2ª de El Corpus. Granada continúa «enfandilada»

El Fandi da un pase con la muleta al primero de los de su lote

El Fandi cortó tres orejas y salió a hombros con El Juli en una floja y noble corrida con toros de la familia Matilla

En el cartel de la segunda corrida de la Feria granadina del Corpus, se sube un peldaño: dos primeras figuras, Morante y El Juli, junto al ídolo granadino, El Fandi. Tres estilos de torear absolutamente opuestos, bien conocidos, los tres, por los aficionados. Cada uno sigue su propio camino. Los toros de la familia Matilla (también apoderados de Morante y El Fandi), en sus tres ramas, son flojos y nobles. Con el mejor lote, en una actuación muy completa, El Fandi entusiasma a sus paisanos, corta tres orejas y sale a hombros. Le acompaña El Juli, con dos orejas, ganadas con oficio. Morante no se da coba y escucha una buena bronca.

En el primero, chico y cornigacho, Morante dibuja una media maravillosa y poco más, para que el toro no se caiga, lo que sucede ya en el segundo ayudado por alto. Los suaves muletazos son primorosos pero todo es como jugar al toro, con un animal que no se tiene de pie. Mata pronto y saluda. (Gallito, su ídolo, no lo hacía con una toalla en la mano). Después de una merienda demasiado prolongada, el cuarto queda cortito, el diestro le quita las moscas y muy pronto desiste: mata mal y escucha la lógica bronca. El toro no valía para nada pero Gallito también daba a esos toros la lidia adecuada.

En San Isidro, El Juli no aceptó el sistema del bombo pero sí, suplir al lesionado Ponce. Un sector de aficionados le trató con la exigencia que siempre reserva para las primeras figuras. Al segundo, también justo de presencia y fuerzas, hay que cuidarlo desde el capote; además, se quiere ir. ¿Qué hace un diestro tan poderoso como El Juli con un toro que tan poco poder tiene y necesita? Andar con él «a gorrazos», sin el menor problema. Si el santo público se contenta con eso… Mata con el usual salto: oreja. El quinto, algo mejor presentado, no tiene más fuerza, apenas lo pican. El Juli tira de recursos para sacarle muletazos con su gran oficio. El toro da muy poco de sí, la faena no cuaja pero la estocada con salto, de rápido efecto, desata el entusiasmo: nueva oreja y salida a hombros.

La última tarde de San Isidro, El Fandi acabó ganándose el respeto que merecen su profesionalidad y el espectáculo que da, en los primeros tercios. Recuerdo lo que apuntó, cuando lo llevaba Santiago López:aquellos naturales de Bilbao… El tercero galopa con nobleza. El Fandi despliega todo el repertorio: largas cambiadas, lances de pie y de rodillas. Las banderillas levantan el clamor de los paisanos, que aumenta con los muletazos de rodillas: una larga faena, rematada con molinetes, desplantes, manoletinas de hinojos… Mata atracándose de toro: aviso y dos orejas. Recibe al sexto con suaves verónicas: ¿por qué las deja para ligar fáciles chicuelinas? Reincide, en el quite. Además de clavar pares vistosos, juguetea con el noble toro. Cita de rodillas para el quiebro, no le da tiempo a levantarse y consumar la suerte: es arrollado, felizmente, sin consecuencias (le ha arrancado una hombrera). Era lo único que faltaba para desencadenar el entusiasmo de los paisanos, que continúa con los muletazos de rodillas y unos derechazos lentos, ligados. Los alardes finales y la estocada provocan que corte otra oreja y salga en hombros, con El Juli. Granada sigue «enfandilada». Hasta que llegue José Tomás…

 

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