6ª de feria en Córdoba. Ponce, el Califa de Valencia

Córdoba. Plaza de Los Califas. Viernes 28 de mayo de 2010. Sexta de feria. Tarde calurosa con dos tercios largos de entrada. Seis toros de Parladé, de bonita  aunque desigual presencia. Salvo el sexto que sacó genio, los demás nobles, justos de fuerza y de raza en distintos grados de bravura. Muy dulce el primero aunque justito de fuerza, bajo de raza y muy a menos hasta rajarse. Bravito y noble aunque flojo el segundo que se agotó pronto. Mansito en varas y muy corto de viajes y defendiéndose el tercero. Sin fuerza y manso el cuarto al que trasfiguró su matador. El quinto presentó dificultades en banderillas aunque rompió a bueno en la muleta por el lado derecho. Enrique Ponce (amapola y oro): Gran estocada, oreja; más de media desprendida, oreja y tras pitos al toro en su arrastre. Miguel Ángel Perera (verde lagarto y oro): Estocada casi entera trasera caída, ovación; Estocada trasera desprendida, oreja.  Alejandro Talavante (siena y oro): Estocada atravesada caída, silencio y pitos para el toro. Pinchazo y estocada tendida, silencio. Bien en la brega Joselito Gutiérrez y Alejandro Escobar que también destacó en palos, así como Juan Sierra.

Ponce se erigió ayer en nuevo Califa aunque, por ser valenciano, algunos pensarán que eso es mucho decir. Sin embargo, la mayoría de los aficionados cordobeses le consideran como de casa después de tantos años seguidos frecuentando esta ciudad en no pocos eventos culturales, festivos y religiosos, además de sus muchas tardes de gloria sumadas en el llamado coso de Los Califas, del que ya es uno de ellos.

Su actuación frente a dos toros de Parladé de muy distinta condición – uno muy dulce aunque muy débil y otro manso con no pocas dificultades – fue una más de su exclusiva cosecha. La del infalible maestro con cualquier clase de ganado.

Si el temple, la despaciosidad, la elegancia y el buen gusto fueron las virtudes de su primera y muy bien administrada faena que mantuvo hasta matar de gran estocada a pesar de que el animal llevaba tiempo sin querer embestir, cosa que hizo como quien lava, más importante anduvo con el manso cuarto por el que nadie apostaba un duro, dadas sus penosas condiciones. Pero otra vez surgió el mago infalible con una faena en la que hizo todo lo que el toro no quería admitir. Por eso se le rindieron los tendidos, admirados de la supervivencia de esta gran figura mucho más allá de lo que otros grandes han conseguido manteniéndose en el trono sin desmayo. Lejos de anunciar esa retirada que alguien ya le han pedido, viéndole ayer da la impresión de estar viviendo un glorioso renacimiento.

Miguel Ángel Perera estuvo y se le seguirá esperando, como bien demostró con el quinto de la tarde frente al que desplegó su particular tauromaquia. Fue el toro que con más brío llegó a la muleta, especialmente por el lado derecho sobre el que el extremeño basó lo más importante del trasteo. Si no triunfó con su primero, fue por su terquedad en intentar imponer su toreo quietista a ultranza frente a cualquier clase de ganado. Este feble animal, no lo aguantó.

Alejandro Talavante pechó con el lote menos grato y, aunque intentó lucirse, no pudo sino mostrarse valiente. Talavante necesita mejores toros para triunfar y los dos de ayer no le dieron oportunidad de conseguirlo. Tampoco él es de los que solucionan imposibles, ni la gente espera milagros de este torero por lo demás y en sus mejores tardes, indiscutiblemente personal y atractivo.  

    

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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