11ª de San Isidro en Madrid. Lecciones de Paco Ureña y revelación de David de Miranda con un descomunal de vacas llamado “Despreciado”

De la enorme y vieja corrida de Juan Pedro Domecq, hubo tres toros para triunfar, sobre todo el extraordinario sexto, y otros tres tan flojos que apenas dieron juego. El que hizo cuarto fue tardíamente devuelto y sustituido por un sobrero, asimismo enorme aunque muy deslucido de Luís Algarra. Por lo que respecta a los tres espadas, el más perjudicado fue El Juli que vino para sustituir a Enrique Ponce, por cierto ayer espectador de superlujo que se sentó junto a S.M El Rey Don Juan Carlos, también primer gran aficionado de España. La presencia regia volvió a ser celebrada con grandes ovaciones y posteriores gritos de !viva El Rey y viva España!.

 Ponce y El Rey bilaketarekin bat datozen irudiak

Y el lleno, a reventar, por lo que los silencios y las manifestaciones de entusiasmo cuando las hubo fueron espectaculares aunque no faltaron las preconcebidas protestas de los reventadores que se emplearon en molestísimo e impertinente fondo contra El Juli, objeto a derribar en Madrid cuantos los haya.

Con este ineducado e impertinente proceder de la plebe venteña habría que acabar de una vez por todas. Ayer mismo se emplearon a fondo para que la presidencia no devolviera a los corrales al inválido cuarto consecuencia de haberse roto una mano, no fuera a ser que el sobrero diera oportunidad para que El Juli hubiera podido unirse a los triunfos de Paco Ureña y del confirmante,  David de Miranda, que acabó siendo el gran vencedor de la tarde al salir a multitudinarios hombros por la Puerta Grande.

Así pues, una corrida a la par decepcionante y triunfal que empezó mal y acabó enardecida de felicidad, con el muy alegre añadido de que, a las puertas del patio del desolladero, un inagotable montón de aficionados  se arremolinaron para felicitar a Ponce por su tan pronta y casi milagrosa recuperación.

Hemos dicho en el titular que el conjunto de la actuación de Paco Ureña en su reaparición en Madrid – plaza que le adora y este año más que nunca por poder continuar viendo todo muy claro pese a que solamente puede ver con uno de sus ojos – fue un conjunto de lecciones, sobre todo por haber sido el único de la terna actuante que acertó eligiendo los únicos terrenos en los que apenas molestó el ventarrón que ayer sopló más que nunca en esta por cierto muy ventosa feria. Por esto mismo me acordé de la tarde del 30 de mayo de 1965 en la que reapareció en Madrid nada menos que Antonio Ordóñez con una corrida de Pablo Romero en la que, desde su principio, el grandioso rondeño impuso que la lidia y no solo de sus toros, tuviera lugar en el cercano alrededor del burladero del tendido 5. Impuesta y sabia decisión que sus dos compañeros en aquella tarde aceptaron de inmediato. No me expliqué ayer, por tanto, que El Juli,  en su misión de director de lidia, no impusiera esta elección absolutamente necesaria y conveniente por lo que, no solo por el pésimo juego de sus dos toros sino también por emperrarse en torear donde más molestaba el vendaval reinante, apenas logró dar pie con bola. Increíble. Menos mal que con el sobrero de Algarra, se fue a torear donde debía haberlo hecho con el segundo y algo le sacó al final del trasteo.

Siguiendo acerca de las lecciones que ayer nos dictó Paco Ureña, hay que resaltar su inagotable empeño en torear con la máxima pureza, sobre todo al interpretar las suertes más fundamentales del toreo, la verónica y el natural. Su recibo al tercer toro, el electrizante quite que siguió, además de valentísmo, angustioso con buena réplica de El Juli por chicuelinas,   y su magnífica faena con el quinto que cerró con una gran estocada, fueron como si hubiera renacido. La oreja que le dieron, a un servidor le supo a poco premio dado lo hecho y más en sus desgraciadas circunstancias. Toda una ejemplarizante lección. ¡Enhorabuena, torero!.

Pero nos esperaba la gran sorpresa de la tarde. Una sorpresa reveladora del joven diestro de Trigueros (Huelva), David Miranda, quien apenas logró darnos la impresión de tener muy buen corte frente al toro de su confirmación de alternativa. Y al final, frente al por todo extraordinario sexto, “Despreciado” de Juan Pedro Domecq III, quienes si hubieran podido ver lo que pasó, el abuelo y el padre habrían resucitado. Los tres Juan Pedros, sucesivos privilegiados alquimistas, constataron haber conseguido que un toro con las descomunales hechuras de este ejemplar, embistiera como embistió. Maravillosamente. Fue toro de vuelta al ruedo. Anda que, si hubiera sido de quienes yo me sé, les habrían dado dos.

Por su excelente y encastada bondad, a un mal torero no le habría servido para estar como estuvo David de Miranda. Superlativo e impactante, también por novedoso, mas lo que a veces decimos, sembrado. Redondísimo de principio a fin de su esplendida actuación que, además, cerró con una gran estocada, todo ello premiado con dos muy merecidas orejas que paseó entre las, mira por donde, también enardecidas ovaciones. Una rendición total del público que al mismo tiempo que David fue alzado en apasionados hombros hasta salir así por la Puerta Grande, lograda ayer con la más unánime alegría de los espectadores. Y otra ¡enhorabuena! por mi parte.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Viernes 24 de mayo de 2019. Undécima de feria. Tarde ventosísima con llenazo hasta los topes. 

Cinco toros de Juan Pedro Domecq, magníficamente presentados a la moderna. Es decir, con gran envergadura y trapío. Noble aunque sin fuerza el primero. Prácticamente inédito el segundo a cuenta del vendaval irrefrenable. Muy noble el tercero. También el quinto. Y por todo extraordinario el sexto. Por devolución – tardía – del cuarto, se corrió un sobrero de Luís Algarra que apenas dio juego para casi nada propicio aunque mejoró al final de la faena gracias a la pericia del quien lo mató.

El Juli (laurel y oro): Pinchazo hondo tendidos y tres descabellos, pititos antes del silencio que imperó. Dos pinchazos y bajonazo, pitos.

Paco Ureña (malva y oro): Pinchazo y estocada, petición insuficiente y vuelta clamorosa al ruedo. Estocada baja, oreja.

David de Miranda (blanco y oro): Pinchazo hondo, palmas. Estocada casi entera algo atravesada, dos orejas. Salió a hombros por la Puerta Grande.

De entre las cuadrillas, destacaron a caballo, José Antonio Barroso y Pedro Iturralde. En la brega y en palos, Álvaro Montes, Curro Montes, Pirri y Azuquita.

  

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Tomas dice:

    Es la grandeza de Madrid, única plaza que te cambia la vida en 10 minutos. Por malos que parezcan los carteles a priori, la Feria de San Isidro y Madrid en general es una caja de sorpresas. Que le pregunten a Ojeda, Ortega Cano, César Rincón……que serian sin Madrid. Y en lo ganadero el gran protagonista de la feria por el momento es Juan Pedro Domecq. Al César lo que es del César

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