esta jornada en la que también destacó Rubén Pinar, como siempre tan resolutivo como habilidoso en sus maneras tan superficiales como efectivas. Sus dos toros se prestaron y Pinar desarrolló su acostumbrado repertorio con capote y muleta en busca de un seguro triunfo que esta vez no fue doble por esperar demasiado tiempo a que doblara su segundo toro y necesitar tardíamente en descabellarlo, lo que le impidió salir por la ansiada puerta grande.

Abrió plaza Rivera Ordóñez con un tardón primero al que banderilleó con soltura y muleteó con torería conservadora. Más extensa y feliz resultó su segunda labor en la que  hizo de todo incluido el recibo con larga de rodillas, banderillas exhibicionistas y una faena de cara a la galería entre el jolgorio de sus fans que no cesaron de piropearle. Tras negarse la presidencia a darle una oreja, se complació en una vuelta al ruedo clamorosa aunque la iniciara entre las protestas de unos pocos que, a la postre, tuvieron que tragársela.

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NOVILLADA MATINAL.

Juan del Álamo confirmó las expectativas pero falló a espadas

Con muy poco público y tiempo primaveral, se corrieron seis novillos de Fuente Ymbro francamente buenos aunque algunos flojos. De cuanto ocurrió y aunque el local Carlos Durán cortó una oreja por puro paisanaje, quien interesó y gustó una barbaridad fue el salmantino Juan del Álamo por valiente, inteligente, elegante y templado. Una pena que perdiera cuatro orejas con su deficiente espada. El mexicano Juan Pablo Sánchez no cumplió ni de lejos con la fama de que venía precedido.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    Horrible la corrida de Jandilla, por fea, descastada e inválida. Un petardo en toda regla con lío incluído en los corrales por la mañana. Rivera Ordóñez hizo el paseillo, tuvo la suerte de no sacarle un ojo a ningún toro ni con las banderillas (si su padre levantara la cabeza se las clavaba en el culo, para que espabilara) ni con el pico de la muleta, cosa que no obstante apuesto a que terminará sucediendo. El Fandi no pudo brillar con el derrengado y descastado segundo, y tuvo que hacer un gran esfuerzo con el reservón quinto, geniudo y embistiendo siempre a arreones de manso, tanto en banderillas (gran par el cuarto por los adentros) como con la muleta, con la que no se aburrió de buscarle las vueltas al complicado animal. Rubén Pinar le hizo a su primero, un toro enclenque, una faena llena de cadencia y dominio, y además con buen gusto. Un sobervio espadazo le acabó de conceder la oreja. No mereció tal premio en el sexto, no por su culpa, sino por la condición tan deslucida del toro que impidió el más mínimo lucimiento.

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