Qué pena más grande, Fernando, fuimos amigos desde niños

Lo sabía y me lo temía desde que supe que padecías un cáncer y te llevaron a América en busca de remedio. Tus ausencias en las plazas de toros durante toda la pasada temporada, me preocupaba tanto que no me lo podía creer porque, además de gran ganadero, como toda tu familia, hermanos, tíos y primos – el encaste Domceq que si no fuera por lo que fue, es y continuará siendo tendrían que cerrarse muchas plazas de toros – fuiste uno de los mejores aficionados que he conocido en mi vida.

Pero son los recuerdos personales y nuestra larga amistad lo que más cuenta porque, si en  algo te diferenciaras de todos los Domecq, era tu enorme simpatía.

Nos vimos por primera vez y nos conocimos en el comedor del Parador de Bailén. Tu y tu hermano Juan Pedro que también en Gloria esté, almorzabais junto a vuestro inolvidable padre, don Juan Pedro Domecq Díez, y en la mesa de al lado, estábamos sentados mi padre y yo. Todos por el mismo motivo. Asistir en Linares a la corrida – vuestra por cierto – en la que iba a actuar nuestro común gran amigo, Antonio Ordóñez. Ni mi padre ni yo sabíamos a qué hora empezaría el festejo. Yo conocía de vista a vuestro padre y me levante para preguntarle por la hora del comienzo de la corrida. Y tu, Fernando, fuiste quien enseguida me lo dijo: “A las siete, ¿vosotros vais también?”. “Nosotros somos amigos y seguidores del maestro”. Ya os había visto muchas veces y sabían quienes sois”, le contesté…

No sé por qué, como tantas veces ocurre, enseguida nos caímos bien. Años después, bastantes, cuando yo ya me dedicaba a la crítica taurina, frecuentamos mucho no pocas conversaciones. Tantas, que llegamos a ser muy amigos. Y, ademas, siempre estábamos de acuerdo porque nos gustaban los mismos toreros y las mismas ganaderías. Tuve entonces la fortuna de entablar también una gran amistad con vuestro tío, don Álvaro Domecq, hermano de vuestro padre. Y de ahí en  adelante, esa incipiente amistad se ensanchó incuestionablemente por ambas partes.

Muchas alegrías por ambas partes hemos compartido porque, además, mi amistad cuasi familiar con los Ordóñez y a la postre con vosotros, alcanzó una total confianza.

Llorando estoy mientras escribo. Llorando, aunque también muy alegre por dentro al recordar las tantísimas veces que celebramos juntos vuestras victorias. Y las mías…

Dios te guarde, querido Fernando. Hasta siempre.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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