Hoy no podré estar Contigo crucificado

Un hombre toca la cruz del Cristo de la Misericordia

Hoy quiero publicar el artículo que ha escrito mi sobrino Álvaro en el diario ABC (Edición de Córdoba). No es taurino, Álvaro escribe muy bien de toros – es el crítico de El Correo de Andalucía – pero de lo que escribe maravillosamente es de la Semana Santa. En este artículo, evoca sus recuerdos desde que se vistió de nazareno por primera vez en su vida y lo hace, nunca mejor dicho, desde lo más hondo de su alma y con el maravilloso sentimiento que él suele desparramar cuando lo hace sobre la Semana Santa de Córdoba y Sevilla. Este año no habrá procesiones por culpa de cuanto nos afecta a todos por la plaga del corona-virus.  

Me uno a los sentimientos de mi sobrino. 

José Antonio del Moral

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El incierto viaje del recuerdo se desboca el día que el cofrade tendría que haberse vestido de nazareno

Se levantaba temprano aquel día. Le podía la impaciencia. Había que sacar brillo a los zapatos, manosear la papeleta de sitio, contemplar —una vez más— la túnica colgada en el cuarto grande y el brillo antiguo de los viejos escudos… Había llegado un nuevo Miércoles Santo, presentido en una huerta y un jardín que estallaban de vida y flores. Aquellas Semanas Santas estaban amparadas por una luz machadianamente distinta. «Estos días azules y este sol de la infancia…» escribió el poeta en las soledades de Colliure. Son los que evoca ahora un nazareno antiguo que ya marca el rumbo inverso de su vida en los tramos altos de la cofradía.

Ese día transcurría despacio para el niño que fue, pendiente de la vuelta del padre —nazareno de número bajo— para dar cuenta de la clásica tortilla de patatas que serviría para coger fuerzas antes de echarse a la calle en la tarde tibia. Por fin llegaba el momento ansiado. Las túnicas recubrían entre risas y nervios aquellos breves cuerpos, colocadas con mimo por manos que se marcharon. Vestidos y retratados, había llegado lo que tanto se esperaba… Han pasado cuatro décadas exactas de aquella primera estación que quedó incompleta. El lance rebrota ahora entre las brumas de la memoria: el aprendiz de nazareno alcanzó San Pedro la mano de su padre, vestido con una leve esclavina, comido de nervios y sin saber muy bien dónde se metía.

Aquel niño recuerda ahora —en la tarde de su vida— la iglesia iluminada y los preparativos de la salida en medio de la algarabía y cierto caos que entonces se estilaba. Después llegaron cuarenta estaciones más, el estreno del primer capirote; el primer cirio que tanto pesaba; nuevas responsabilidades y, siempre, esas manos cálidas que tanto nos quisieron y ahora sonríen en marcos de plata. La Semana Santa no deja de ser una fiesta de nostalgias y, seguramente, la última puerta abierta a la niñez remota. La memoria es caprichosa y enhebra fotos fijas sin orden ni concierto, aquella algarabía de nazarenos jóvenes posando para la cámara en una tarde arrasada de sol y perfumada de azahar. La tropa blanca salía de la huerta familiar con los nervios de ese día que se esperaba todo el año. Es la misma alegría que ahora rebota en los ojos de nuestros hijos, convertidos en heraldos de un hermoso legado.

Cuatro décadas después la ilusión se ha mantenido intacta y el temblor ha sido el mismo al contemplar, en las vísperas de cada Semana Santa, la ropa que un día nos cubrirá para la estación definitiva. Pero este año no podrá ser un Miércoles Santo como los demás. Las túnicas han quedado varadas en tierra de nadie. Cuando se confirmaron todas las certezas —al toque de queda aún le queda demasiado— los capirotes tuvieron que ser devueltos con cara de circunstancias al altillo del armario. Las papeletas de sitio también se quedaron sin recoger pero dolieron especialmente dos que escondían ilusiones nuevas. Todo se ha consumado sin ni siquiera comenzar.

Un nazareno de la hermandad del Calvario en el Miércoles Santo de 2019

 

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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