9ª de la Feria de Abril en Sevilla. Muy poca miel en los labios

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Viernes 17 de abril de 2010. Novena de feria. Tarde fría y ventosa. Lleno de no hay billetes. Siete toros de Antonio Gavira, incluido el sobrero que reemplazó al tercero, devuelto por muy flojo. De enormes y feas hechuras salvo el más bonito segundo. Por más nobles destacaron el segundo –aunque duró poco– y el quinto por el pitón izquierdo. Morante de la Puebla (tabaco y oro): Estocada casi entera desprendida, silencio. Pinchazo hondo y tres descabellos, silencio. Alejandro Talavante (verde mar y oro): Estocada corta, gran ovación. Dos pinchazos, media tendida trasera que se hunde y tres descabellos, aviso y ovación. Daniel Luque (caña y oro con remates negros): Estocada trasera, silencio. Estocada trasera perpendicular, palmas con saludos. Magnífico Mariano de la Viña en la brega del sexto toro.

 

Como suele ocurrir en el toreo, a los grandes acontecimientos casi nunca les suceden tardes memorables. La de ayer, sin embargo, concitaba sumo interés porque volvía Morante a La Maestranza después de su triunfo del Domingo de Resurrección. Y además, acompañado de Alejandro Talavante, a quien Sevilla se le da muy bien, y de Daniel Luque en su primera tarde de esta feria tras el petardo que pegó en su corrida en solitario de Madrid.  Incógnita a despejar no exenta de morbo. La verdad fue que no dio la impresión de que el fracaso en Las Ventas le haya  afectado lo más mínimo. Mejor así. Señal para mantener la esperanza en el futuro de este torero que, como quien dice, solo lleva un cuarto de hora en esto. No se impacienten, pues, los aficionados y, sobre todo, sus acérrimos que tanto le han cantado y quizá ello haya perjudicado al novel matador por haber despertado prematuras y exageradas expectativas.

Dicho sea en honor a la verdad, la corrida de Gavira echó casi todo por tierra. Y dentro de este casi, apenas se salvaron los dos jóvenes colegas del de La Palma del Río. A cargo de Talavante corrieron los mejores pasajes de muleta y, en el de Luque, lo más sabroso de la jornada con el capote que el de Gerena manejó con donosura, temple y exquisito gusto. Tanto en el quite por verónicas que hizo en el segundo toro, como en los delantales y el galleo por chicuelinas y en el quite, también por chicuelinas bien rematadas con fenomenal revolera al sexto, encantó a los espectadores y satisfizo plenamente a los buenos aficionados.

Por lo que respecta a las faenas de Talavante, en la primera frente al muy noble segundo toro, sobresalieron los sedosos redondos de la primera tanda y un festín con la izquierda por naturales y ayudados bajos. Ahí se acabó el toro y nos quedamos con ganas de más. Lo más sustancial e importante  del extremeño, sin embargo, fueron los larguísimos naturales muy al final de su trasteo junto a las tablas en el sexto que, tras no cesar de huir y el torero de perseguirlo, embistió más a gusto en su marcadísima querencia. Quizá si le hubiera dejado llegar allí desde el principio, podría haber redondeado el, por lo demás, muy celebrado trasteo. La izquierda de Talavante, es una de las más distinguidas de la actualidad. Da gusto verle correr la mano hasta más allá de lo posible. Su habitual y desgraciado fallo a espadas limitó el triunfo de Talavante que hubo de contentarse con una gran ovación, pareja en intensidad a la que escuchó tras matar a su primer toro.

Morante, ayer sin suerte ni aciertos técnicos – se dejó tropezar demasiado los engaños –, terminó prontísimo con el primer toro, que no dejó de puntearle la muleta con no poco genio sin que él supiera evitarlo, y se empeñó más con el cuarto, algo mejor que su anterior pero asimismo derrotón al final de los cortos viajes con que embistió, metiendo la cara por cierto las pocas veces que Morante le bajó la mano templándolo como era debido. El público, no obstante,  jaleó los ligeros apuntes de su torero preferido. Olés previos al casi siempre sucio final de la mayoría de los muletazos.

Tantos enganchones suelen empeorar las embestidas de las reses de lidia. Defecto común a los estilistas cuando los toros derrotan por alto. Por eso, a los privilegiados del temple no les ocurre lo mismo y hasta terminan de hacer pasar a los toros de principio a fin, por más preocupados de torear con buena técnica aún a costa de sacrificar la belleza de las suertes. Con los toros malos, la belleza por la belleza suele dar malos resultados.

EL QUITE DE DOMINGO

Más feos que un sapo; más mansos que una burra

 

Desde hace tiempo, no está nada claro cual es el trapío que debe tener el toro en la Maestranza. En tres días seguidos hemos visto una novillada indecorosa (Victorino); una corrida bien presentada (El Ventorrillo), y una gayumbada feísima (Gavira). Ni tanto ni tan calvo: el toro de Sevilla tiene que tener trapío, pero también debe tener buenas hechuras. Así lo exige una plaza de la categoría de la Maestranza que, desde luego, es uno de los grandes escenarios de la tauromaquia. No podemos estar sumidos en estos vaivenes diarios. Urge, pues, que aúnen criterios presidentes y veterinarios. No pido un toro grande y destartalado, pero sí estoy pidiendo un toro serio y bien hecho. El prestigio de la feria así lo exige.

 

Los toros de Gavira lidiados ayer eran más feos que un sapo y más mansos que una burra. La corrida fue un auténtico dolor de muelas. De hechuras espantosas, todos tenían cara de búfalo y aire de dromedario. Toros altísimos, de hechuras horripilantes. Y teniendo en cuenta lo bastos que eran, a nadie extrañó que salieran tan mansos, porque la corrida fue de una mansedumbre total: huidas locas del caballo y constantes carreras hacia la querencia. Hubo, por tanto, poco material para el triunfo de los toreros… Eso sí: hubo una excepción: la del segundo de la tarde, único toro bonito y bien hecho que, a pesar de su poca fuerza, tuvo mucha calidad y clase en la muleta.

Morante de la Puebla tuvo en premier lugar un toro muy manso que además embestía con genio. No se anduvo por las ramas: se lo quitó de en medio muy pronto. El cuarto tampoco valía un duro, pero Morante intentó justificarse y estuvo mucho tiempo delante del toro e incluso le sacó algún natural meritorio, a pesar de la embestida tarda y rebrincada del toro. Poco material para el lucimiento.

Daniel Luque se encontró en primer lugar con un toro manso y rebrincado con el que se justificó: estuvo mucho tiempo delante intentando sacar pases limpios. Poco más se podía hacer. Toreó muy bien al sexto de la tarde en todas sus intervenciones capoteras, tarea nada sencilla porque el toro no quería embestir y, si lo hacía, era siempre rebrincado, sin clase y a favor de querencia. A pesar de lo cual, vimos unos buenos lances por delantales, unas bonitas chicuelinas andadas para llevar el toro al caballo, y un ceñido quite por chicuelinas, rematado con una preciosa larga. Con la muleta poco pudo hacer porque el toro se rajó por completo y huyó despavorido hacia la querencia… Lo mejor de la actuación de Daniel Luque fue sin duda su toreo de capa. En estos momentos el percal de Daniel Luque es uno de los mejores del toreo.

Daniel Luque descubrió a Alejandro Talavante el único toro bueno de la corrida: el segundo. En un quite por verónicas, Luque puso al descubierto las bondades del toro.  Talavante empezó su faena, mayestático y erguido, con unos buenos estatuarios, y continuó con dos buenas series con la mano derecha de planta firme, riñones encajados, trazo largo y por abajo. Tardó bastante en echarse la muleta a la mano izquierda. Fue en la cuarta serie, y entonces surgieron unos naturales que tampoco estuvieron mal. El toro tenía poca fuerza pero, a pesar de esta escasa potencia, tuvo cuarenta muletazos muy buenos porque embestía con mucha hondura calidad. Talavante estuvo bien con él en una faena bien compuesta. Pero me faltó algo: hizo faena de una oreja y el toro, aunque duró poco, fue de dos por su profundidad y su calidad en la embestida… Tenía una oreja bien cortada, pero la tiró por la borda matando tan mal como acostumbra.

El quinto fue mansísimo, de una mansedumbre desesperante, pero en la querencia embestía bien. Aunque fue de una manera huidiza y hubo que estar acosándole, embistió bien por el pitón izquierdo. Talavante, después de haber estado persiguiendo al toro por distintos terrenos de la plaza, cuando llegó a su querencia de toriles, hizo un buen toreo sobre la mano izquierda, en naturales largos y de buen trazo. Hasta podría haberle cortado una oreja si le hubiera matado correctamente, pero otra vez llegó el calvario de la espada.

Alejandro Talavante tiene un problema muy grave con los aceros, problema que está lastrando su carrera de una forma fatídica. La suerte de matar es la suerte suprema y tiene que ser dominada con habilidad por todos los matadores porque eso son precisamente: matadores de toros. Esta es la asignatura pendiente de un buen torero como Talavante.

Por último, felicitaciones a Mariano de la Viña por su buena lidia al sexto de la tarde. Y acabo por donde empecé: no se puede consentir que se lidie en la Maestranza una corrida tan basta, tan fea y con ese aire de moruchos. Urge unificar criterios que empiecen a salir todas las tardes toros serios y bien hechos.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    La excelente disposición de la terna se chocó contra el muro de la mansedumbre y el descastamiento de la corrida de Gavira, una ganadería que a mí particularmente ya me chirriaba al verla anunciada en los carteles. Morante quedó prácticamente inédito por culpa de su manso y rebrincado primero y del geniudo y descompuesto y descastado cuarto, que pegó más cabezazos que Llorente en San Mamés. Talavante tuvo el lote más propicio de la tarde. En primer lugar un toro que salió algo abanto y descompuesto, lo que provocó una nefasta lidia en la que recibió más de cuarenta capotazos contados. Talavante empezó la faena con muletazos del celeste imperio y una buena serie por la diestra, llevando muy por abajo al animal. Tiene Alejandro este año una decisión y una claridad de ideas que le acercan al torero que todos esperamos que sea. A la segunda serie por la derecha le faltó un punto de mando, por lo que tuvo que darla a media altura. Se recuperó la faena en una tercera de mando, firmeza, ligazón y mano rastrera, pero volvió a bajar la faena al echarse la muleta a la mano izquierda, por donde el toro no tenía tan buena condición. Con el sexto tardó en darle al toro los terrenos que pedía, pero una vez allí aprovechó las profundas embestidas del de Gavira, sobre todo por el pitón izquierdo. Mató mal a los dos, lo que le impidió cortar una oreja de cada uno. Daniel Luque estuvo superior con el capote, primero en una media excelsa al segundo, después toreando y galleando por chicuelinas al sexto, además de una preciosa larga de remate. En el tercero picó con mérito Rafael Campos, que guardaba la puerta, y en el sexto se llevó una de las ovaciones de la tarde la excelente brega de un renacido Mariano de la Viña. Ambos toros fueron mansos y rajados, dejándose el tercero torear en los medios, algo que el sexto no permitió huyendo constantemente hacia las tablas.

  2. JUAN DE THARSIS dice:

    La corrida de Gavira una mansada infumable. Fea, cortos de cuello, alta, cariavacados, desde luego no tenían hechuras de embestir. Es cierto que estuvo en el tipo de la ganaderia pues siempre fueros así los toros de D. Antonio y la corrida tuvo cuajo siendo cinqueños muchos de ellos. Una corrida de toros, como es el caso, puede tener cuajo o trapio y ser feísima. Otra cosa es el juego y el mismo como he dicho fue una mansada.

    No entiendo como vino tambiñen colocada, el amigo Ignacio dice que por el buen juego que venía dando en plazas de segunda. No lo sé desde luego por el juego no s emerecía venir también colocada de hecho esta es una ganaderia que solía venir con sobreros o fuera de feria ? durante unos años fue constante en San Miguel ? pero nunca en feria y con figura.

    Me gustó Morante con un lote dificil como se sobrepuso y los despachó con dignidad, especialmente el segundo suyo. Insisto en estos momentos auna no solo arte sino también una técnica y valor envidiable.

    Talavante es de esos toreros que en la mano izquierda tiene esa magia que, los antiguis, decían valía un cortijo. Lo vimos en el segundo cuando a querencia y en las tablas aprovechó las embestidas del manso para dar naturales sueltos mas que estimables.

    No me gustó luque frio, académico y vulgar. Cuando hoy leo que se síntió torero toreando con el capote piendo que no sabe, de verdad, lo que es torear con el capote, Quizás le deberían enseñar videos o fotos del mejor torero con el capote que servidos ha conocido: Curro Romero. Se dará cuenta que son la noche y el día.

    Por otro lado porque su empeño en torear a un manso cantado más alla del tercio cuando lo poco aprovechable solamente se lo podría sacar en las tablas. Que sentido tiene brindar esa faena. Cuando se dió cuenta ya era demasiado tarde. Reivindico las buenas y meritorias faenas que uno ha visto en las tablas al son de querencia como, por ejemplo, mi admirado ponce a un victorino en Sevilla o Fernando Lozano en Madrid al que le cortó las dos orejas y le sirvió para abrir la puerta grande.

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