José María, mi queridísimo y gran amigo Bojilla, ha muerto

Desde que ya no sé cuanto tiempo hace, mantuve una sincera y leal amistad con los hermanos Bojilla, el genial e histórico banderillero, Enrique, y con su hermano, José María, sobre todo a raíz de nuestras muchas y muy largas estancias en Lima. José María iba siempre allá con su esposa que creo era peruana, de ahí su fidelidad a Lima y a sus ambientes taurinos. Muy querido también allí Imagino la pena que tendrán Los Puga, Magaly Zapata que era como su sobrina y muchos más que si no nombro es porque, citando sus nombres, sumar este mismo sentido pesar llenaría un tomo de la Telefónica. Le conocí cuando apoderaba a Ángel Teruel quien sin duda también estará hecho polvo…

Tengo un anécdota, sucedida durante una feria de San Isidro en la que Teruel actuó siendo ya figura. Entonces me atrevía a ocuparme de encargar entradas para todas mis amistades. Sobre todo las de mi pueblo y para muchos más. Una lista interminable que, una vez citados, repartía frente a las taquillas, entonces sitas en la calle de la Victoria. Más que iniciada al feria, el Director de Radio España me rogó encarecidamente que encontrara, por supuesto que pagadas, cuatro tendidos bajos de sombra para la última corrida de Teruel. Y como me fue imposible encontrarlas en la Taquilla Oficial de Las Ventas, recurrí a José María. Las pidió, se las dieron, nos citamos y me las entregó encantado de hacerme el favor. “¿Cuanto valen?” le dije. “Nada”, me contestó. “Me ha dicho Ángel que ni se me ocurra decir lo que habían costado”. Y ante su cerril negativa a cobrármelas, en el mañana del día de la corrida, compré un enorme ramo de muy caras flores y se las llevé a Bojilla y le dije que se las entregara de mi parte a Lidia Dominguín, la esposa de Ángel.

Al saber lo que había hecho, Bojilla me buscó y, cuando nos encontramos, le dije: acompáñame a las taquillas que tengo que recoger mis encargos. Importaban casi medio millón de pesetas de aquella época y le dije: “Mira José María lo que he pagado por mis encargos y que sepas que, cada año, estos favores me cuestan no poco dinero porque algunos siempre se hacen los muertos y no me pagaban las suyas. Comprenderás, José María, por qué le he mandado un ramo de flores a Lidia….”

Se quedó de piedra y, desde entonces, se estrechó más y más nuestra amistad.

Me consta que José María fue un ávido lector de mis crónicas, hasta que enfermó sin que yo lo supiera. Y mira que siento en el alma no haberme enterado con tiempo para poder ir a visitarle y despedirme de él.

Hasta siempre, querido amigo y ojalá que volvamos vernos en el Cielo.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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