29ª de San Isidro en Madrid. Seguimos saliendo a un solo toro cada tarde

Porque ya me dirán ustedes lo que les parecen estos animales que venimos padeciendo. Los aficionados toristas continúan no sé si padeciendo o alegrándose porque hay que ver como los aplauden en su arrastre. Estas ovaciones a los marrajos me desconciertan a la vez que me distancian cientos de kilómetros de tanto contento que no entiendo ni comprendo. Ayer solamente embistió el tercer toro, “Carasucia”. Un repentino y lógico fogonazo que iluminó nuestra afición para que no renegáramos de navegar por este interminable río de la afición que nos lleva desde que fuimos niños.

Debe ser terrible tener que enfrentarse casi siempre a toros como los de ayer con los que, casi siempre, el hecho de andar tranquilo y desenvuelto aunque sin lograr un solo muletazo completo y en su mayor parte enganchado en su final, nos parece digno de admiración, claro que echándole moral al asunto.

El ya muy veterano Fernando Robleño nos podría dar una conferencia interminable sobre todos los aspectos de lo que acabo de escribir porque al cabo de sus muchos años vistiéndose le luces – ayer enlutado con azabache  sobre un apagado granate -, apenas ha disfrutado toreando en serio en vez de estar ya hasta la coronilla de jugarse la piel sin apenas contrapartidas artísticas. Y el caso es que Robleño hasta disfruta esquivando tarascadas y macheteando en casi todas sus actuaciones que, por cierto, con las muchas que suma en Madrid, ha adquirido un gran y muy respetado rango. Y es el suyo un importante caso que suele unir la habilidad con la serenidad mediante un oficio tan admirable como indiscutible. Ayer, además de prodigarse en cuanto he dicho, mató al primer toro como mandan los cánones más exigentes.

Y luego les tocó el turno a otros dos madrileños bastante más jóvenes que el avejentado Robleño. Ojalá que sus juveniles rostros no terminen arrugados por tamaño e interminable sufrimiento cada tarde. Y el caso de ayer fue que ambos pretendieron torear normalmente bien sin ahorrar esfuerzo alguno y sin conseguirlo casi nunca.

Iván Vicente, con el segundo toro, no tuvo ni una sola opción de que lo que pretendió se hiciera realidad. Ni una sola buena respuesta del animal a los bienintencionados propósitos del matador. Luego, con el quinto, al menos pudo torear formalmente bien con la derecha en la primera tanda por redondos. Pero la incipiente nobleza de este animal duró un suspiro. No obstante, Iván intentó repetir su buena acción y el toro fue de los que solamente obedecen con celo en los primeros muletazos. Las dos tandas que siguieron fueron recetadas viniéndose a menos. Y cuando, decepcionado, pretendió torear al natural, el chasco fue morrocotudo. El público estuvo muy injusto con Iván tras matar. Imagino que por creer que el toro fue bastante mejor de lo que fue. Estos toristas suelen ser muy malos aficionados.

Critián Escribano, también joven aunque con aspecto de mayor, lanceó muy bien a la verónica en el saludo del tercer toro y se nos encendieron las pajarillas. Una bonita larga en su quite. Bien lanceando Robleño en el suyo. Oigan, que fue un buen toro. Como un milagro nos pareció hasta revitalizar nuestra fe. Y, no digamos, la de quien tuvo enfrente muleteando con muy buen corte, hasta con hondura y ganándole terreno al toro pase a pase. Y es que además, por si le faltaba algo a este animal, humilló. Y encima, lo que fue más que meritorio, teniendo Cristian que sortear el vendaval. Ese viento que no cesa en esta feria cada tarde hasta el punto que ya estamos acostumbrándonos a su incesante soplar y lo consideramos como algo normal. Bueno, muy bueno fue este encastado animal hasta que llegó la hora de tenerlo que matar. En este momento culminante, el toro perdió totalmente su bondad por lo que Escribano lo pasó fatal acero en mano. Seguro que si hubiera acertado al primer envite, habría cortado una cara oreja.

El sexto fue muy desigual en su comportamiento. Ora obedecía, ora se negaba a colaborar. Tal desigualdad, también aconteció en la faena de Cristián, Pases buenos y pases enganchados. Pese a ello, mi opinión es que estuvo por encima de las condiciones del astado y también por encima del viento. Hasta logró pegar naturales a pies juntos al final.

A este sexto toro lo picó de cine Adrián Navarrete y lo banderillearon soberanamente Raúl Cervantes e Ignacio Martín. Quede dicho.  Como también que la tarde de ayer fue de las buenas para varios integrantes de las cuadrillas. Adelantemos los nombres de Jesús Romero, Joselito Rus, José Chacón, Jesús Robledo y Raúl Fernández. Enhorabuena a todos.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Martes 11 de junio de 2019. Vigésimo novena de feria. Tarde soleada, algo ventosa y más de media entrada.

Seis toros de Valdellán (procedencia Santa Coloma vía Graciliano Pérez Tabernero), sobrepesados y muy armados, contrarios a las hechuras de las reses de su procedencia. Negro bragado, girón, calcetero fue el pelaje del que abrió plaza, muy suelto de salida, las manos por delante al embestir en el saludo, fue al relance en el primer puyazo rectificado dejándose pegar sin más, suelto en el segundo sin castigo, muy tardo  y al relance tras escarbar el tercer encuentro, no paró de andar de un lado a otro, esperó en banderillas tuvo que parearse tras sucesivos y frustrados encuentros y manejable sin ninguna clase además de huidizo en la muleta. El segundo, negro bragado meano, correteó sin fijeza, las manos por delante y siempre huyendo en cada lance, incompletos en su mayoría, escarbó y se defendió en varas – fueron tres -y manseando, cortó en banderillas y fatal en la muleta, un soso marrajo. Cárdeno el tercero, muy noble en el recibo, bravo y con fijeza en varas, justo de fuerza, grato en un quite,  pronto en banderillas y muy noble en la muleta que tomó humillando, un toro excelente. Cárdeno bragado el cuarto, noble aunque algo desentendido en el recibo, mediocre en varas, esperó en banderillas y revoltoso en la muleta que, a veces, tomó con franquía por el lado derecho y descompuesto por el izquierdo además de blando de remos. Sobrepesado el negro quinto, de feas hechuras, apenas manejable en el recibo, se defendió en varas, yendo desde lejos en el segundo puyazo, blando de manos, distraído y perseguidor en banderillas y, tras escarbar, noble por el lado derecho hasta que empezó a protestar como luego, aunque no tanto, por el lado izquierdo. El de más peso sexto, 656 kilos, negro bragado, huidizo de salida y en el recibo, manos por delante, continuó saliendo suelto en la brega, impetuoso en varas, fue desde lejos al segundo puyazo, pronto en banderillas – extraordinarios Raul Cervantes e Ignacio Martín -, y vulgarmente desigual en la muleta.    

Fernando Robleño (grana y azabache): Muy buena estocada de rápidos efectos, cicateras palmas. Gran estocada, ovación. Inmerecida ovación para el toro, que tuvo más genio que casta, y otra muy grande para el torero.

Iván Vicnte (grana y oro): Media estocada trasera caída, accidental pinchazo en los cuartos traseros y casi entera atravesada, silencio. Estocada casi entera trasera, silencio tras otra inmerecida ovación al toro.  

Cristian Escribano (cobalto y oro): Dos pinchazos, un tercero hondo, otro hondo tendido caído y estocada baja, dos avisos, ovación para el toro con petición de vuelta, “Carasucia” de nombre, y silencio para el torero. Estocada casi entera caída, silencio.  

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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