33ª de San Isidro en Madrid. Heroica y sublime consagración de Paco Ureña

En el toreo, el valor es el fundamento de las demás virtudes. Los que más valor tienen, son los que más brillan en cualquier circunstancia, sea como fuere. El valor-valor-valor, solamente lo tienen en grado sumo las grandes figuras, sean artistas o no. Pero el valor sin tacha alguna, permite a los que lo tienen que el gesto de sus caras y de sus manos no se alteren nunca, incluso mientras son revolcados o/y heridos por grave que sean las subsiguientes cornadas. Son muy pocos, poquísimos, los que así reaccionan. Mientras que la inmensa mayoría, incluso los tenidos por valientes, cuando torean y no digamos si son revolcados o heridos, alteran poco o mucho la naturalidad de su gesto. La inmensa mayoría hocican y se crispan, ponen caras de estar pasando un miedo incontenible incluso aunque sean capaces de aguantarlo.

Digo esto porque ayer actuaron dos de los que jamás se crispan: Andrés Roca Rey y, sobre todo, Paco Ureña quien ayer dio el campanazo de su consagración en Madrid que es la que tiene mayor repercusión en el universo mundo.

Ureña, por fin, fue capaz de abrir la Puerta Grande de Las Ventas por primera vez en su vida aunque hay que reconocer que en no pocas ocasiones estuvo muy cerca de conseguirlo. Y en todas se veía venir hasta que, por fin, lo consiguió pese a la aparatosa cogida que sufrió mientras toreaba con la muleta al segundo toro de esta para él gloriosa tarde. Una cogida que tuvo consecuencias de obligada visita a la enfermería en donde le atendieron los doctores que, además, le aconsejaron muy en serio que no volviera al ruedo de ninguna manera. Bueno, pues ni caso. Ureña salió antes de que a su vez saliera el toro que debía haber sido lidiado en quinto lugar y por la cogida se lidió como último. O sea, que el quinto hizo de sexto y, como se cumplió con sobradas creces el tantas veces referido refrán, Ureña armó la marimorena. Un faenón antológico tras haberse sentido dios con el capote, sobre todo a la verónica que es la suerte más difícil de bordar entre todas las demás. Cuando la gente le vio salir de la enfermería, la ovación que le tributó la plaza fue el detalle precursor del acontecimiento que iba a reventar la pasión del cónclave, absolutamente rendido al lorquino como pocas veces hayamos visto y vivido. Una incontenible emoción que duró desde el principio al fil de la lidia de este también maravilloso ejemplar de Victoriano del Río. Oigan: y todavía hay muchos por no decir muchísimos que prefieren ver lidiar a los infames animales del torismo a ultranza. Pues haber si se dan cuenta de una vez por todas, que la bravura, la casta y la clase las tienen en exclusiva las reses de, afortunadamente, no pocas ganaderías que tanto desprecian los toristas. Gentes que padecen una irremediable imbecilidad. Y quede dicho.

Ureña fue ayer el mejer escultor de su propio arte, expresado en una situación que solo poseen los verdaderamente valientes, además de purísimos artistas en la interpretación del más clásico y auténtico de los toreos. Y todo ello, repito, sin que se le moviera un solo músculo en el natural gesto de su cara. O sea, que es absolutamente cierto cuanto acabo de escribir.

Y si con el capote se endiosó a la verónica, también con la muleta con la suerte más divina, el natural y los ligados de pecho, ambas las más sublimes de todas las demás junto con la estocada. El toreo natural y el contrario maridados en una catarsis descomunal con el imprescindible añadido de las grandes estocadas. Y así fue y así tuvimos la inmensa suerte de ser testigos directo de tales portentos.

El Paco Ureña de ayer aleccionó con su toreo eterno. Ese que siempre eclipsa las modas y a los modismos por atractivos que sean o parezca que lo son.

Punto y ayer aparte porque la mala suerte se cebó una vez más y ayer fue la tercera en esta feria de Sebastián Castella, el hombre en trance de desesperación apenas contenido.

Y otro punto y a parte porque ayer, Andrés Roca Rey volvió a demostrar por qué es la gran figura, no del momento, sino de todas nuestras vidas incluida la suya, aún tierna y pensemos hasta donde puede llegar el todavía muy joven gran torero limeño. Hasta el infinito si la suerte le sigue acompañando.

Una suerte que ayer no tuvo con sus  dos oponentes sin que Andrés volviera la cara ni se quejara lo más mínimos. Porque, tan inteligente es, que apenas le afectaron las lógicas exigencias de los aficionados venteños, como siempre ocurrió con los más grandes toreros. Y a tal señor, tamaño comportamiento de los que pagan.

Pese a que ninguno de sus dos toros fueron fáciles ni proclives al triunfo, Andrés podría haber cortado un par de orejas de haber estado certero con la espada, ayer increíblemente fallida, aunque no su archireconocida capacidad capote y muleta en mano ante cualquier clase de ganado y, no digamos, cuando los toros le son propicios.

Una gran feria ha cuajado Andrés este año, ya instalado en la cumbre y, por tanto, dueño y señor de su propia responsabilidad. Es decir, dueño de su propia exigencia.

       

Madrid. Plaza de Las Ventas. Sábado 15 de mayo de 2019. Trigésimo tercera de feria. Tarde soleada y por fin sin viento con lleno de “No hay billetes”.

Seis toros de Victoriano del Río y de Cortés (misma procedencia), muy bien aunque desigualmente presentados por la devolución de algunos en el reconocimiento. El negro que abrió plaza solamente embistió llevándole por abajo. El también negro segundo, bravo y manejable sin clase. El asimismo negro tercero, manejable sin clase. El cuarto, enrevesado sin más solución que haberle templado incondicionalmente. El que hizo quinto, manejable sin clase. Y el que hizo sexto, extraordinario por su gran bravura, fijeza, clase y nobleza. Muy ovacionado en su arrastre aunque mereció una clamorosa vuelta al ruedo.  

Sebastián Castella (negro y oro): Pinchazo y estocada muy trasera  tendida y descabello, aviso y silencio. Estocada corta muy baja, silencio.

Paco Ureña (encarnado y oro): Pinchazo y estocada desprendida, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Estocada. aviso y dos orejas. Salió a hombros por la Puerta Grande.

Andrés Roca Rey (negro y oro): Pinchazo y estocada baja, silencio. Dos pinchazos y estocada, aviso  y silencio.

PARTE MÉDICO DE PACO UREÑA EN EL SEGUNDO TORO

Contusión parrilla costal izquierda con posible fractura, contusión escápula izquierda, pendiente de estudio radiológico.

Pronóstico: Resevado, bajo su responsabilidad decide continuar la lidia.

Fdo: Máximo García Leirado

De entre las cuadrillas, destacaron a caballo Juan Francisco Peña y Pedro Iturralde. Y/0 en la brega y en banderillas, José Chacón, Viotti, Fernando Pérez, Azuquita, Sergio Molina, Fernando Pérez, Paquito Algaba y Curro Vivas.

 

 

 

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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