El Juli o la sencilla modestia de un rey del toreo

Sentados frente a frente en una mesa del patio andaluz del hotel, entre sol y sombra porque la mañana estaba fresca, la conversación transcurrió fluida y amigable. Conozco a El Juli desde que me lo presentaron en México siendo todavía novillero. Pocos días después, me brindó su primer novillo con picadores en Europa. Fue en una matinal celebrada en Nimes. A lo largo de los 12 años transcurridos desde entonces, habíamos conversado muchas veces, pero nunca para entrevistarle formalmente, lo que no impidió que charláramos a gusto y sin la más mínima tensión. La entrevista fue un sincero intercambio de pareceres entre amigos, como si nos hubiéramos encontrado otra vez más sin mayores motivos que seguir hablando de toros. A El Juli da gusto oírle hablar de cualquier cosa y, mucho más, de toros porque su vida entera ha sido, son y serán los toros y el toreo. Pero siempre que hablo con él me sorprende su agudísimo sentido común. Pareciera que, en vez de estar hablando con un joven, lo haces con un viejo sabio y tranquilo que ya ha pasado por todo en el toreo y en la vida. El Juli, en efecto, parece que lo ha vivido y experimentado todo y, a la vez, sientes que no está conforme con nada. Su autoexigencia es inagotable.  

P.- La primera vez que toreaste en una feria de Sevilla como matador de toros podrías haber salido por la Puerta del Príncipe, pero una cornada lo impidió. Esta vez, lo conseguiste sin discusión tras una actuación verdaderamente memorable.

R.- Así fue y así ha sido. Pero aquella vez que no pude atravesar la Puerta a hombros, no me importó porque el triunfo que logré fue a costa de mi propia sangre y, cada vez que eso sucede, me siento orgulloso y hasta feliz de…

R.- Pero a pesar de aquel primer triunfo, la verdad es que hasta lo de estos días en La Maestranza, lo que se dice “entrar” en Sevilla, por unas razones o por otras, nunca lo habías conseguido.

Aquellos primeros años como matador de toros, cinco o seis, El Juli había sido un imparable y apasionante todo terreno. Brillante y variadísimo en los dos primeros tercios aunque con la muleta bajaba un tanto con respecto al perfecto manejo del capote, aunque también un cañón con la espada. Por su aspecto aniñado – lo era aunque siempre aparentó y aún aparenta bastante menos edad de la que tenía y ahora tiene – y por su diaria y fresquísima entrega, sorprendió a todos los aficionados del mundo. Se instaló rápidamente en la cúpula del toreo. El mismo día de su alternativa en Nimes y, además, con una fuerza taquillera como no había tenido nadie desde los primeros años de El Cordobés. Un caso de precocidad poco común. Ya en figura siendo un niño – lo fue primeramente en México donde estuvo varias temporadas porque en España no le permitieron torear – y millonario en plena adolescencia.  

P.- Pero entonces eras otro Juli, casi nada que ver con el de ahora. ¿Pensabas ya en lo que ibas a ser pasadas en aquellas temporadas trepidantes?

R.-Siempre tuve dentro de mí ese propósito. Pero las circunstancias eran otras. Había que triunfar siempre y sin descanso. Sumar y sumar corridas y cuantas más orejas mejor, como fuera. Reconozco que esos primeros años triunfé clamorosamente casi todas las tardes, pero no sabía por qué. Ahora es cuando disfruto más que nunca. Ahora sí que sé por qué triunfo y por eso interiorizo tanto mis sentimientos y satisfacciones. Pero siempre pensé en que tenía que lograr torear como lo hago desde hace algún tiempo. En Sevilla, afortunadamente, lo han descubierto en esta feria a la que he llegado con más afición y moral que nunca.

P.- ¿Cuándo decidiste cambiar el chip?

R.- Vino todo como consecuencia de los cambios que se produjeron en mi vida profesional. Yo no estaba contento y satisfecho con mi situación. Dejó de interesarme la simple acumulación de triunfos porque empezaron a parecerme vacíos de contenido a pesar de lo mucho que disfrutaban los públicos conmigo. Fue exactamente a raíz de apoderarme Roberto – Roberto Domínguez -, alguien enormemente locuaz y sabio. Enseguida me identifiqué totalmente con Roberto. Fue el primero en comprender mis dudas y en compartir mis deseos e ilusiones más íntimas. Roberto sabía tan bien como yo que, en cuanto me lo propusiera, conseguiría convertirme en lo que soy.

P.- Pero fue una evolución larga y muy costosa. El cambio te costó pasarlo muy mal por lo menos durante un año y medio. Recuerdo cuando te vi actuar en La México en una corrida del aniversario de La Monumental  donde ya habías arrasado tantas veces, y me sorprendió verte en el callejón pensativo y como ajeno a todo lo que ocurría a tu alrededor. Y, frente al toro, sin acabar de centrarte en tus intenciones, como si padecieras un profundo y, para muchos, sorpresivo bache. Vamos, que no resolvías y eso no lo entendimos nadie… ¿Qué le está pasando a El Juli?, nos preguntamos muchos cuando todavía no había empezado la temporada en España. Y, en efecto, en las primeras corridas de nuestra campaña, te siguió ocurriendo lo mismo que en América…

R.- Fue algo muy, muy difícil para mí. Y también para la gente que no entendía nada. Yo notaba la impaciencia del público. Entiendo que no se explicaran un cambio tan repentino todavía sin solución palpable. Tampoco aceptaron muchos que dejara de banderillear. Los muchos que ni siquiera adivinabas cuales eran mis verdaderas intenciones, no entendían qué luchara por buscaba conseguirlo un día tras otro sin que lo que me proponía interiormente resultara medianamente lucido. Me veían  extraño, como si no fuera yo, con mi alegría y entusiasmo perdidos. Fueron casi cuatro años el tiempo que duró mi transfiguración profesional.

P.- Si mal no recuerdo, la primera vez que te vimos completamente cambiado y en total satisfacción contigo mismo, fue la tarde que actuaste mano a mano con Curro Vázquez en la corrida de su definitiva despedida en la nueva plaza cubierta de Vista Alegre en Madrid.

R. Nunca lo podré olvidar. Fue una tarde muy importante para mí. Y no solo por la satisfacción que tuve al sentirme finalmente realizado como gran muletero. Aquella faena tan redonda y contundente con el magnífico toro de Victoriano del Río, valió para que la gente del toro empezara a creer en mí sin ninguna duda. Todos empezaron a darse cuenta de que el cambio había sido para bien, para mejorar. A partir de esa tarde, noté que todos los profesionales apostaban siempre por mí.

P.- Ahora que ya has alcanzado todo lo que querías, en plena madurez profesional y personal, y después de la que has armado en Sevilla ¿crees que has alcanzado tu techo?

R.- Me quedan muchas cosas que conseguir. Yo soy un inconformista nato. Esto de ahora ha sido un paso más en mi carrera. Claro que seguiré dándolo todo. La íntima convicción de  continuar toreando es lo que más me motiva y me ayuda para progresar más y más cada tarde, cada año…          

P.- Pero, además de interesarte tanto por tu toreo, sé que también te motiva el de los demás toreros y seguir siempre el estado de la Fiesta y que te has empapado de su historia. Creo que eres el torero que más cultura taurina hayamos conocido.

R.- Desde pequeño siempre me gustó saber todo lo que había sucedido a lo largo de la historia del toreo, cómo habían sido las figuras de todas las épocas, cómo fue evolucionando el toro bravo, cómo y por qué ocurrieron exactamente los acontecimientos… Me he pasado horas y horas leyendo libros y viendo vídeos antiguos y modernos de todos los toreros. Y de lo que ocurre ahora, también. Sigo atentamente las temporadas de mis compañeros.  Además,  me preocupa la marcha de todas las ganaderías. Estoy mucho en el campo y no solo en el mío. En el toro está siempre el quid de la cuestión. Es la clave de todo.

P.- ¿Te hubiera gustado vivir en otras épocas?

R.- Sí, me habría encantado sobre todo porque antes había mucho más respeto por el toreo y por nuestra profesión. Aunque ahora se torea mejor y más perfectamente que nunca, hay menos romanticismo que en las pasadas épocas.

P.- Me consta que eres un gran aficionado, admirador de muchos compañeros y que disfrutas enormemente con los triunfos de los demás…

R.- A lo largo de los años que llevo en esto, me he dado cuenta de que el triunfo de una figura nunca es el fracaso de los otros. Ni mis triunfos ni los de nadie pueden contemplarse ni medirse con los errores de los demás.

P.- ¿Pasas envidia cuando ves triunfar a tus rivales?

R.- No, nunca. Envidia, no. Lo que siento es admiración, sobre todo por lo que yo no me veo capaz de hacer. Me alegran mucho los éxitos de mis compañeros y, no digamos, los de mis amigos. Los gozo tanto o más que los míos. Es muy importante y beneficioso reconocer lo bueno que hacen los demás.

P.- ¿Con qué compañeros te gusta más alternar?

R.- Con los que más me motivan y aprietan. Pero yo tengo mucho margen respecto a los gustos. Acepto todos los registros. El valor, la entrega, la cadencia, el ritmo, la facilidad, el arte… Yo no me cierro a nada. Siempre hay cosas que se hacen bien desde todos los puntos de vista, siempre que se hagan con entrega y sinceridad.

P.- Después de vivir las dos tardes cumbres que acabas de gozar en Sevilla, ¿con qué otras faenas te han sentido satisfecho al mil por mil a lo largo de tu vida?

R.- Sobre todo con la que hice en Madrid al toro  “Cantapájaros” de Victoriano del Río.

P.- Pero por aquella grandiosa faena solo te dieron una oreja.

R.- No me importó. Me dio igual. Al cabo del tiempo, los toreros vivimos del recuerdo de lo que hicimos, no de las orejas que cortamos. Tampoco me importó que en mi primera corrida de la feria en Sevilla, solo me dieran una oreja por mi primera faena. Lo importante fue que ahí quedó para el recuerdo de los que la disfrutamos. Los aficionados, yo lo soy tanto como el que más, casi nunca hablamos de las orejas que consiguió tal o cual torero en determinadas actuaciones. De los que hablamos es de cómo estuvo, de cómo fueron las faenas, de cómo mató a los toros, de lo bien que anduvo con el capote…  

P.- El año que viene seguro que te llamarán para la corrida del Domingo de Resurrección.

R.- Torear en esa corrida no es prioritario para mí. Nunca lo fue y ahora tampoco a pesar del gran triunfo que he tenido. Prefiero venir a la feria bien colocado, con buenos toros y los compañeros que más en forma estén en cada momento.

P.- Muchos decimos sobre ti estos días que estás en estado de gracia. ¿Cómo definirías gozar de esta maravillosa situación?

R.-  Es lo más difícil del mundo. Cuando lo tienes, lo ves muy fácil. Cuando no, como si fuera totalmente imposible tenerlo.

P.- Tal estado de gracia, ¿incluye la suerte con los toros?

R.- Claro que sí. Pero también con los toros malos lo ves todo más fácil y resuelves sin dudarlo. Es verdad que este estado es un extraño privilegio en el que todo parece salir de cara, incluso en los momentos más complicados de solucionar. Por eso precisamente lo llamáis estado de gracia. Claro que también los hay de desgracia. Yo también he pasado por esto.

P.- Se te ve ansioso por lograr la absoluta perfección. ¿Piensas que te falta algo para conseguirlo por completo?

R.- Es que cuesta mucho mantenerte en forma física. Pero a mí me encanta sentirme fuerte y preparado aunque tenga que sacrificarme y renunciar a muchas cosas. Sobre todo racionar al máximo la alimentación. Me fascina comer bien, pero mucho más sentirme bien.

P.- Y la forma psíquica, tu estado por dentro? Este estado que ahora disfrutas, se debe también al equilibrio mental y a la felicidad en lo personal?   

R.- Todo esto está íntimamente relacionado. Yo soy muy bruto, muy exigente y hasta obsesionado con el sentido que debe tener el toreo. Pero para ser así, necesito tener una felicidad personal que me permita pensar solamente en el toreo.

P.- Cambiemos de tema. Dime algo de tus apoderados.

R.- Manolo Lozano, un personaje y gran persona a la vez. Un romántico como ya no se encuentran. Me acompañó en momentos muy bonitos. Le quiero mucho.

P.- ¿Tu padre?

R.- Clave en todos los apoderamientos. Siempre estuvo a mi lado y continúa estándolo. También el más exigente con mis actuaciones.   

P.- ¿Y Victoriano Valencia?

R.- Fue quien me puso en dinero y en máxima categoría.

P.- El Tato.

R.- Un gran amigo. Y en el ruedo, una de las personas que mejor me han entendido.

P.- Roberto Domínguez.

R.- Roberto tiene todas las mejores cualidades de los demás. Hay una complicidad total entre los dos. Me infundió confianza en mí mismo, estabilidad y sentido de la paciencia.

P.- ¿Cuáles son los encastes que más te gustan?

R.- Los toros que embistan. Lo mejor de las ganaderías de encaste Domecq que, por algo será, es la sangre predominante. Aunque, a veces sufran baches, siempre salen algunos toros extraordinarios. Incluso de las vacadas que están en mal momento. También me gusta el ritmo con que embisten los toros que proceden de Santa Coloma.

P.- ¿Y lo que procede de don Atanasio Fernández?

R.- No les cogí en sus mejores años.

P.- Cada temporada sueles hacer alguna gesta. Y en ésta, qué.

R.- este año todavía no tengo nada pensado. Mi gesta es estar como estoy, creo que mejor y con más ilusión que nunca. Hombre, no creo que sea una gesta torear un toro de La Quinta en Madrid. Pero en Dax y en Bayona voy a matar dos corridas de Santa Coloma, las de Ana Romero.

P.- Hablas de Madrid, pero en Las Ventas no te quieren pese a ser el torero más grande que ha dado esta ciudad junto a Luís Miguel Dominguín.

R.- Yo creo que no me quieren porque a ellos siempre les gusta sacar un torero, ser los primeros en darle venia y respaldo. Cuando yo debuté en Las Ventas, ya estaba lanzado.

P.- Nunca dejaste de comparecer en la Feria de San Isidro y, desde que se organizó a continuación, tampoco a la mal llamada del Aniversario. Al fin y al cabo, son la misma. Si entre las dos suman 30 festejos, ¿no crees que las figuras deberíais actuar al menos en cuatro corridas cada uno?

R.- Sí que sería mejor. Pero antes habría que quitar el tabú que pesa sobre Las Ventas y su ambiente en nuestra contra por sistema. Eso, según creo, no pasaba antes. Siempre fue una plaza muy dura y exigentísima, pero me cuentan que nunca se metían con nadie mientras duraba la lidia de cada toro aunque, tras ser arrastrado, si no habías estado bien ni a la altura de tu categoría, las broncas eran descomunales. Desde hace tiempo, las broncas o la murga constante te las pegan mientras estás toreando. Y eso habría que corregirlo. De otra parte, las empresas tienen sus ideas sobre cómo organizar la feria. Yo no coincido con ellas.

P.- ¿Qué crees que se debería hacer para recuperar el prestigio de Las Ventas?

R.- Apostar fuertemente por la calidad, no por la cantidad. Esa sería la manera de cambiar a mejor.

P.-¿Influye la arisca actitud de los sectores donde hay reventadores para que las figuras prefiráis no torear demasiadas tardes?    

R.- Son sectores muy molestos y difíciles de corregir, sí. Pero no son ellos los que más pesan. Lo que pesa es la enorme presión de la plaza por ser tan trascendente lo que allí nos ocurra para bien o para mal. Eso pesa una barbaridad.

P.- Sé que tienes una mujer maravillosa, inteligente, educada, culta y sencilla.

R.- Reconozco que he tenido mucha suerte en mi matrimonio. He sabido elegir. Ha sumido toda mi vida y mi manera de ser desde cero. No era taurina pese a pertenecer en parte a una familia muy relacionada con los toros. Pero ahora es muy aficionada y de las buenas en todos los aspectos.

P.- ¿Y tu familia propia, tus padres, tus hermanos, tu madre, Manoli, sobre todo?

R.- Mi madre ha sido y sigue siendo fundamental para todos nosotros y, desde luego, para mí. Es la que mantiene nuestra estabilidad, la que siempre ve todo de color de rosa, la que nos da siempre alegría y nos hace sentir que la vida es algo maravilloso aunque nos acechen los problemas que siempre aparecen. Mi madre es una persona excepcionalmente fuerte. Y eso a mí me ayuda una barbaridad.

P.- En lo referente a la política y en su influencia en la Fiesta, ¿qué me dices? Por ejemplo, ¿qué opinas de las retransmisiones de las corridas en directo?

R.- Que parece indignante que TVE haya prescindido de televisar corridas y encima digan en los anuncios que es la televisión de todos. De todos pero no del toreo. Una discriminación vergonzosa.

P.- ¿Y del problema que se ha planteado en Cataluña?

R.- Que no tiene sentido. La palabra prohibir y su intencionalidad no debería existir en una democracia.

P.- Ahora que acabas de consagrarte para siempre en la plaza de la Maestranza sevillana, ¿en qué otras plazas del mundo más te gusta torear?

R.- En las de España, sobre todo, en la plaza de Vista Alegre en Bilbao. Bilbao y su gran afición han supuesto mucho para mi trayectoria como torero. Y, a pesar de los pesares, la otra plaza española fundamental para mí, es la de Las Ventas. Madrid es mucho Madrid.

P.- ¿Y en las de Francia?

R.- A la afición francesa siempre estaré muy especialmente agradecido. Ha sido el público que más me ha esperado y el que con más cariño me ha tratado. Me encanta torear en Francia.

P.- Pronto vas a saltar otra vez el charco para actuar en la feria de Aguascalientes. ¿En qué país de América te gusta más torear?

R.- En México. El toro mexicano tiene un ritmo muy especial y yo me acopló enseguida con esos toros. No es fácil aunque lo parezca. Y donde más me gusta actuar es en La Monumental de Insurgentes. La México es única. La plaza más sensible del mundo.

P.- ¿Piensas seguir mucho en el mismo ritmo que hasta ahora?

R.- Bueno, ya he rebajado el número de corridas cada temporada. No creo que vuelva a torear 90 o 100 corridas por año. 60 está bien. Lo importante es ir a las 60 muy motivado.

P.- Si me tuvieras que definir brevemente estas tres palabras – miedo, terror y pánico -, ¿qué significado le darías a cada una? 

Miedo, siempre paso mucho. Terror y pánico, la verdad, nunca los he sentido. Pero el miedo es necesario sentirlo porque nuestro arte, sin miedo, no sería tan apasionante como es. El miedo le da un baño especial al toreo. Sin miedo, no sería lo que es. No sé exactamente cómo explicarlo. El miedo da una pátina distinta al arte del  toreo. Y en cuanto al pánico, si lo padeciera no sería torero. Y si lo sintiera, no podría torear bien.

P.- ¿Paraliza el pánico, o previene?

R.- Más bien previene.

P.- ¿Te olvidas de tus orígenes ante las continuas admiraciones y adulaciones que os acechan a cada paso que dais?

R.- No, Yo no me olvido de nada. Soy muy austero. Las adulaciones me ruborizan mucho. No  me siento bien. Me acobardan las legiones de admiradores que, tantas veces, no pueden reprimirse

P.- Los toreros, ¿sois más ególatras o narcisos que otros artistas?

R.- El ego es necesario. Creer en lo que es fundamental. Pero los toreros siempre tenemos que tener muy presente la realidad. Los que tanto adulan nos perjudican mucho. Creo firmemente en la modestia y siempre aprendo  de los demás. Siempre se descubre algo. Creer en los piropos que te dicen es peligroso y a la vez bonito. Hay que saber deslindar las cosas y no dejarnos engañar. Cada torero tiene su manera de torear y lo que intento es tomar lo mejor de los demás.  

P.- ¿Cómo consigues una vida personal tan discretamente? ¿No te has sentido tentado de aparecer en portadas seductoras?

R.- Prefiero estar apartado de este mundo rosa. Prefiero ganar mi fama y mi posición social centrándome exclusivamente en mi profesión, la más bonita del mundo. Nada puede compensarme de lo que más me apasiona.    

                

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Cuentacuentos dice:

    Gran entrevista. La disfruté ayer en Época. Enhorabuena!!

  2. Juan Rubio Barceló dice:

    Señores:Gracias por su claridad y tamaño de letra fácil de leer, me gusta mucho. En cuanto a Juli, ya se veía desde jovencito que reunía cualidades para resolver los problemas de la bonita profesión de torero, que ha caminado bien en alza hasta llegar a lo que hoy tiene demostrado como gran figura del toreo. Es inteligente, buena persona y muy capaz para superarse aun más. Sólo necesita que le sigan embistiendo y respetando. Un saludo de “Jurubar”.-

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