Corrida de San Fernando en Aranjuez. Lo que Madrid se perdió

Real Plaza de Toros de Aranjuez. Domingo 30 de mayo de 2010. Tarde veraniega con lleno. Siete toros de Torrehandilla incluido sobrero que reemplazó al tercero, devuelto por derrengado. Salvo éste, muy anovillado, los demás correctamente presentados para una plaza de segunda. Los tres primeros dieron muy pobre juego en distintos grados de manejabilidad. El primero, noblón sin clase por el lado derecho, empeoró rajado hasta pararse sin humillar nunca. El segundo sacó genio y se rajó tras dejarse por el lado derecho. El tercero, tras mostrarse difícil, fue noble por el lado derecho y malísimo por el izquierdo. Muy noble aunque justo de fuerza el cuarto. Inválido total el quinto y sin clase ni fuerza el sexto. Enrique Ponce (turquesa y oro): Buena estocada, petición de oreja y ovación con protestas al palco por no conceder el trofeo. Pinchazo, metisaca en los bajos y estoconazo contrario, fortísima petición de oreja que fue concedida y vuelta clamorosa El Juli (corinto y oro): Estocada trasera tendida y descabello, petición menor y ovación. Estocada corta de rápidos efectos, palmas. Sebastián Castella (nazareno y oro): Media trasera tendida, petición menor y ovación. Pinchazo, estocada tendida y descabello, silencio.

La ausencia de Enrique Ponce en la recientemente terminada feria de San Isidro y su negativa a sustituir a José Tomás en la primera corrida que tenía contratada para la inminente del Aniversario, ha sido motivo de comentarios en su mayoría tan ácidos como cínicos aunque todos pidiéndole que aceptara lo que, después de ser despreciado por la empresa y por la Comunidad de Madrid al no aceptar los honorarios que pidió, han sonado a broma pesada porque resulta increíble que los  que vienen negado la valía histórica del torero de Chiva e ignorando que es quien continúa marcando la época más larga que jamás haya protagonizado ningún otro torero del pasado ni del presente, vengan ahora con monsergas sobre su obligación de aceptar lo que por puro sentido de la dignidad no podía de ninguna de las maneras.

Pues bien, para demostrar una vez más quien es, Ponce cuajó ayer en la plaza del Real Sitio, a las mismas puertas de Madrid, una faena antológica frente a un noble toro que por su poquísima fuerza, nadie más que él es capaz de llevarla a término con verdadera  categoría. Únicamente quien tiene tanta elegancia, tan infinito sentido del temple, una cabeza privilegiada, la virtud de inspirarse ante toros que otros no pueden conseguirlo ni de lejos, una creatividad  maravillosa y la variedad sostenida  hasta más allá que llegara el primer aviso, es capaz de seguir en lo más alto por mucho que se le discuta.

Si hubiera matado como a su primer toro le habrían pedido el rabo. El pinchazo y el metisaca empañaron lo hecho y no porque el torero entrara a matar yéndose de la recta, sino por lo mucho que se tambaleó el animal al perfilarse para los dos primeros envites. De todos modos y pese a estos fallos a los que siguió la estocada contraria que dio definitiva muerte al animal, la gente pidió la oreja con tanta insistencia, que al presidente no le cupo otra decisión que concederla. Anécdota que apenas tuvo importancia dada la abismal diferencia que había tenido la obra poncista, celebrada en su segunda mitad con la gente en pie y, a la postre, con masivo lanzamiento de claveles blancos y rojos que cayeron a los pies del grandioso torero en su lentísima vuelta al ruedo.  

¿Que como fue la faena?  Pues como las que yo llamo de banquete con aperitivos por suaves verónicas, entremeses por bajo con la derecha, finos pescados por redondos de creciente sabor, carnes al natural de todas las marcas y postres de su exclusiva cosecha en forma de las llamadas poncinas que, por el riesgo que se corre al darlas en tan incómoda postura – si el toro hace por el torero de tal guisa, no se escapa – nadie hasta ahora ha podido imitar.

Del resto del festejo, apenas cabe mencionar el empeño de los tres espadas en estar por encima de sus respectivos oponentes. Cosa que lograron tanto Ponce como El Juli y Castella con los tres primeros toros. Luego fue una pena que ni el madrileño ni el francés pudieran dar réplica a Ponce porque los toros quinto y sexto no les dieron oportunidad de desquitarse ni con ellos mismos. 

______________________________________

EL QUITE DE DOMINGO

 

 El concierto de Aranjuez

Tradicional corrida de San Fernando en Aranjuez. Cartel redondo y plaza llena. Ambiente amable y risueño que contrasta con el amargor diario de las Ventas. Y surge la pregunta: ¿Cuál de las dos fiestas es la verdadera? Pues ninguna de las dos. Lo de la Plaza de Madrid se trata de una deformación monstruosa de la fiesta, que se convierte en un suplicio por los caprichos y exigencias sin fundamento de un público tan ignorante como cruel. Lo de las plazas provincianas termina siendo una pantomima por el toro que imponen las figuras.

 

La corrida de ayer en Aranjuez era de risa: nada por delante y nada por detrás. Unos toros chiquitajos, de paupérrimas cabezas, ayunos por completo de fuerza y raza. Además la típica corrida de ganadería de nuevo rico: de ilustre origen, pero de muy mediocres resultados por la escasísima casta de sus toros. Está claro que las vacas buenas y de nota no se venden al primer advenedizo que aparece con un puñado de dinero. Esas vacas se quedan en la casa madre. Cosa muy lógica, por otra parte.

 

Entonces, ¿cuál es la fiesta verdadera? La plaza de Bilbao puede darnos la pauta de hacia donde debemos encaminarnos: plaza de toros hechos y derechos, pero con un público respetuoso y educado. También Sevilla puede servirnos de buen ejemplo.  Con un toro más que digno, en Sevilla la sabiduría y exigencia de un público entendido, no está  en contradicción con la buena educación y el respeto hacia el que se pone delante. Lo de Madrid ha acabado siendo un exceso inaguantable que conduce, un día sí y otro también, al fracaso de la fiesta. En esta tesitura es preferible la fiesta de las figuras y los torillos en las plazas provincianas. Al menos se ve torear bien.

 

Decía que los torillos de Torrehandilla eran una porquería, y a Sebastián Castella le tocó un lote de embestidas cortas y nula casta. Estuvo valiente y animoso. Es innegable que se arrima a diario y, aparte calidades y pulcritudes, estuvo por encima de un lote que no valía un duro.

El Juli, por su parte, toreó muy bien con el capote a sus dos toros. Muy asentado y muy despacio, muy puro. Poco pudo hacer con la muleta: a pesar del mimo con que trató a sus dos toros, su primero se rajó muy pronto, y su segundo era un inválido podrido.

 

Enrique Ponce está por encima del bien y del mal. Ya no se viste de luces ni para ganar dinero ni para competir por el cetro del toreo. Lo hace por pura satisfacción personal, porque le gusta torear. Su primer toro, de cara alta y algo probón, no le gustó, y la faena no pasó de lo correcto. Pero en su segundo hubo milagro. Porque se inventó una faena desde la nada. El toro estaba tan blando como sus hermanos y, en otras manos, con dos enganchones el toro se hubiera venido abajo definitivamente y no hubiera habido nada.

 

Ponce, normalmente, ha utilizado el capote únicamente como herramienta lidiadora. Sin embargo, últimamente está cogiéndole gusto a torear con el percal. Muy bien a la verónica y, como remate de un quite, una larga que para sí la hubiera querido el mismísimo Lagartijo. La faena de muleta fue un prodigio de medida y pulcritud, haciendo ir a más a un toro de nula fuerza que, en manos tan hábiles, nunca se cayó. Nadie ha empleado la media altura como Enrique Ponce. Estética perfecta, vertical y de gran relajo. Si Ponce hubiera sido un caradura de los que se limitan a solamente a torear el toro bueno de vez en cuando, sin prodigarse, los mismos tontos que ahora le niegan, dirían de él que es un artista excelso. Pero Ponce lo hace siempre y con todos los toros. Y tan difícil y meritoria labor, paradójicamente, aburre a los obtusos.

 

La faena fue a más, y terminó en esa sobredosis poncista de circulares con la rodilla flexionada, molinetes y abaniqueos. El toreo con la derecha fue perfecto, con la izquierda igual…, y el final de apoteosis. A estas alturas ya nadie se acordaba de cómo era el toro. Ponce dio un concierto en Aranjuez sin partitura y, sobre todo, tres cambios de mano, uno al principio de la faena, otro en medio y otro al final de belleza incomparable. Y un mando, una largura y un temple inauditos. Como de costumbre, mató mal. Y dos avisos.

 

Aún así, le dieron una oreja. Si hubiera matado a la primera, le hubieran dado el rabo. Un portento. Nadie, y cuando digo nadie, es nadie, ha sido capaz de hacer tantas faenas grandiosas a toros vulgares como Enrique Ponce. Cuando se marche, y creo que el fin está cerca, va a dejar tras él un inmenso vacío. Y todos nos acordaremos de él, incluso los que se han pasado veinte años negándole el pan y la sal.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. jose maria gomez dice:

    José Antonio: Con la nueva fórmula de consignar nuestro E-mail a la hora de enviar el comentario, yo creía que los de las viles “suplantaciones” había acabado. Observo con gran estupor e indignación que en tu crónica de 22-5-10 titulada ” 16ª de San Isidro en Madrid. Drama, escándalo y éxtasis.”, figura en quinto y último lugar el siguiente comentario : AL CID LE DIMOS LA OREJA COMO FAVOR, POBRE CHICO, PERO ESTA ACABADO. BIEN POR DOMINGO Y BIEN POR DEL MORAL”.
    Aparte que para mí fue de gran mérito la faena del Cid, no acostumbro a jalear las crónicas ni a sus autores. Este miserable suplantador, además, tiene una sintáxis muy pobre. Espero que en un futuro garanticeis la autenticidad de los comentarios.
    Un saludo.

  2. tendidodelsiete dice:

    Ni esto, ni aquello. A ver, en esta Feria de San Isidro si el aficionado ha pecado, en todo caso lo habrá hecho por defecto, es decir, que a partir del tercer toro tendría que haber boicoteado más de la mitad de las corridas y, en cambio, ni siquiera protestar hizo (salvo contadas excepciones). Y en Aranjuez sólo hubo toreros sin toros. Más valdría que sacarán el carretón de entrenar y al menos podrían abaratar las entradas. Total, vendría a ser lo mismo. Lo dicho, ni esto, ni aquéllo. Tal vez Bilbao, puede que Santander y sobre todo, Nimes y Arlés.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: