4ª de feria en Sevilla. Aparte la oreja que cortó Ferrera, quien ayer cayó de pie en La Maestranza fue Emilio de Justo

Que me perdonen Antonio Ferrera y Manuel Escribano si comienzo esta crónica con el debutante Emilio de Justo a quien vengo viendo últimamente con creciente interés por el asombro que no hace mucho me produjo ver cómo torea: !cómo los propios ángeles¡.

Este ya avanzado mozo estaba perdido no hace mucho tiempo en su intento de formarse allende los mares y vaya tela cómo anda ya frente a toda clase de ganado – ayer nada menos que con reses de Victorino Martín – asombrando a los sevillanos y foráneos que cubrían tres cuartos de entrada en los tendidos de este Palacio Real de Toreo que es La Maestranza de Sevilla. Y mira que, en lo que llevamos de feria, llevamos sumados bastantes triunfos y algunos muy importantes.  Aunque muy posiblemente Emilio de Justo perdió ayer la oreja del tercer toro  y otra del sexto por sus fallos con los aceros, la impronta de su manera pluscuamperfecta de torear por lo clásico en la versión de máxima pureza y con tanta y natural despaciosidad, alcanzó máximos grados de entusiasmo. Los olés que corearon su muletazos salieron del estómago de los que jaleaban tal portento. Auguro pues un triunfal porvenir a este cacereño con pinta de emperador romano.

Aparte el intermitente juego que dieron sus dos toros de Victorino, ambos encastados en grado sumo con lo que esto conlleva, la extrema determinación sin ningún desmayo pese a las repentinas reacciones nada fáciles de estos animales pese a su fondo de nobleza, impidiendo la redonda limpieza en sus dos labores, cuanto llevó a cabo Emilio de Justo impactó como pocas veces sucede con los debutantes. Claro que este Emilio de Justo parece que lleva años acumulando los sentidos del toreo más aristocrático gracias aun espartano valor. Un valor que solamente tienen los privilegiados. Un valor indeclinable como bien demostró Emilio cuando sus dos toros le puntearon por arriba repentinamente, lo que no fue óbice para que reemprendiera una y otra vez sus dos faenas, desde luego purísimas en el concepto más caro de la tauromaquia contemporánea.

Visto lo visto ayer a Emilio de Justo, estoy deseando verle torear a toros con más regular nobleza y, por tanto, con más clase. Estoy seguro de que le esperan tardes monumentales. Al tiempo.

La corrida de Victorino de ayer tuvo importancia como casi siempre en cuantas lidian y contó con toros desde luego potables aunque con las características más arriscadas del encastamiento, provocando la importancia de los mejores momentos de acople de quienes tuvieron delante.

Antonio Ferrera volvió a ser ayer quien viene siendo últimamente por fiel a su nuevo concepto netamente barroco y neoclásico de su toreo con el capote y con la muleta.

Sus maneras de recibir a los toros, sus maneras de llevarlos al caballo, sus maneras desde luego exclusivas de aprovechar cualquier buen resquicio al salir de cada encuentro con los montados, su modo único de improvisar suertes fieles a la transfiguración que le ha convertido en gran artista, aparte de su siempre reconocido valor, volvieron a impactar a los espectadores. Sevilla ya ha sido objeto muchas veces de estos obsequios toreros tan eminentemente particulares y ayer, Ferrera, volvió a su mejor ser y estar, perdiendo una primera oreja por pinchar al matar al primer toro de la tarde y lográndola con unánime petición tras recetar la buena estocada con la que liquidó al cuarto.

Manuel Escribano recibió a sus dos toros con largas de rodillas a porta gayola que últimamente no es tal porque quienes actualmente prodigan esta muy arriesgada suerte, cuando la llevan a cabo en La Maestranza tienen un riesgo añadido por la gran anchura de la puerta de chiqueros y, desde luego, por la bastante mayor distancia de las barreras, lo que añade no pocas y mayores dificultades al trance.

Recuerdo muy vivamente la tarde en la que Paquirri fue cogido de lleno aquí mismo en la Maestranza tras arrodillarse más lejos de lo habitual debido al charco de agua que había en el más conveniente por más cercano sitio. El toro lo prendió lanzándole a gran altura para caer de muy mala manera. Cogida que, por cierto, marcó el principio de su decadencia que, para mayor desgracia, le condujo a su muerte. A partir de esta cogida no volvió nunca a ser quien había sido.

Escribano, tantas veces cogido muy gravemente, tiene el enorme mérito de no desfallecer jamás. Independientemente del mayor o menor lucimiento en las suertes que prodiga, su incondicional entrega preside todas sus actuaciones. Y no digamos en Sevilla, escenario de sus más grandes triunfos. Ferrera siempre pretende y a veces logra ser quien tantas veces fue.

Su primer toro fue la alimaña de esta tarde y salvo en banderillas, suerte en la que sobresale por su valor, no logró lo que pretendió sufriendo una cogida de lleno, por milagro sin consecuencias. Su labor frente a este toro fue de las de a sangre y fuego. Con el bastante mejor quinto – !vaya  racha que llevamos de buenos toros fieles al famoso refrán de que “no hay quinto malo”! – no anduvo fino con los palos aunque sí en algunos pasajes con la muleta a derechas, que fue el lado más proclive de este animal, pasando de un desarme inicial, a tres buenas rondas con la derecha, a otra más acelerado y a frustrados pasajes al natural hasta matar al primer envite. Esta vez las palmas al toro en su arrastre fueron mayores que las dedicadas al matador al saludar.

Quinto toro

Sevilla. Plaza de La Real Maestranza. Sábado 7 de mayo de 2019. Cuarta de feria. Tarde fresca con tres cuartos de entrada. 

Seis toros de  Victorino Martín, muy bien presentados en el tipo y el pelo cárdeno del su encaste Saltillo. Todos muy encastados en distintos grados de manejabilidad. Destacaron por más lucidos primero. tercero, cuarto, sobre todos el quinto y el sexto. 

Antonio Ferrera (grana y oro): pinchazo y estocada trasera, ovación. Buena estocada, oreja.

Manuel Escribano (plomo y oro): Estocada trasera atravesada y dos descabellos, saludos. Estocada trasera, palmas tras ovación al toro en su arrastre. 

Emilio de Justo (negro y oro): Dos pinchazos hondos y estocada, aviso y ovación. Buena estocada y descabello, gran ovación. 

A caballo destacaron Antonio Prieto, Félix Majada, Juan Francisco Peña, Germán Guillén y Germán González. En la brega,  Manuel Montoliú, también en banderillas junto a Javier Valdeoro, Fernando Sánchez, Morenito de Arles y Juan Manuel 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Mariano dice:

    A Ferrera se le fué un toro de bandera, de vuelta al ruedo. No se puede torear más fueracacho, abusando del pico y col culo pafuera. ¿Y usted esto lo llama arte?

  2. J.A. del Moral J.A. del Moral dice:

    Hay gente p´ató

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