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11ª de San Isidro en Madrid. Previsible desperdicio

Madrid. Plaza de Las Ventas. Domingo 16 de mayo de 2010. Tarde por fin primaveral y agradable con casi lleno. Cuatro toros de Los Bayones y dos, tercero y cuarto, de José Luís Pereda. Bien aunque desigualmente presentados y encornados. Por mejores, destacaron en distintos grados de nobleza los de Los Bayones pese a lo mucho que mansearon los dos primeros en el primer tercio y a la poca fuerza del quinto que la acusó calamocheando en la muleta. Peligroso el que hizo de tercero de Pereda y muy noble aunque asimismo manso el que hizo de cuarto, también de Pereda. Gabriel Picazo (blanco y plata): Pinchazo saliendo rebotado y media estocada perpendicular ladeada, ovación; pinchazo y estocada yéndose, aviso y ovación. Emilio de Justo (blanco y plata): Siete pinchazos, metisaca, dos pinchazos más, otro metisaca y tres descabellos, tres avisos y silencio tras ser apuntillado el toro; pinchazo, estocada algo atravesada y descabello, silencio. Israel Lancho (plomo y oro con dibujos en hilo): pinchazo y metisaca en el chaleco de rápidos efectos, silencio; pinchazo y estocada, silencio. Al terminar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio por cumplirse el noventa aniversario de la muerte de Joselito El Gallo. Bien en palos Curro Robles, David Álvarez y Domingo Navarro que además hizo un quite providencial. En la enfermería fue atendido Gabriel Picazo de una herida incisa en el segundo dedo de la mano izquierda con sección del tendón profundo que no le impidió continuar la lidia.

Ayer callaron como muertos los comandantes del tendido 7 mientras la mayoría de los que casi llenaban la plaza – casi todos espectadores ocasionales – permanecieron silentes o cuchicheando ajenos a lo poco brillante que sucedió en el ruedo. El pasotismo de los que se tienen por guardianes de la pureza y de la Fiesta, sumado a la cortés indiferencia de todos los demás, ni siquiera se alteró cuando los matadores no fueron capaces de aprovechar la gran oportunidad que les brindaron cinco de los seis toros como, por otra parte, estaba previsto, o cuando mataron mal o fatalmente como Emilio de Justo al eternizase con los aceros hasta tener que escuchar los tres avisos. Y es que la gente es santa. Esto pasa en Madrid hace años y se arma la de San Quintín. Ayer nada, la paz de los difuntos parecía inundar el ambiente netamente dominguero en el que casi siempre da igual ocho que ochenta.

Nos sigue sorprendiendo que los mismos que anteayer hicieron la vida imposible a El Juli mientras duraron sus dos lecciones magistrales, ayer no osaron rechistar ante el desperdicio que tuvimos la desgracia de padecer. Bien es cierto que, como siempre, la esperanza es lo único que no se pierde, incluso en estos festejos que inundan la feria para mayor economía de la empresa y de la Comunidad, cuando no para atender a las recomendaciones de los políticos. Pero es que en la corrida que nos ocupa, ninguno de los actuantes logró algo que mereciera la pena ni por casualidad.

Gabriel Picazo debería dedicarse a otros menesteres en vez de seguir presionado para que le pongan a sabiendas de todos, salvo de él mismo, que aunque es capaz de pegar pases, lo suyo no es mínimamente apreciable como para llegar a ser alguien en tan difícil profesión. Sí, ya sé que es muy bonito verse anunciado en la plaza más importante del mundo. Pero, señores, que te toquen dos toros como los suyos de ayer y que no seas capaz de dar ni una vuelta al ruedo, es para mirárselo y cuanto antes mejor.

Casi otro tanto cabe decir de Emilio de Justo con el añadido de que a este le adornan buenas maneras. Pero está tan escaso de valor que pienso le será muy difícil por no decir imposible llevar a la práctica el buen concepto que tiene del toreo. Ayer no se atrevió a colocarse de verdad ante sus dos nobles enemigos y como los toreó detrás de la mata, se le fueron. Ello aparte del petardo mayúsculo que pegó al matar al segundo. Pero como nadie se lo reprochó, seguro que tendremos que verle más veces. Eso, seguro.

Respecto a Israel Lancho a quien no le falta el valor ni buenas intenciones, resulta que su enorme estatura y sus larguísimas extremidades le impiden torear con armonía. De ahí sus desgarbadas maneras y su forzosa ampulosidad hasta parecer un gigante al lado de un becerro cada vez que se le ve al lado de los toros. No merece la pena, pues, insistir más en el caso porque, como dijo El Guerra, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. 

 

EL QUITE DE DOMINGO

Cinco toros malgastados

La corrida de ayer era el cartel más flojo del abono. Un cartel propio del mes de agosto e impropio de San Isidro. Pero, por aquello del abono obligatorio, la plaza estaba llena hasta el tejado. Y la empresa ganó un pastizal, que era de lo que se trataba.

Los toros de los Bayones fueron dados de lado por las figuras porque, a pesar de su mucha clase, se caían en exceso. Ahora se han recuperado de su blandura, pero conservan intacta la clase. Los cuatro Bayones que se lidiaron depararon una oportunidad de oro a sus matadores para salir del pozo. Además, uno de los Pereda, también fue muy bueno. Solo el tercero, asimismo de Pereda, salió malo. En otras palabras: embistieron cinco toros que fueron malgastados por sus matadores. Y no es que estuvieran mal, es que estuvieron garrafales, hechos unos zarrapastrosos.

Que no me vengan con la excusa de que han toreado muy poco porque con el toro malo el poco oficio sí que es una eximente. Pero no lo es con el toro bueno, ese que te pone el triunfo en bandeja y te abre las puertas de la gloria. Para más inri, salvo el cuarto, muy astifino, y salvo el quinto, un acapachado muy hondo de pavoroso trapío, los toros fueron bajitos y agradables. Es imposible encontrarse con mejor oportunidad.

Gabriel Picazo me recuerda al peor Ortega Cano, igual de cursi, igual de relamido, igual de afectado. Siempre cita tenso y con el culo fuera, lo que desluce todas las suertes. Tiene un pésimo concepto del toreo. Se llevó lo mejor de la corrida. Un primero un tanto querencioso, pero con una embestida suave y llena de clase. El cuarto fue un Pereda noble y de calidad. Para haberse llevado a casa las cuatro orejas. Picazo dio las series muy cortas, siempre echándose al toro fuera y sin terminar de bajar la mano. Y con esos toros simplemente había que quedarse en el sitio y traer y llevar con suavidad. El resto lo ponía el toro con su clase. Estuvo muy por debajo de tan excelentes colaboradores. Pero ya verán que, a pesar de lo muy mal que estuvo ayer, lo volverán a anunciar en las Ventas. Milagros de la política…

Emilio de Justo tiene el valor muy justo. Tiene mucha clase, pero por su escaso valor le cuesta un mundo torear despacio y quedarse en el sitio. Su primero embestía con prontitud y gran vibración. Un toro perfecto para llegar al público, sobre todo aprovechando un  pitón izquierdo excelente. De Justo, asustado por la repetición del toro, dio las series muy cortas y con unos muletazos vertiginosos. Matando pasó un calvario. Se quedaba siempre en la cara mirando los pitones y, a fuerza de innumerables pinchazos, escuchó los tres avisos. El quinto fue pronto y repetidor, pero calamocheaba un poco. De Justo fue incapaz de coger el aire al toro y sacar los muletazos con limpieza. El extremeño nos ha decepcionado porque siempre nos habían gustado sus maneras.

Israel Lancho fue acogido con cariño en recuerdo de la pavorosa cogida que sufrió en esta plaza el año anterior. Se llevó el único garbanzo negro de la corrida: el tercero, que era una sardina impresentable de Pereda que tuvo muy mala leche. Un toro avisado con mucho sentido y que sabía muy bien lo que se dejaba atrás. No se podía hacer nada con él.

Sin embargo, el sexto fue muy noble y tuvo clase, un toro muy grato para estar delante. Los casi dos metros de estatura de Lancho le hacen un torero muy desgarbado. Además sus maneras son toscas y su técnica precaria. La faena se desarrolló entre enganchones y telonazos, y el arrimón final en las tablas no convenció a nadie.

Lo único torero de la tarde fue un quite de peligro hecho por Domingo Navarro a un compañero a la salida de un par de banderillas. Por cierto, se guardó un minuto de silencio por el noventa aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera de la Reina. La Banda, además, atacó el pasodoble “Gallito” en el paseíllo. Un digno homenaje al Rey de los Toreros. Como debe ser, y no como el año pasado en que la efemérides pasó desapercibida.

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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