Colmenar Viejo. Ureña prolonga su buena racha

 

 

El lorquino corta dos orejas y sale a hombros con Diego Ventura

Ante la baja de Pablo Aguado el lunes, y con el efecto reciente del rotundo pleno en Bilbao, Paco Ureña aceptó el doble reto en Colmenar Viejo. Un paso al frente que puso a los colmenareños de su parte. Primero fue la sincera faena bajo la lluvia in extremis del lunes. Y ayer el lorquino, en el mano a mano a pie con Perera como previo al de la Feria de Otoño, volvió a demostrar el momento dulce en el que se encuentra. Soberbio fue el recibo capotero a su primero. Cadenciosas resultaron las verónicas ganando terreno para rematar con dos medias acheneladas en los medios. Apuntó calidad el toro y se cuidó su castigo en el caballo, pero llegó apagado a la faena pese al inicio sin exigencia por estatuarios. Ureña, que brindó el toro a sus compañeros de cartel, se mostró centrado y firme y, aunque hubo verdad en los naturales, su trasteo no alcanzó las cotas de intensidad deseadas por la falta de pujanza del toro.

De nuevo hubo suavidad en el recibo al que cerró tarde. Se intuía faena grande pero el toro acusó el peso (590kg) y le costó ir adelante en el último tercio. Pese a todo, hubo profundidad por momentos. Y pureza en los naturales finales de frente. Una gran estocada le aseguraba el premio. Cuando parecía que todo se enfriaba al levantar el toro el puntillero, la posterior muerte lenta sensibilizó al público, que pidió las dos orejas para Ureña. Quizá las últimas a un toro en La Corredera tras la promesa del alcalde Jorge García de derribar la plaza para levantar una cubierta multiusos para futuras ediciones de la Feria de los Remedios.

Que la banda de música haya sido objetivo de las iras del público día tras día en esta feria pone en duda su criterio a la hora de actuar en la plaza de toros. Se lo recriminó ayer Diego Ventura a mitad de su faena al primero, con el que calentó a los tendidos a lomos de Lío y poco después con las cortas al violín. El rejón de muerte necesitó de un descabello y el premio se quedó en una oreja.

Lo bordó con el noble cuarto. A lomos de Fino templó a dos pistas y en banderillas brilló sobre Bronce. El final con las cortas volvió a encender al público, que pidió para él la oreja que le abrió la puerta grande.

El primero de la lidia a pie apuntó tendencia a la huida a toriles. Miguel Ángel Perera tomó nota del aviso y trató de sujetarlo en el tercio llevándolo cosido a la muleta. No hubo forma. Ni limpieza tampoco. Lo mejor fue la estocada. Por derecho. Y esa manera de matar tan contundente animó al respetable a pedir una oreja concedida por el presidente.

Trató con suavidad de salida al quinto el extremeño. El toro, como sus hermanos con el hierro de Sánchez Arjona pero propiedad ya de Puerto de San Lorenzo, apuntó calidad, pero careció de fondo y finales. Y se paró muy pronto. Perera lo desplazó en la periferia, sufrió un desarme al natural y su labor desembocó en la pesadez y el encimismo.

Plaza de La Corredera. Martes, 27 de agosto de 2019. Última de feria. Media entrada. Dos toros para rejones de Cortés de Moura y cuatro para la lidia a pie de Sánchez Arjona propiedad de Puerto de San Lorenzo, bien presentados, con nobleza y a menos.

Diego Ventura. Rejón de muerte y descabello (oreja). En el cuarto, medio rejón trasero y descabello (oreja). Salió a hombros con Ureña.

Miguel Ángel Perera, de azul pavo y oro. Estocada (oreja). En el quinto, estocada (ovación).

Paco Ureña, de gris plomo y oro. Dos pinchazos y estocada atravesada. Dos avisos (ovación con saludos). En el sexto, estocada. Aviso (dos orejas).

Lucas Pérez en El Mundo

 

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