5ª de San Fermín en Pamplona. Solamente dos posibles de Escolar, oreja a un muy solvente Castaño y ovaciones al clasicismo de Moral

Y aunque a muchos nos pareció mentira tras el inmenso aguacero de antier, salió el sol cual milagro meteorológico. Del terrorífico envío de don José Escolar Gil, tan solo dos toros se dejaron torear digamos formalmente. Y esto contando con las amplísimas cornamentas que, solo de verlas, daban ganas de salir corriendo. Desde luego que hay que ser de otra pasta para encarar semejantes fieras que, hace treinta o cuarenta años, solamente se veían en pinturas. Esta corrida, de haberse lidiado entonces, la habrían lidiado en menos de una hora y con eso está dicho casi todo. Pero estos toreros que, aún siendo reconocidos héroes tantas veces demostradas, se empeñaron en torearlos formalmente como casi siempre en estas corridas digamos antidiluvianas. Algo materialmente imposible en mayor o menor grado ayer con cuatro de los seis.

La plaza de Pamplona siempre se llena en los Sanfermines. Organicen esta misma función en cualquier otra fecha de la temporada y apenas habría logrado clientela. Las cosas aquí siempre fueron así aunque uno se acuerda de que incluso cuando los Sanfermines se convirtieron en una de las citas festivas más exitosas del mundo, no en todas las tardes había lleno en la plaza. Pero desde hace no muchos años, se abarrota la plaza de principio a fin de la feria cual milagro. Y de este “milagro” se valen para meternos en semejantes veredas. Además, ya estamos acostumbrados.

Pero, en fin, hay que encarar este desde luego sin igual acontecimiento en el que da lo mismo que toreen tres modestos que tres figurones del toreo. Claro que, estos últimos, sobre todo los más jóvenes, como son los primeros y a Dios gracias, no tienen ni tendrán la más mínima posibilidad de vérselas con este material bastante más que torista.  En tamaña tesitura, solamente por hacer el paseíllo a sabiendas de lo que hay en los corrales, hay que quitarse el sombrero.

El más que acostumbrado y ya veteranísimo en estas lides, Fernando Robleño, se llevó lo peor de la corrida y anduvo en consecuencia con todo el mudo asustado menos él porque Robleño está más que acostumbrado. Pero fue una pena que no le tocara alguno de los más potables del envío. En tal estado de sus particulares circunstancias, con Fernando dio igual ocho que ochenta. Los intentó torear y, como era imposible, los mató con más que suficiente eficacia y punto.

A un servidor le encantó la magistral suficiencia de Javier Castaño. Recuerdo las muchas veces que, en sus principios, alternó en los carteles de mayor lujo. Había esperanzas de que lograra al menos empatar con los grandes algunas contadas tardes. Pero, como fue imposible, pasó a la tropa más pobre del escalafón. Hasta que, una vez recuperado de una terrible enfermedad, volvió a la cancha y ya asumidas todas las calamidades profesionales y personales hasta convertirse como pudimos comprobar ayer, en un maestro con mayúsculas ante lo potable y lo imposible, además que divinamente ayudado por peonajes de excepción. Aparte sus picadores y alguno de sus más brillantes banderilleros como es Fernando Sánchez, ayer sacó a otro peón de esos que llaman la atención con tanta fuerza como el que más, incluidos los matadores. Un portuguesiño llamado Joao Ferreira que parea como un ángel caído del cielo. Tanto Fernando Sánchez como este lusitano, fueron los que pusieron ayer la plaza boca abajo. Y, como además, Castaño hizo alarde de su firmeza, de su temple y de su manera de matar, cortó la oreja del segundo toro, la única de la tarde. Luego, con el bastante peor quinto, Castaño alardeó de gran bregador en el recibo y durante la suerte de varas, y de resoluto implacable a medida de que este marrajo fue empeorando hasta convertirse en infernal al que también mató con inusitada habilidad y prontitud. Enhorabuena, torerazo.

Pepe Moral andaba a la baja últimamente y sin que nadie pudiera explicar por qué. Pero ayer resucitó sobremanera en el recibo por verónicas al tercer toro y en una faena con la que despertó de su sueño logrando verse otra vez en su mejor realidad, sobre todo con la mano derecha. Hondura, temple, natural elegancia hasta que el toro se apagó. Si hubiere matado en el primer envite, habría cortado una oreja. Y otra por lo mismo del sexto tras una faena de menos a muy más hasta convertirse en endiosado muletero con la mano derecha. Pero volvió a pinchar antes de la estocada definitiva por lo que, quizá, perdió otra oreja y hasta una posible salida a hombros de haber tenido certeza total con la espada. Otra tarde será.

 

Plaza Monumental de Pamplona. Martes, 9 de julio de 2019. Quinta de feria. Tarde soleada con lleno.

Seis toros de José Escolar con terrorífica aunque desigual presencia. Materialmente imposibles primero, cuarto y quinto, manejables en distintos grados y sin humillar segundo, tercero y sexto. En su conjunto, una corrida de quitar el sueño.

Fernando Robleño (blanco y plata con remetes negros): Pinchazo y estocada desprendida, silencio. Estocada a toro arrancado, ovación.

Javier Castaño (marino y oro): Estocada, oreja. Estocada casi entera, silencio.

Pepe Moral (azul pavo y oro): Pinchazo y estocada corta, palmas con saludos. Pinchazo hondo y estocada, palmas con saludos.

Colosales intervenciones en banderillas del portugués Joao Ferreira y de Fernando Sánchez, lo mejor de la tarde con notoria diferencia. Ambos pusieron al público en pie.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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