Bayona (Francia). Destacó Sergio Aguilar en una de las malas de Palha

Sábado 30 de agosto. Plaza de toros de Bayona. Tiempo tormentoso, con lluvia en el último toro. Media entrada Toros portugueses de Palha, de imponente fachada, espectaculares en los caballos pero con más genio que casta y muy complicados para los toreros. Rafael Rubio “RAFAELILLO” (verde y oro): ovación con saludos tras un aviso y ovación con saludos tras un aviso. Diego URDIALES (rioja y oro) : silencio y división de opiniones. Sergio AGUILAR (de corinto y oro) : silencio tras un aviso y ovación con saludos tras minoritaria petición de oreja. Se desmonteró tras parear al primero el banderillero José Mora.

 

A Paul Barrière, fallecido en la última semana de la feria de San Isidro, se le recordó en muchos actos, ya que este fin de semana taurino coíncidía, como siempre, con la entrega de los premios de la Isidrada. A la una de la tarde, el alcalde de Bayona entregó a Moisés Fraile el premio – un makila vasco – a la mejor corrida de la última feria de Madrid. Y por la noche, en el famoso hotel del Palais en Biarritz, se entregó el premio al matador triunfador, Manuel Jesús “El Cid”, de manos del presidente del jurado, el duque de Gor.

 

Paul Barriere se nos fue en San Isidro. Y Charly Forgues falleció poco después de gozar, el pasado sábado 9 de agosto, de una bravísima corrida de Miura, una corrida como las que gustaban a este torista impenitente que logró levantar en los años ochenta el prestigio de la plaza de Bayona y consiguió llevar a un publico fiel y numeroso a los graderíos de Lachepaillet. Las estrellas de las temporadas de los años Forgues eran Miura, Victorino, Guardiola, Juan Luis Fraile, Rocío de la Cámara, con la colaboración de Manolo Chopera, cuando San Sebastián iba todavía huerfana en plaza de toros. Uno de los últimos sueños de Charly era ver lidiar la corrida de su amigo João Palha y, en su memoria, todos los toros salieron al ruedo con la divisa negra. El pasado lunes, cuando iba a embarcar la corrida en la finca portuguesa, el actual empresario, Olivier Baratchart, llevó un ramo de flores que velaba al féretro de Charly y lo dejó en los prados en la Herdade de Adema, dónde pastan los legendarios toros.

Pero la corrida de Palha lidiada en Bayona no pasará a la historia. Fue una corrida imponente, con estampas de toros antiguos, una corrida brutal, con más violencia que bravura, con más genio que casta. Ningún de los seis rompió a bueno. Hubó arrancadas espectaculares hacía los caballos pero no siempre empujaron con buen estilo. Hubó, hay que decirlo todo, un toro, el segundo, de nombre “Asustado”, que no se cansó de empujar al peto y que hizó recorrer más de media vuelta al ruedo al picador durante más de siete minutos. Hasta coleando no había manera de sacar a la fiera del caballo. Nos recordó en este instante otros toros de histórica entrega en el caballo, como el “Guerrerito” del Conde de la Corte lidiado en Bilbao en 1972, o el “Bombito” de Miura corrido en Pamplona en 1999. Fue el momento más emotivo de la tarde.

Bastante hicieron los tres toreros en matar esta corrida y salir de la plaza por su propio pie, ya que los astados toparon más que embistieron a los engaños y derrotaron con tremebunda fiereza.

Rafaelillo anduvó muy ducho en estas batallas y se fajó en dos esfuerzos meritorios. Fue cogido de fea manera por el cuarto pero sin más consecuencias que el susto. Pasaportó a sus dos enemigos de dos estocadas enteras y contrarias y recogió dos fuertes ovaciones.

Diego Urdiales no pudó lucirse con el famoso segundo, que después del interminable puyazo que tomó, llegó desangrando al último tercio. El quinto derribó al primer encuentro y recibió un fuerte castigo en el otro contacto. No se movió más y lo Urdiales intentó sin mucha ilusión.

Lo mejor de la tarde fue el aguante y la quietud pasmosa de Sergio Aguiar. No sé todavía si con el toro bueno logra este torero manejar las telas con temple. Los toros malos de Palha que le tocaron le engancharon varias veces el engaño, y no podemos incriminar al torero en este caso. Pero con el castaño tercero, temperamental en el caballo y luego muy reservón, Aguilar se jugó el tipo sin contemplaciones y consiguió meritorios muletazos por ambos lados. Mató de una estocada pero el toro tardó en caer. Con el gigantesco sexto, más alto que un caballo, abrió la faena de forma espeluznante con un cambio por la espalda en el que fue desarmado. Luego, bajo la lluvia, consiguió varias tandas meritorias y, después de una estocada, hubó una ruidosa, no mayoritaria petición de oreja que el presidente – en este caso, Javier Molero, del club Cocherito de Bilbao – no concedió. Pero la impresión fue buena. Es un torero que mecere mejor trato y buena oportunidad.

 

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