Madrid ya es historia

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El triunfo de Ureña y el percance de Pablo Aguado –que volvió a embelesar al público venteño- pusieron el cierre al larguísimo, interesante y cruento serial de San Isidro. ¿Se echó de menos a las primeras figuras?

Una puerta grande y una cornada

Quedó suspendido en el pitón. Había entrado a matar en la suerte natural y el toro le esperó, obligándole a esbozar un pequeño cuarteo. No le perdonó. Con el muslo taladrado y una hemorragia creciente, perseveró hasta dar muerte al toro de Santiago Domecq. Sin prisa aparente, llegó a saludar la ovación y, cruzando el ruedo de parte a parte, ingresó en la enfermería. No volvería a salir. Pablo Aguado se recupera ahora de esa cornada que ha puesto un breve freno en su ascensión a la cumbre del toreo. El ilusionante matador sevillano repetía este domingo en Madrid para cerrar el largo serial isidril en un cartel de circunstancias que gravitaba en torno a su nombre. Y él solito llenó. No sorteó el mejor toro del gran encierro de Santiago Domecq pero volvió a dejar patente ese afán restaurador del toreo como tratado de armonía –desnudando el arte a su más natural expresión- que bebe en las fuentes más clásicas. Pablo ha conseguido algo que nadie, pero nadie, había logrado en mucho tiempo en el babélico embudo madrileño: concitar un silencio unánime y expectante. Ojo, recalcamos otro dato fundamental: logró poner el ansiado cartel de ‘no hay billetes’ al exclusivo reclamo de su aura.

La última puerta grande

El caso es que esa cornada ha sido la última de un largo rosario de percances que han saludado una feria pródiga en triunfos de todo color. El último de ellos, a punto de echar el telón, fue el de Paco Ureña. Fue una tarde, la del último sábado, en la que también se logró colocar el ansiado cartelito que certificaba el lleno. No era para menos: Roca Rey, nuevo monarca de la Fiesta, despedía la feria de su coronación definitiva, asumiendo los riesgos de un sorteo de toros y compañeros que le ha acabado beneficiando. Pero los titulares se los llevó Ureña. No hace falta recordar el desgraciado percance que le hizo perder un ojo. El triunfo de la sabatina es el mejor bálsamo para dejar atrás esa hora oscura. Ureña se entregó por completo en un torero expresivo, desgarrado, dictado en el filo de la navaja. También fueron dos faenas desordenadas, faltas de estructura, que nos trasladaron a otros tiempos en los que el toreo no se medía con reglas productivistas. ¿Apuró a sus toros? Qué más da… El murciano mereció esa salida a hombros que le llevó derechito al hospital. Llevaba una costilla rota…

Parte de guerra

Y en el hospital, precisamente, se encontró con su banderillero Pirri, antepenúltimo herido de San Isidro. La lista arroja, si contamos bien, hasta siete cornadas graves que, sumados a otros percances de menor consideración arrojan el balance de 11 toreros atendidos en la enfermería que dirige el doctor García Padrós. El parte de heridos incluye los nombres de Sebastián Ritter, Luis David, David Mora, Roca Rey, Paco Ureña… Pero sobre todo las graves y espectaculares cornadas de Manuel Escribano, el propio Pirri, Juan Leal, Gonzalo Caballero, Aguado y, especialmente, el horrendo cornadón que reventó el muslo de Román, que ya había sufrido un percance menor en su primer compromiso madrileño. Casualidad o no, ese parte de bajas también sirve para certificar la dureza que ha presidido la feria. Ha sido una auténtica competición que ha redefinido, para bien y para mal, las nuevas líneas de frente de la guerra del toreo. Ahí están los casos –con David de Miranda a la cabeza- de algunos toreros revelados para refrescar el escalafón. También hay que anotar no pocas decepciones y certificar que hay algunos coletudos que deberían pensar en apuntarse al casino de su pueblo. Omitiremos los nombres de unos y de otros mientras nos preguntamos…. ¿Qué fue de los ausentes?

Algunas reflexiones finales

Antes de meterle mano al asunto conviene hacer un repaso apresurado de la última semana de San Isidro. El recuerdo rescata la entonada actuación de Eugenio de Mora; el mentado percance de Sebastián Ritter; la faena de Urdiales y la importancia de El Juli; el buen aire de López Chaves; el nuevo fracaso de Cuadri; los respectivos naufragios de Moral, Garrido y López Simón; el virtuosismo lidiador y rehiletero de El Fandi… Pues poco más. Y vamos al turrón: esos eran los últimos coletazos de un ciclo interminable en el que, pese a todo, se difuminan los triunfos. Eso sí: nadie ha echado de menos a esos ausentes. Hablamos de Morante y Manzanares, que decidieron –ojo, estaban en su derecho- no someterse al azar del famoso bombo. Tampoco lo hizo El Juli pero la lesión de Ponce le puso en bandeja la carambola. Entró en Madrid sin jugar a las canicas y optando a un dineral que no habría osado pedir en unas negociaciones normales. Esa morterada aflojada por Casas pretendía amortiguar la ausencia de las figuras con carnet. Visto lo visto, Casas se lo pensaría mucho otra vez antes de aflojar la pastora. ¿O No? El ‘productor’, una vez más, ha tenido el viento de cara. Era, sobre el papel, la feria más pobre de los últimos años. A la postre también ha sido la más exitosa. Y hay un efecto colateral inesperado: el rutilante cartel de Morante, El Juli y Manzanares –también Talavante, que se lo pasó pipa en la boda de Sergio Ramos- empieza a oler a natfalina. Conviene tener cautela pero no está de más ir tomando nota. Y no les cansamos más: Madrid ha fijado el excelente momento de la cabaña brava y el esplendor de dos figuras tan opuestas como complementarias. Se llaman Pablo Aguado y Roca Rey.

Publicado en El Correo de Andalucía
A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Aficionao dice:

    Mucha voluntad pone el Sr Rodríguez del Moral en su análisis, y eso es digno de admirar. Pero desde su visión localista sevillana no es capaz de entender, al menos en gran parte, la muy particular idiosincrasia de San Isidro. Contrasta con lo lúcido y brillante que ha estado su Sr tío en este San Isidro. Mucho Le queda que aprender, mejor maestro no podría tener

  2. Chris Brant. dice:

    Al igual que al buen aficionado le caben mas de un torero en la cabeza, lo mismo se puede decir del buen lector: A mi me encanta el estilo barroco del sobrinísimo, el cual contrasta con la pluma mas directa, sin pelos en la lengua, del dueño de este portal. En cuanto a los ausentes, estoy de acuerdo. Se les acaba el chollo de verse anunciados en corridas sueltas y/o ferias cortas de 2 o 3 tardes.

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