El devenir de la temporada. Y después de San Isidro, ¿qué?

 

Aunque se esperaba desde que se dieron a conocer los carteles, los poquísimos triunfos toreros de la feria tenida por más trascendental del mundo no dejaron de sorprender a la afición siempre pendiente de lo que sucedía en la Plaza de Las Ventas. Una feria dividida en dos por puro interés comercial de la empresa en la que los toros estuvieron por encima de quienes los mataron salvo muy escasas excepciones. Y es que, por mucho que lamentemos el actual estado de la cabaña brava, la situación por la que atraviesan los matadores de toros anda bastante peor pese a las grandes expectativas que habían despertado varios de los aspirantes a ocupar los puestos cimeros de la primera fila.

Dos de los tres matadores que parecía podrían destronar a los incombustibles, Enrique Ponce y El Juli, están llevando a cabo una campaña por debajo de lo que ellos mismos creían. Me refiero a Sebastián Castella y a Miguel Ángel Perera. Ambos habían arrasado respectivamente en las temporadas del 2006 y 2008 pero, por unas razones o por otras, no han logrado sostenerse en los privilegiados lugares que se situaron. Una vez más se ha demostrado que una cosa es llegar y otra mantenerse. De tal modo, a Castella se le escaparon tres excelentes toros en las ferias de Sevilla y de Madrid, mientras Perera, con peor suerte, tampoco fue el imparable matador capaz de triunfar con todo lo que se le pusiera por delante. Lo digo con el mayor de los respetos porque ambos, sobre todo el extremeño, habían conseguido situarse en el nivel más alto pese a los muchos percances y cornadas que sufrieron.   

Por el contrario, uno de los que llegaron a Madrid como irrecuperable, El Cid, se salvó de la quema in-extremis aunque será a partir de ahora cuando podamos comprobar si su éxito madrileño ha supuesto una recuperación definitiva del sitio que tenía perdido desde el pasado año. A esta digamos puntual resurrección de El Cid, hay que añadir otras dos ciertamente sorpresivas, la del madrileño Miguel Abellán y la del francés Juan Butista Jalabert, único matador de toros que logró abrir la Puerta Grande de Las Ventas.

Así las cosas y descontando las ausencias de José Tomás, la de José María Manzanares y la más o menos voluntaria de Enrique Ponce, los grandes supervivientes fueron El Juli que fue quien mejor anduvo con notoria diferencia en Madrid pese a sus fallos con la espada y a la pertinaz aunque inútil enemiga de los sectores integristas de Las Ventas que intentaron reventarle como fuera en sus tres comparecencias;y Morante de la Puebla, protagonista indiscutible del momento artístico más importante de la feria la tarde que compitió en quites con Daniel Luque quien, salvo en tan brillante disputa capotera, tampoco consiguió superar del todo sus anteriores malos pasos por Madrid.     

Y casi todos los demás, a pique. Lo que vuelve a demostrar que la contratación de los toreros del pelotón que engrosaron los carteles isidriles, no tuvo más motivo que el de compensar los altos honorarios de las figuras para que el tinglado del abono continuara siendo rentable. Un despropósito que solo tendrá remedio cuando la Comunidad de Madrid cambie el sistema de concurso por la gestión directa que permita invertir las ganancias que se obtengan en una mayor calidad de los festejos programados.  

Pero como decíamos, en Madrid este año los toros han dado mejores resultados que los obtenidos por los coletudos. Nada menos que 47 reses han dado juego más que suficiente para triunfar por lo grande y, de éstos, solo con cuatro se ha conseguido y no del todo. Destaquemos sobre todo las corridas de El Puerto de San Lorenzo y la de El Cortijillo de los hermanos Lozano que cerró la feria, más varias reses sueltas de Dolores Aguirre, Juan Pedro Domecq, Alcurrucén, Los Bayones, Cuadri, Samuel Flores, Javier Pérez Tabernero, Cuvillo, Victoriano del Río, El Ventorrillo, Pereda, Ibán y La Quinta.

Los encastes que proporcionaron reses más bravas, encastadas y nobles fueron los de procedencia Atanasio y Núñez (Rincón), seguidas por el actualmente dominante de Domecq. Curiosamente, las tres más detestadas por los autoproclamados toristas.

Merece la pena detenerse en el encaste Atanasio por haber sido precisamente este año cuando ha desaparecido la ganadería originaria, actualmente en manos de uno de los herederos del último gran valedor de la histórica ganadería – el inolvidable Gabriel Aguirre – que, desgraciadamente, no ha tenido la afición ni las ganas de luchar que derrocharon su abuelo y su padre a pesar de la sobrada posición que disfruta.

El grueso de la temporada empieza ahora. Porque aunque cada año tenemos la impresión de  que la campaña y hasta la Fiesta misma sucumben bajo los efectos depresivos que producen la casi siempre aburridísima Feria de San Isidro, gracias a Dios solo se trata de un espejismo. La Fiesta no ha muerto ni morirá nunca. Continúa tan pimpante y gozosa aunque no falten algunas decepciones en medio de las alegrías.

Pronto tendremos ocasión de confirmar posiciones y expectativas. Lo más complicado será resolver las sustituciones de José Tomás dado que en sus carteles van por delante toreros sin ninguna fuerza. Ironías del destino que castigan a los abusones. Ahora va a resultar que el fenómeno tomasista es el que está perjudicando al negocio. Por el momento, El Juli será el encargado de remediar el fiasco por la caída del de Galapagar. El joven maestro madrileño va en cabeza como máxima figura indiscutible en la espléndida madurez de su carrera. Ponce se mantiene en el puesto de privilegio que ocupa, por encima del bien y del mal, para desmentir a los que dijeron en Sevilla que tenía que dejarlo cuando quienes tendrían que desaparecer son sus enemigos tras meter la pata hasta el corvejón y hacer el mayor de los ridículos. Morante permanece en la cima del arte con más valor y capacidad que ninguno de sus antecesores del mismo corte. Manzanares ha reaparecido con más sitio si cabe que cuando tuvo que operarse de la lesión cervical que le aquejaba, dando más y mejores pasos adelante que sus dos compañeros en lograr la cima, Castella y Perera. El extremeño y el francés tendrán, pues, que apretarse los machos si no quieren dejar de ser lo que son. Y que nadie olvide al imprescindible  El Fandi que está cada año mejor y más torero. Sobre todos estos va a seguir pivotando lo que queda de campaña que se reanuda de inmediato en las ferias de Alicante, Badajoz, Burgos, Algeciras y Pamplona, que será la cuarta cumbre a escalar. Será después de los Sanfermines cuando volvamos a hacer otro repaso.       

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Cuentacuentos dice:

    Lo de Pamplona, no trasciende. Además este año no van ni Morante ni el Mansana. El Juli, le ha echado dos cojones al asumir el reto de sustituir al Ausente en Madrid el otro día y en Barcelona el 18-J (tenía que ser 18-J…). Eso es tirar del carro. Ahora bien, hay que ver cómo va el carro!! Ni Perera, ni Castella, ni Talavante, ni El Cid. No están ni mucho menos como deberían estar. Y son todos toreros con un fondo increible. Sólo Morante, El Juli y Manzanares cuentan ahora mismo. O los otros cuatro espabilan y se dejan ya de parches o mala temporada se avecina…

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