El Juli y Manzanares se adueñaron del toreo en Sevilla

La inesperada e increíble falta de fondo pesaron sobre Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera que llegaron a la feria cual gallos de pelea y la dejaron cacareando y sin plumas. No obstante, las mayores decepciones corrieron a cargo de El Cid, todavía con el sitio perdido, y de Daniel Luque que, ni de lejos, pareció el que decían podría ser. Morante mantuvo el tipo por mala suerte con sus toros después de triunfar el Domingo de Resurrección, pero fue el que mejor toreó con el capote. Cayetano en su debut pasó de puntillas entre el candoroso beneplácito de los sevillanos pese a desaprovechar una gran ocasión. Y Enrique Ponce, que cometió el error de actuar en una sola corrida, bailó con lo peor de lo peor frente  a dos sobreros imposibles, sobre todo el de Toros de La Plata que le trajo por la calle de la amargura cuando tuvo que matarlo aunque lo mató, cuestión prácticamente imposible. La revelación del ciclo fue un muy dispuesto y artista Oliva Soto. Pese al fracaso de varias ganaderías de prestigio, principalmente la corrida de Victorino Martín, las hubo magníficas como la de El Pilar que repitió triunfo, y la de Torrealta entre otras. También salieron de los chiqueros maestrante muchos toros con los que se pudo triunfar aunque se fueron con las orejas puestas. En la excelente novillada de Espartaco con la que dio comienzo la feria, gustaron Luís Miguel Casares y Cristian Escribano.

Los rejoneadores Diego Ventura y Leonardo Hernández destacaron sobre sus colegas en esta especialidad. Y aunque hubo muchos llenos aparentes, en pocos muy festejos se agotaron las localidades y en demasiados apenas se pasó de la media entrada.

Como por desgracia viene siendo frecuente, en la pasada Feria de Abril muchos toros de fueron sin aprovechar por sus respectivos matadores. Que esto les ocurra a los toreros mediocres que, por cierto, abundaron excesivamente en este abono como en casi todos, ocurrió más o menos lo esperado. Llevan años perdiendo oportunidades a sabiendas de que volverán a ponerles. Pero que a tan grandes toreros como El Cid y, sobremanera, que a los dos que venían dando guerra sin cuartel a todo el mundo y pisando los talones a las grandes figuras cuando no superándoles, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera, pasaran por Sevilla como sonámbulos, no hay por donde cogerlo. Supongo que los dos tendrán motivos que aducir para explicar lo inexplicable. Pero aunque los tuvieran, el público que paga no mereció unas actuaciones tan por bajo de sí mismos.

A Sebastián Castella se le fue el mejor toro de la feria, el quinto de El Pilar, premiado por todos los jurados. Un preocupante baldón en la carrera del espada francés. Pero es que Perera vino como si con él no fuera la cosa y con una actitud tan displicente, que pareció no ser quien había sido años anteriores y hasta hace pocos días en Olivenza la tarde en que aplastó a José Tomás. Tendrán que arrear mucho en Madrid porque para ambos será una comparecencia de imprescindible cumplimiento triunfal. Castella y Perera han sido los que más han estado tocando con los dedos el máximo estrellato de entre los aspirantes más adelantados al trono. Pero los dos tienen y deben saber que para conseguirlo de verdad no basta una sola temporada redonda, tienen que repetirla varios años seguidos.

Gustos aparte, los dos únicos toreros de la actualidad que han cumplido sobradamente estas premisas, son Enrique Ponce y El Juli. Aunque el valenciano, por el momento, no ha podido ser quien siempre fuee esta temporada aunque en Fallas cuajó una faena memorable frente a un dificilísimo ejemplar de Zalduendo y en ninguna de sus corridas en plazas de primera le ha salido un solo toro bueno,  ni siquiera uno regular, más pronto que tarde logrará que cuantos se han apresurado a cantar su final o a recomendarle que se vaya en su torpe afán sensacionalista, tengan que tragarse sus absurdos titulares,  argumentos y explicaciones que, dicho sea de paso, nunca osaron emplear con no pocos diestros de su predilección a los que hemos visto perder los papeles docenas por no decir centenares de veces y ante reses bastante mejores, como uno de sus principales favoritos, ya retirado y disfrutando de un Olimpo que no merece.               

Olimpo en el que sí debemos situar ya a don Julián López Escobar, excelentísimo señor, por cuanto ha dejado escrito para la historia en el coso maestrante. El estado de gracia que viene disfrutando desde que empezó la presente temporada  le ha situado a una distancia inalcanzable y más lo será en lo que resta de campaña. Al tiempo.

El único matador que se ha permitido tratar de tú al madrileño en Sevilla, fue José María Manzanares. Otro de los que venía siendo ninguneado por mor de unos cuantos en su intento de salvar a sus artistas favoritos. Manzanares les calló la boca a todos. En sus tres tardes  dijo un “aquí estoy yo” con su natural valor, su exquisita destreza y su arte imperial. Pocos habrá ahora mismo y estoy por decir que ninguno que acumulen más virtudes y cualidades en tan alto grado con tantos años por delante. Y por si algunos lo dudaban, ahí quedó su grandiosa faena al más que imponente y difícil toro de Torrealta, con el que dio un paso de gigante en su todavía tierna carrera. Preocupantemente lesionado aunque, tras la feria, ya intervenido con muy buenos resultados, cabe esperar que cuando vuelva a los ruedos lo hará con las mejores consecuencias.

A El Juli y a Manzanares no se les fueron ninguno de los buenos toros que tuvieron la suerte de corresponderles. Pero a otros muchos sí y de qué modo. Pasemos a nombrarles aunque duela hacerlo:

El día 10 de abril, el cuarto de la corrida de José Luís Pereda a Salvador Vega. El día 13, el cuarto de la corrida de la corrida del Conde de la Maza a Diego Urdiales y el sexto de este mismo envío a Antonio Nazaré. El día 15, el tercero de la corrida de El Torreón, a Luís Bolívar; y el cuarto, a Salvador Cortés. El 16, el tercero de El Ventorrilo a Miguel Ángel Perera; y el quinto a Sebastián Castella. El día 18, El Cid dejó escapar al primero y al cuarto de la excelente corrida de Pilar; y el con mejor por más bravo y completo del ciclo,  Sebastián Castella anduvo muy por bajo de sus extraordinarias condiciones. El día 20, con un sobrero de Javier Molina,  Morante, que solo al final de una faena repleta de enganchones se enteró de  cómo había que sacarle lo bueno que tuvo dentro; y esta misma tarde, el sexto de Jandilla a Cayetano. El 21, corrida de El Puerto de San Lorenzo, el tercer toro a Alejandro Talavante; y el quinto, otra más a El Cid. El día 22, corrida de Alcurrucén, el primer toro a Curro Díaz. Y el día 23, corrida de Fuente Ymbro, el tercero y quinto a Perera. 

 

Nada menos que 17 toros que podrían haber completado triunfalmente una feria que, por culpa de los que tuvieron la suerte o la desgracia de que cayeran en sus manos, tuvimos que conformarnos con las faenas de El Juli y de Manzanares aunque fueron lo ya descrito, memorables.

 

Tantos excelentes toros desperdiciados fue lo verdaderamente intolerable en un ciclo que se presentó con generales expectativas sobre la encarnizada batalla que iban a sostener las figuras del momento y acabó en un sostenido mayor tan solo a cargo de dos. No se puede hablar por tanto de fracaso ganadero como han dicho algunos, sino de amargas sorpresas con demasiados toreros en los que creíamos a pie juntillas.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. chicuelo dice:

    !!Hombre!! decir que a Morante se le fue el toro de Javier Molina, me parece una osadía. Es el segundo año consecutivo, que usted, no ve las faenas y pondera el paso de Morante por Sevilla. Y es el único, por cierto. Que un torero, cómo Morante le saque faena, a un toro cómo ése, que se quedaba tan abajo, que te miraba y te rebañaba por las espinillas y estar tan tranquilo, tan sereno y tan consciente en la cara del toro, es muy,muy dificil, y más en toreros de su corte. Por no hablar de la mala suerte de Morante en los sorteos, sobre todo en Sevilla, que no le embiste un toro de verdad ni por casualidad. Todo lo contrario, que otros, que todos los años le embiste hasta dos-tres toros, y hablo de toreros como El Cid, Manzanares, Talavante…El Caso del Cid es paradigmático, pues en los últimos años, le pueden haber embestido de 15-20 toros perfectacmente. Este mismo año, que yo recuerde ha habido tres. Uno de Torrealta y los dos de El Puerto. De éstos último, era un lote de Puerta del príncipe si coge al Cid de hace dos-tres años.
    Cómo dice un amigo mío, Morante siendo artista, está en figura, y andando con medios toros, y sin tener suerte en los sorteos. Ya tiene que ser bueno Morante. Y tiene a todo el mundo con la cabeza, p,atrás. Si Morante le tocasen toros con cierto compás, y tuviera suerte en los sorteos en Sevilla, marcaría diferencias siderales con el resto.

  2. Mariano Guerra dice:

    Muy precisa la explicación de lo que pasó con Ponce en Sevilla. Pero ante los ataques al valenciano que le pidieron se retire por propia dignidad y coherencia…, tendría usted que haber señalado que la única razón para pedir a una gran figura que se retire es que lleve mucho tiempo dejando escapar a los buenos toros. Jamás se dijo a nadie que se vaya por estar mal con los malos y aperreado con los malísimos. Me hubiera gustado ver a toda la primera fila del toreo con toros como los de Zalduendo en Fallas y el terrible sobrero de Toros de la Plata en Sevilla que le tocaron a Ponce. Los que, vilmente, se han cebado con el valenciano aprovechando su desgraciada actuación en Sevilla, aún sin quererlo, han dado la impresión de tener guardados en un cajón los sensacionalistas titulares para sacarlos en cuanto han tenido la ocasión de hacerlo. Lo demuestran las explicaciones con tinte disculpatorio expuestas en la misma crónica y otras posteriores.

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