5ª de San Isidro en Madrid. Pablo Aguado obra un milagro en Las Ventas

Pablo Aguado dibujó muletazos a cámara lenta al último de la tarde

Que me perdonen Ginés Marín y Luis David por no mencionarles en el titular de esta crónica. Digamos de seguido que Ginés se acercó a su mejor versión torera con el excelente toro de Montalvo que abrió la tarde y hasta cortó una cara oreja, vital para él porque le hacía mucha falta triunfar en el escenario con más repercusión del mundo.

Digamos también que al joven Mexicano Luis David (el segundo la saga Adame) poquito le faltó, unos cuantos pañuelo más, para cortar otra aunque pudo dar una importante vuelta al ruedo por mostrar su alegre variedad con el capote por estupendas verónicas en el recibo, por su precioso quite por zapopinas y por una faena de cierta intensidad mediante estupendos redondos hasta que el también buen segundo toro fue viniéndose abajo, y terminar cerrando su profusa labor con una gran estocada aguantando, que es la suerte “prima” de la de recibir. Yo le hubiera dado la oreja y la vuelta al ruedo que dio tuvo el mismo calor de haberla conseguido.

No sé porque hubo gente que no la pidió. En fin, cosas de esta plaza, tantas y tantas veces con reacciones incomprensibles. Bien, o mal porque con sus segundos oponentes, ambos espadas se tropezaron con dos zambombos que apenas dieron juego de la misma ganadería anunciada en un radical cambio de la decoración ambiental. Y punto y aparte.

La plaza casi se había llenado – un casi muy corto – por la presencia en Las Ventas como tercer espada del torero del momento, el ya famosísimo Pablo Aguado a quien le echaron a los corrales el tercer toro de Montalvo, un enorme galán de pelo colorao con tanta cara como la de sus hermanos por evidentemente cojitranco. Y, acto seguido, tuvo que vérselas con un pésimo sobrero de Luis Algarra que, además de pésimo, resultó peligroso de principio a fin en su costosa lidia. Tanto fue así, que Aguado sufrió dos consecutivos y aparatosos percances, el primero al torear con el capote y el segundo durante su imposible faena de muleta, prosiguiendo una imposible labor muletera que terminó fatalmente con la espada, ayer por cierto muy fallida del matador sevillano. Una vez arrastrado el horrible animal, Pablo pasó por su pie a la enfermería de la que salió para matar a su sexto y último oponente de la ganadería titular, con mejores y parecidas hechuras a las de los dos primeros bureles. Tanto fue así que, afortunadamente, su noble embestir en el último tercio y, aunque no le sobró la fuerza, permitió el enormemente impactante y sublime toreo con el que Aguado volvió a ser el de la pasada feria de Sevilla. Que es lo que la gente quería comprobar si era verdad o no porque su labor sobrepasó la ralla de la excepcionalidad. Y volvimos a “tocarlo” con nuestras manos…

Me ratifico, nos ratificamos todos los que asistimos en carne y hueso  al acontecimiento o mejor decir al descubrimiento, en todo lo que dije sobre su portentosa actuación de hace pocos días en La Maestranza. Pero es que, además, en esta primera actuación de Pablo en Madrid – tiene pendiente otra corrida, la última de esta feria isidril -, este torero de máxima revelación obró un milagro. El milagro del inmenso silencio que precedió a sus sucesivas rondas con la muleta. Un silencio que jamás había sido cual fue en esta plaza monumental. Por espeso y por premonitorio.

Un silencio, además, reverencial porque hasta se podía masticar. Esos silencios fueron cual fueron porque, además hubo muchos, una especie de rareza en esta plaza habitualmente tan ruidosa porque incluso durante y después de muchas faenas, incluso de las mejores,  siempre hay patosos en Las Ventas que gritan idioteces. Ayer se callaron hasta los pájaros. Pues atónica fue cada espera entre las rondas que acontecieron, tanto por redondos y, sobre todo, por naturales con los añadidos de pecho o con las trincheras de remate… Qué sé yo, qué sabíamos todos los afortunados allí presentes de los misteriosos por qués de tanta maravilla de las maravillas.

Y en total, este milagro surgió y resurgió a lo largo de la faena reveladora de Aguado. Oigan, es que aquello era verdad. Es que aquello fue como el descubrimiento ocurrido hace pocos día en La Maestranza sevillana. Solo que allí, esos silencios son más habituales. Pero en Madrid, no. Por eso hemos calificado de milagrosa su actuación de ayer, digna de pasar a los anales. Y eso a pesar de que Pablo volvió a fallar a espadas estrepitosamente.  Y, claro, no hubo orejas. Ni siquiera una vuelta al ruedo.

Detengámonos también en que a los silencios de ayer les siguieron los oles de todos los espectadores a la vez. De esos oles enronquecidos y arrastrados que surgían desde las entrañas y hasta desde los corazones de los casi doce mil presentes en la plaza e imagino que también de los que seguro que gritarían en sus casas los que lo vieron por televisión.

Pero es que, además, qué más da lo de las orejas en estos casos como el de ayer. Muchas grandes obras del toreo a lo largo de la historia no terminaron con orejas de más o de menos para sus autores y han pasado a la historia. Recuerdo entre otras la preciosa faena de Antoñete con el toro blanco de Osborne en un San Isidro, la monumental de El Viti en Sevilla con un toro de Samuel Flores, la portentosamente heroica además de sembrada que llevó a cabo Enrique Ponce en Las Ventas que le consagró como máxima figura que además lo sigue siendo hasta el presente. Y nadie habla de las orejas que cortaron ni falta que hace. Pues eso mismo fue lo que ocurrió ayer en Madrid.

Por eso, el hito madrileño de Pablo Aguado ayer tarde, también pasará a la historia. Y por ello, volverán a llenarse las plazas cada vez que toree.

Laus Deo. Bendito sea Dios que nos ha permitido ser testigos, tanto en Sevilla hace pocos días como ayer en Madrid del portentoso toreo de Pablo Aguado, rey de la naturalidad, de la suprema además de sencilla elegancia, del saber estar sin que apenas se note porque sus suertes flotan sobre la arena del ruedo por parecernos ingrávidas.

Pablo Aguado, esguince en rodilla derecha que no le impide continuar la lidia

Pablo Aguado, esguince en rodilla derecha que no le impide continuar la lidia

El sevillano fue cogido en dos ocasiones por el sobrero de Luis Algarra que hizo tercero

El diestro Pablo Aguado recibió dos fuertes volteretas durante la lidia del tercero bis de la ganadería de Luis Algarra. El sevillano fue arrollado cuando le lanceaba en su recibo de capote sufriendo una torcedura en su rodilla derecha. Posteriormente, con la muleta, recibió una fuerte voltereta sufriendo un varetazo en el glúteo y saliendo del trance visiblemente aturdido. Tras finalizar la lidia pasó a la enfermería donde fue asistido por el equipo médico comandado por el Dr. Máximo Gracía Leirado, que firma el siguiente parte médico:

“Contusión en región frontal izquierda, contusión primer dedo mano derecha, puntazo corrido en glúteo derecho y esguince en ligamento lateral interno de la rodilla derecha. Pronóstico: leve que no le impide continuar la lidia.”

Madrid. Plaza de Las Ventas. Sábado 18 de mayo de 2019. Quinta de feria. Tarde muy fresca y seminublada con rachas de viento y casi lleno.

Cinco toros de Montalvo. Muy bien presentados los corridos en primer, segundo y sexto lugares que además resultaron nobles, sobre todo los dos primeros y no tanto el sexto por sus limitada fuerza. De excesivas hechuras cuarto y quinto dando mal juego. Por devolución del inválido tercero, se corrió un sobrero de Luis Alagarra, cornalón de muy mal juego.

Ginés Marín (marino y oro):Buena estocada, aviso y oreja. Pinchazo y estocada trasera, silencio.

Luis David (malva y oro): Estocada aguantando, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Estocada baja, silencio.

Pablo Aguado (marfil y oro): Pinchazo hondo abajo, bajonazo y sartenazo, palmas. Estocada atravesada que hizo guardia, dos pinchazos y se echa el toro, ovación con saludos.

En la brega y en banderillas, destacó con notable diferencia Iván García.

Y una foto para enmarcar. Enrique Ponce dando la alternativa a Pablo Aguado en una corrida de la Feria de San Miguel en La Maestranza de Sevilla

Post/scritum

A mí me da igual que Pablo Aguado lea o no lea mis crónicas que, además, le mando encantado y ni me da las gracias. Lo que no me da igual es que le siga apoderando Antonio Vázquez. Espero y deseo por su bien que pronto abandone esa cuadra.

  

   

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Leopoldo dice:

    AGUADO ES EL MEJOR. VIVA AGUADO

  2. Pedro Abad Schuster Pedro Abad Schuster dice:

    Muchas GRACIAS estimado señor José Antonio Del Moral, por este artículo, y por todos los demás. INVALORABLE es la Educación Taurina que nos transmite. Bien por la Fiesta con Pablo Aguado. Qué 2019 nos espera. Y con la televisión al mundo entero, para vivir todas estas corridas.

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